Jorge Javier Vázquez, presentador de 'Sálvame'.

Jorge Javier Vázquez, presentador de 'Sálvame'.

LA TRIBUNA

No, Jorge Javier Vázquez, Madrid no está al borde del apocalipsis homófobo

Ni los casos de homofobia se multiplican en Madrid al ritmo que solloza Jorge Javier Vázquez, ni la prudencia invita a etiquetar una investigación que sigue en pañales.

8 septiembre, 2021 14:25

Un grupo de ocho, todos ellos encapuchados, atacan a un chico de 20 años en su propio portal. Un domingo. A las cinco de la tarde. En el barrio de Malasaña. En el barrio más hípster, abierto y supuestamente seguro de Madrid. En el barrio donde sólo hay tiendas y bares y restaurantes y gente caminando arriba y abajo, como un yoyó, de Noviciado a Alonso Martínez. A plena luz del día. Ocho chavales, con capuchas, a insultos y armados con navajas. En Madrid. En Malasaña.

Te acorralan en tu casa. Te cortan un labio. Te quitan los pantalones. Te marcan con una palabra: “Maricón”.

Una escena escalofriante que pone el cuerpo en guardia. Especialmente a tus amigos gais, transexuales y lesbianas, que están aterrorizados. Basta con preguntarles para comprobar que hay cada vez más miedo. Es razonable. Basta con preguntar en las comisarías para comprobar que hay cada vez más delitos de odio. Y muy pocos terminan en denuncia.

La noticia llega a las redes y a los periódicos, a los políticos y a Jorge Javier Vázquez, y entonces se pierde el norte. Se dice cualquier cosa. Mientras la policía intenta comprender la verdad última del caso, se abre la veda de la especulación (¿acaso se sabe a estas horas qué clase de odio motivó la agresión?).

Nadie se detiene un segundo a plantearse si está justificado el pánico generalizado a que grupos que "salen de caza" vayan a por ti y te ataquen por no ser heterosexual

Y entonces el terror y la alerta roja tienen más sentido que nunca. Y, simplemente, "estamos rodeados". Y las preguntas resultan amenazantes, no cumplen con los códigos de la empatía. Y nadie se detiene primero un segundo y luego otro a plantearse si está justificado el pánico generalizado a que grupos organizados o no, grupos que "salen de caza", vayan a por ti y te acosen, insulten y ataquen por no ser heterosexual. A cualquier hora del día. En cualquier rincón de España.

Si uno pone la oreja de pasada, Jorge Javier Vázquez hizo lo mismo que nuestros amigos gais, trans y lesbianas. Dijo que, efectivamente, tiene miedo. Que no hay sensación de libertad, y tampoco de seguridad. Que uno ya no puede caminar de aquí para allá a cualquier hora, donde quiera. Ni siquiera en Madrid. ¡Ni siquiera en Malasaña!

Pero no dijo simplemente eso. Dijo que Madrid no es tan segura como 25 años atrás. ¿Con pesetas se vivía mejor? Dijo que Madrid era una ciudad donde se podía "dar rienda suelta a los sentimientos". Y ahora, ya se ve, es una acción de riesgo. Insinuó que Madrid está al borde del precipicio: "La semilla está sembrada, esto no va a parar, será cada vez peor, estamos en un momento crítico". Dijo que se maltrata a mujeres y se maltrata a homosexuales, pero jamás a heterosexuales por la única razón de serlo. Y apuntó con el dedo a la política institucional. Pero en una sola dirección. 

Jorge Javier Vázquez, en fin, aprovechó la agresión a un chico gay de 20 años (y la tarde del espectáculo) para hacerse con la bandera del movimiento LGTBI, y regresar (una vez más) a la campaña política. A toda costa y a costa de cualquiera.

¿No será que Jorge Javier Vázquez, que sostuvo que la democracia estaba en juego si ganaba el centroderecha en Madrid, sigue a las bravas en su propia campaña, a costa de un delito abominable, igual que hizo en otras ocasiones?

¿Acaso importa que el caso siga en pañales, menos de tres días después? ¿Acaso importa que la policía siga recabando pruebas y trabajando a destajo, sin siquiera capacidad para afirmar que sea un delito de odio?

No.

Jorge Javier Vázquez insinuó que hay partidos y partidos, y que no todos desaprueban la agresión homófoba y a navaja de un chaval de 20 años en Madrid. El mismo hombre que hizo campaña contra la candidata Isabel Díaz Ayuso meses después de hacerla a favor de Pedro Sánchez e Irene Montero. ¿No será que Jorge Javier Vázquez, que sostuvo que la democracia estaba en juego si ganaba el centroderecha en Madrid, sigue a las bravas en su propia campaña, a costa de un delito abominable, igual que hizo en otras ocasiones?

Sí, es cierto. Los delitos de odio han aumentado. Hay que concienciar en las comisarías y en las calles, y hay que explicar que cada delito de odio merece una denuncia. No es sólo la única manera de hacer justicia, sino también la única manera de demostrar la realidad con cifras. Pero hablamos de Madrid, vaya. No de Kabul. No estamos al borde del colapso. Los casos no se multiplican al ritmo que marca Jorge Javier Vázquez. No estamos al borde del apocalipsis zombi de la homofobia.

Y, desde luego, las víctimas merecen algo más. No ayudan a acabar con la homofobia ni la memoria selectiva (ni pío ante la agresión a un homosexual de Vox en Toledo), ni el espectáculo de la desgracia que espolea su programa. Al que tampoco parece importar en exceso si el lanzamiento a la piscina termina en chapuzón o en descalabro.

*** Jorge Raya es periodista.

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