John Ratcliffe, Donald Trump y Marco Rubio, mientras observan la operación militar estadounidense en Venezuela.

John Ratcliffe, Donald Trump y Marco Rubio, mientras observan la operación militar estadounidense en Venezuela. Reuters

Tribunas

Trump o muerte

La opción preferida en Estados Unidos pasa por una transición pacífica del poder. Una en la que parte del actual aparato chavista acepte un nuevo orden constitucional.

Publicada

La madrugada del 4 de enero amaneció en Caracas con un silencio extraño, casi antinatural, como si la ciudad hubiese decidido contener la respiración.

No era para menos.

Veinticuatro horas antes, en un discurso coreografiado con la sutileza de un martillo neumático, el presidente estadounidense Donald Trump había dicho que tenía preparada una segunda ola de ataques "mucho mayor que la primera", aunque "ya no sería necesaria".

Una frase que, en el ecosistema político venezolano, resonó como un mensaje directo al estupefacto liderazgo de la tiranía.

Este domingo 4 de enero, Estados Unidos anunció la suspensión temporal de sus operaciones militares a la espera de negociar (o, como señalan algunos observadores, "coaccionar") a la nueva cúpula encabezada por Delcy Rodríguez.

La pausa no puede ser interpretada como un gesto de buena voluntad o una anécdota casual, sino como un reloj de arena político antes del siguiente mazazo.

Donald Trump comparece junto a Marco Rubio.

Donald Trump comparece junto a Marco Rubio. EP

En Washington, la diplomacia parece haberse puesto el uniforme de faena y está acompañada por el mejor aliado histórico de la diplomacia: una gran maza.

Para comprender el futuro inmediato de Venezuela, conviene observar el centro de gravedad del poder chavista, una estructura tripartita que ha sobrevivido a sanciones, crisis económicas, fracturas internas y un sinfín de pronósticos fallidos sobre su inminente colapso.

1. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus colectivos armados, bajo la influencia de Diosdado Cabello, constituyen el músculo territorial del régimen.

Ellos son quienes controlan barrios, carreteras, mercadillos y, en ocasiones, hasta el flujo de harina de maíz y de otros víveres.

2. Las Fuerzas Armadas, dirigidas por Vladimir Padrino López, representan el pilar institucional y coercitivo.

Su lealtad ha sido históricamente decisiva, y su capacidad para inclinar la balanza en momentos críticos como este es bien conocida.

3. El apoyo exterior, gestionado en buena medida por Delcy Rodríguez, quien conecta al país con China, Rusia, Irán y Cuba.

No es un respaldo homogéneo, pero sí suficiente para mantener al régimen en la escena internacional y evitar el aislamiento total.

La nueva correlación de fuerzas sugiere que Delcy Rodríguez podría sostener el poder con el apoyo de Cabello y Padrino.

Sin embargo, si Estados Unidos no logra imponer sus condiciones en las negociaciones actuales, me atrevo a anticipar que la pausa militar será breve.

La reanudación de los ataques tendría como objetivo desmantelar, precisamente, ese centro de gravedad, lo que probablemente exigiría alguna traición. Bien de Delcy a Vladimir Padrino y a Diosdado Cabello, cuyas cabezas tienen sendas recompensas, bien de Vladimir Padrino y Delcy Rodríguez junto a Donald Trump contra Diosdado Cabello.

Si eso no sucede, el centro de gravedad seguirá intacto y el régimen seguirá teniendo una posibilidad de sobrevivir.

Cabe destacar que la fuerza desplegada por Estados Unidos en el Caribe es apta para una campaña de bombardeos y operaciones especiales prolongada de aproximadamente un año de duración. De ahí que tengamos la seguridad de que Washington D.C. está dispuesto a sostener un esfuerzo de presión prolongado e intenso en términos de bombardeos.

Volviendo al asunto del futuro de Venezuela, el quid de la cuestión, como suele ocurrir en la historia venezolana, es el petróleo.

No es ningún secreto que Washington busca asegurar el acceso a los vastos recursos energéticos del país, así como resarcir a las petroleras estadounidenses que fueron expropiadas durante el gobierno de Hugo Chávez.

Zapatero junto a Hugo Chávez en una imagen de archivo.

Zapatero junto a Hugo Chávez en una imagen de archivo. Marta Fernández Europa Press

Pero hacerlo mediante una intervención prolongada sería costoso, impopular y estratégicamente arriesgado.

Por ello, la opción preferida por diversos sectores en Estados Unidos pasa por una transición pacífica del poder. Una en la que parte del actual aparato chavista acepte un nuevo orden constitucional.

No se trata de un idealismo repentino, sino de un cálculo pragmático. Sin la colaboración de actores internos, cualquier intento de reconfigurar el país desde fuera sería tan lento como perforar un pozo con una cucharilla de café.

La transición permitiría neutralizar a Venezuela como potencia hostil sin necesidad de una ocupación prolongada. El objetivo sería estabilizar el país lo suficiente como para garantizar un entorno favorable a los intereses energéticos estadounidenses.

El eventual nuevo orden constitucional otorgaría un papel privilegiado al empresariado estadounidense. Esto podría traducirse en:

1. Posiciones ventajosas en los consejos de administración de las petroleras estatales.

2. Permisos de explotación con carácter monopolístico.

3. Marcos regulatorios diseñados para atraer inversión estadounidense directa bajo condiciones de acceso preferenciales.

Todo ello encajaría con la nueva seguridad nacional auspiciada por Trump y definida en sus propios documentos como "un corolario de Trump a la doctrina Monroe". Una visión que, en mi opinión, se aleja del espíritu original de la doctrina que buscaba proteger la soberanía de las nuevas repúblicas americanas frente al colonialismo europeo.

El célebre "América para los americanos" de Trump adquiere así un matiz más preciso en español: "América para los estadounidenses".

¿Y el futuro?

El futuro de Venezuela se decidirá a partir de la capacidad de la administración Trump para romper el centro de gravedad de la nueva cúpula del régimen, forzándola a aceptar una transición pacífica.

En caso de fracasar esta vía, las opciones son una escalada militar, con la opción de una invasión terrestre sobre la mesa, o una campaña aérea, de inteligencia y de fuerzas especiales limitada, y de resultados y duración incierta.

Pero, evidentemente, el mandatario norteamericano tiene prisa.

*** Yago Rodríguez es analista militar y geopolítico, y director de The Political Room.