Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. EP Estrasburgo

Tribunas

Europa debe despertar

Europa sigue siendo "un gigante económico, un enano político y un gusano militar". Y si no toma las riendas de su destino, su tiempo pasará de largo.

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Europa no es hoy una finca nazi o un protectorado soviético gracias a los Estados Unidos de América.

Los Estados Unidos derramaron su sangre en suelo europeo, en dos guerras mundiales, y luego invirtieron incontables esfuerzos materiales y humanos para contener el expansionismo soviético en Europa.

Para los europeos, a lo largo de las décadas, esta ayuda ha terminado tornándose en un regalo envenenado.

Europa se acostumbró a la protección del amigo americano y se volvió perezosa y acomodada. Los Estados Unidos nos protegían y nosotros estábamos deeply concerned.

Si las cosas se ponían feas, vendrían los marines americanos, los B-52 y los F-16 al rescate.

Durante la Guerra Fría, la OTAN se construyó sobre este enfoque. Al decir de Mark Eyskens, ministro de Asuntos Exteriores belga en 1991, Europa se convirtió a través de los años en "un gigante económico, un enano político y un gusano militar".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Florida.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Florida. Reuters

Ya en su primer mandato, Donald Trump advirtió a los ya treintañeros europeos que era hora de salir de casa y de valerse por sí mismos.

Había que independizarse, ponerse a trabajar, esforzarse y, en suma, madurar.

En su segundo mandato, esta política se ha vuelto más hostil.

En una de las últimas reuniones que regularmente celebran los ministros de defensa de la OTAN, Pete Hegseth, como secretario de Defensa de los Estados Unidos, decidió hablar el último, acostumbrado siempre a hablar el primero, y reprimió a los presentes por ello.

Desde Washington se argumenta que Europa debe asumir la responsabilidad de su propia defensa y que el tiempo de depender casi exclusivamente de los Estados Unidos para salvaguardar su seguridad ha terminado.

El mensaje es claro. Es hora de salir del regazo americano.

En el famoso Signalgate, en el que altos cargos de seguridad nacional de Estados Unidos discutieron una operación militar en la aplicación Signal, y, por error, incluyeron al periodista Jeffrey Goldberg (director de The Atlantic), el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, se pronunció libre de ataduras institucionales: "Simplemente, odio volver a sacar a Europa de apuros".

En el cierre de 2025 hemos sido testigos de mensajes aún más claros.

Por un lado, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, que busca promover partidos euroescépticos y "patriotas" en los estados miembros de la Unión Europea.

J.D. Vance, a su llegada al aeropuerto Ben Gurion en Lod (Israel).

J.D. Vance, a su llegada al aeropuerto Ben Gurion en Lod (Israel). Nathan Howard Reuters

Por otro lado, una supuesta filtración, desvelada por el Daily Mail, sobre la estrategia de la Administración Trump, llamada Make Europe Great Again, consistente en promover que Italia, Hungría, Polonia y Austria se distancien de la Unión Europea.

Adicionalmente, también en estos días de finales de año, hemos leído mensajes denigrantes contra la Unión Europea en X de personalidades muy significativas, tanto de Estados Unidos (Elon Musk) como de Rusia (Alexander Duguin, ideólogo del régimen de Putin) que han hecho saltar todas las alarmas.

Alarmas que deberían haber sonado ya en 2016, cuando Reino Unido decidió, en referéndum, marcharse de la UE.

Los enemigos internos del proyecto europeo se están además reproduciendo como setas e intentando romper las costuras de la Unión Europea.

Ante la nefasta política migratoria europea, incapaz de mantener unos Estados de bienestar obsoletos, la derecha identitaria y nacionalista propone la recuperación de la soberanía perdida y la reinstauración de las fronteras.

Ante la falta de expectativas económicas, la izquierda woke, en horas bajas, sigue obsesionada con recuperar la máquina de imprimir dinero y volar por los aires los techos de gasto.

Que el histórico y más importante aliado europeo haya decidido alejarse de Europa y erosionar su proyecto político y económico común, la UE, está dejando noqueados a los líderes europeos.

El historiador Anthony Beevor, experto en las dos guerras mundiales y en la guerra civil española, ha alertado de que estamos en la Europa más vulnerable desde 1939.

Sin embargo, esta ofensiva, lejos de ser una catástrofe inminente, es una gran oportunidad.

Es hora de que Europa despierte y tome las riendas de su propio destino como uno de los actores globales más importantes del planeta.

Kaja Kallas, alta representante de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, ha declarado que "debemos hacer nuestros deberes y reforzar nuestro músculo geopolítico". Emmanuel Macron insiste en que la UE debe conseguir la "independencia estratégica".

Son mensajes importantes, pero aislados, y con poca voluntad de potencia.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Reuters

Y es que una UE unida puede ser un actor temible y clave en el nuevo tablero de las relaciones internacionales (que, indudablemente, está inclinándose hacia Asia-Pacífico).

El PIB de la UE se eleva, aproximadamente, a 18 billones de euros, lo que supone un 15% del PIB global nominal y cerca del 23% del PIB mundial en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), lo que la convierte en la tercera economía del planeta, de igual a igual con Estados Unidos y China.

Su población es de unos 450 millones de personas. Concentra 27 ejércitos, uno de los cuales, el francés, tiene armamento nuclear, y un gasto militar conjunto 2025 aproximado de 381.000 millones de euros.

El informe de rendimiento en ciencia e innovación de la Unión Europea de 2024 detalla que en territorio comunitario se produjeron 650.000 publicaciones científicas indexadas, lo que representa el 18,1% del total mundial (sobre unos 3,3 millones de artículos en Scopus): un equivalente a unos 1.447 artículos por millón de habitantes en la Unión Europea, con una productividad de 311 publicaciones por cada mil investigadores.

Por encima de Estados Unidos y Corea del Sur, pero por debajo del Reino Unido y China.

La esperanza de vida de los europeos supera la esperanza de vida de los estadounidenses y de los chinos.

Son sólo algunos de los indicadores de la desaprovechada capacidad europea.

La UE es, así, un hijo con altas capacidades y avispado que, arropado por los Estados Unidos, ha crecido entre algodones y no se atreve a enfrentarse al mundo real y desplegar su potencial.

Los europeos decidieron unirse progresivamente porque entendieron que unidos podrían acabar con las guerras entre ellos y ser más prósperos. Y lo han conseguido. No sin dificultades.

No obstante, la fragmentación de intereses, la falta de liderazgo, las diferencias culturales, los enemigos internos y externos del proyecto europeo y las distintas situaciones geopolíticas de sus miembros están haciendo naufragar la posibilidad de una Europa unida como un gran poder mundial.

*** Elías Cohen es profesor de relaciones internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria.