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OBITUARIO

José Luis Balbín, un periodista inmortal en un oficio efímero

Estudiantes de Periodismo jovencísimos que no habían nacido cuando estaba activo lloran ahora su marcha.

23 junio, 2022 00:21

Han pasado unos minutos de la noticia de la muerte de José Luis Balbín e internet es ya una colección de fragmentos de La Clave. Esto nos permite enfrentarnos al paso del tiempo en la televisión. Era otra tele. En el mítico programa nacido en la TVE del monopolio no había más presencia que la del presentador y la de sus (muchos) invitados simultáneos.

Quedaban más de cuatro décadas para que las intervenciones pudieran multiplicarse gracias al Skype. Era otra tele, sí, pero ya salía Miguel Ángel Revilla (intervino en la edición dedicada a Cantabria, realizada desde Santander el 9 de noviembre de 1984). Balbín comparece portando montones de papeles impresos. No hay un solo rótulo informativo ni una pantalla partida. Nada de "colas", que es como se llama a las imágenes alusivas a un tema que pueden aparecer en emisión mientras se habla de él, ni pantallones que formen parte del decorado.

Se podía fumar en un plató. Bernard-Henri Lévy se peleaba con Carrillo llevando una especie de fonendoscopio a modo de auriculares para escuchar la traducción y todavía llevaba algún botón de la camisa abrochado. Te invitaban al programa y al día siguiente la gente te miraba por la calle.

No hay que dejarse llevar por el romanticismo: La Clave es un formato que sólo pudo existir en su tiempo. O sea, en un mercado audiovisual dominado por un único operador y un parque de televisores en el que el mando a distancia (total, para dos canales) era una extravagancia.

Muy pocos años después, un debate que invirtiera más de tres horas en hablar sobre subvenciones públicas (26 de abril de 1985) no habría podido tener cabida. La prueba es que, después de todos los sinsabores vividos en la cadena estatal (1976-1985) por cuestiones que siempre rozaban la política, el espacio estuvo lejos de tener una existencia plácida en Antena 3 TV, canal totalmente privado, durante los primeros años noventa.

Balbín junto a Gorvachov en el primer programa de Las Claves.

Balbín junto a Gorvachov en el primer programa de Las Claves.

Balbín demuestra, pues, que hasta algo tan intrínsecamente negativo como una industria audiovisual a años luz en desarrollo respecto a la sociedad a la que sirve, podía tener efectos colaterales positivos.

Así lo certifica una generación agradecida a esos debates en profundidad ilustrados con películas seleccionadas por Carlos Pumares. Pero el periodista, nacido en Pravia (Asturias), el 19 de agosto de 1940, tuvo muchas más facetas. Dice su página web oficial que vino a Madrid con el ánimo de encauzar sus dos pasiones: el cine y el periodismo.

Comenzó Derecho, pero se diplomó en la Escuela Oficial de Periodismo en 1963. Ejerció la profesión en su tierra y en la capital. Escribió los editoriales más aperturistas de Pueblo. Probó la comunicación institucional (para Salvador Sánchez-Terán y Rodolfo Martín Villa), fue corresponsal en Francia y Alemania y efímero director de los informativos de TVE.

Pero su carrera estará siempre ligada a La Clave. El fabuloso servicio de RTVE Play permite disfrutar de muchos de los programas y enfrentarse al paso del tiempo descrito al principio. Repasar ahora los temas que eran objeto de los debates es certificar que no hemos cambiado tanto y que nuestros mayores ya le daban vueltas a muchos de los asuntos que ahora copan la agenda pública.

Balbín también tuvo éxito en la radio. Manuel Martín Ferrand le recoge tras su salida definitiva de TVE. En 1988 se hace cargo de Hora Cero, el informativo nocturno de Antena 3 Radio. Lo presentaría hasta 1993, después de la primera de las dos temporadas en las que la cadena estuvo gestionada por el Grupo PRISA. Posteriormente participó en la etapa más ambiciosa de expansión como proyecto nacional de Radio Voz y fue colaborador en COPE.

En televisión siempre fue a contracorriente. En Antena 3 TV realizó Las claves de, un programa de entrevistas en profundidad a personalidades extranjeras que también sufrió los vaivenes de la programación. Por él pasaron la editora de The Washington Post, Katharine Graham, o Walter Cronkite. Nada de invitados impuestos.

El último Balbín periodísticamente activo intentó dar brío a un formato que ya agonizaba y hoy no existe: el semanario de información general. Primero con el muy efímero Artículo 20 y, durante buena parte de la primera década del siglo XXI una revista de gran ambición y poca vocación de mayorías llamada… La Clave.

Hoy lloran su muerte en Twitter estudiantes de Periodismo jovencísimos que no habían nacido cuando estaba activo. Pasan sus ratos libres repasando Claves gracias a internet. Es lo más parecido a la inmortalidad que puede ofrecer una profesión en la que casi todo es efímero.

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