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LA TRIBUNA

Cuando ETA casi disuelve Alianza Popular vasca en 1979

El autor repasa los asesinatos, hace ahora 40 años, de Modesto Carriegas Pérez y Luis María Uriarte Alzaa, y las dificultades del centroderecha constitucionalista para sobreponerse a los zarpazos del terrorismo en el País Vasco.

En el mes de septiembre de 1979, la rama militar de ETA estuvo a punto de conseguir con Alianza Popular lo mismo que los polimilis justo un año más tarde con la Unión de Centro Democrático del País Vasco. El 13 de septiembre, dos pistoleros asesinaron en el portal de su casa en Baracaldo (Vizcaya) a Modesto Carriegas Pérez. Hombre de dotes comerciales excepcionales, era director de una sucursal bancaria en la localidad fabril, donde ocho meses antes había sido indeseado protagonista de un rocambolesco episodio de atraco y secuestro que tuvo cierta relevancia mediática cuando se conoció su condición de candidato por Vizcaya con Unión Foral del País Vasco (UFPV), en las elecciones generales de 1979.

Antonio Merino y Jesús Pérez Bilbao, principales dirigentes vizcaínos de Alianza Popular, recurrieron a Carriegas, que no estaba afiliado a AP, para que fuera detrás del empresario Luis Olarra en la candidatura de la marca vasca de la Coalición Democrática de Manuel Fraga, Alfonso Osorio y José María de Areilza, nacida del Pacto de Aravaca entre los tres.

El partido del arbolito naufragó en las urnas perdiendo el único diputado vasco conseguido en 1977 por Alianza Popular en Vizcaya. El fracaso hay que contextualizarlo en la fortaleza electoral de UCD, en la desafección de los propios afiliados de Alianza Popular vasca hacia un proyecto electoral que no contaba con ellos en puestos de cabeza y la confusión de nombres con la coalición ultraderechista Unión Nacional liderada por Blas Piñar, que llegó a superar a UFPV en veintidós localidades vascas con raigambre carlista.

Tras la no campaña o campaña electoral fallida y los desastrosos resultados, Modesto Carriegas volvió a su vida cotidiana, pero los terroristas tomaron nota de su compromiso político. Diez días después de su asesinato, en las páginas de opinión del diario El Correo, su esposa María Mercedes Robledo Amantegui publicaba una carta en la que respondía a las acusaciones de los criminales y terminaba con un contundente “yo, os perdono”. Los hinchas de los asesinos se sintieron muy molestos porque una víctima suya les perdonaba y les respondía, y decidieron amenazar a la viuda e hijos de Carriegas. Su decisión fue seguir, hasta el año siguiente, en el mismo piso que les cedía la entidad bancaria para la que trabajó Modesto Carriegas. Después se marcharon a vivir a Bilbao.

Murió llevándose a la tumba el nombre de sus verdugos, quizá para evitar que su familia corriese su misma suerte

Dieciséis días después del atentado mortal contra Modesto Carriegas, los milis herían gravemente en Lemona a Luis María Uriarte Alzaa, exalcalde de Bedia y excorporativo en la Diputación de Vizcaya. En enero de 1977 se había opuesto a la legalización de la ikurriña como bandera vasca oficiosa, aunque no se oponía a la misma como símbolo nacionalista. Uriarte, vascoparlante, había sido fundador de AP en Vizcaya y procedía de ese carlismo, presente durante muchos años en las comarcas de Arratia y el Duranguesado -al que estaban vinculados los padres o abuelos de algunos etarras- que no aceptaba la ikurriña como símbolo del pueblo vasco.

Amenazado por ETA y su entorno desde el minuto uno tras su dimisión como alcalde y diputado provincial, tuvo que ser protegido por la Guardia Civil y marcharse durante año y medio a casa de unos amigos en Navarra, dispuestos a protegerle. Sabía que iban a por él porque ya había enterrado a dos compañeros suyos en la diputación vizcaína asesinados por ETA: el alcalde de Galdácano, Víctor Legórburu, y el presidente de la diputación, Augusto Unceta-Barrenechea.

Los chivatos de su pueblo, militantes de Herri Batasuna siempre de guardia en sus funciones delatoras, aprovecharon una de sus discretas visitas a la familia para pasar la información a los matarifes de ETA. Murió seis días después del atentado llevándose a la tumba el secreto del nombre de sus verdugos, a los que reconoció, quizá para evitar que su familia corriese la misma suerte que él. Ese mismo 5 de octubre fallecía en un hospital de la localidad vasco-francesa de Bayona el etarra Justo Elizarán Sarasola, ametrallado por terroristas de extrema derecha, el mismo día en que la banda a la que pertenecía Elizarán asesinaba a Modesto Carriegas.

Los hijos de Carriegas y Uriarte decidieron defender la memoria de sus padres desde el Partido Popular o desde asociaciones de víctimas del terrorismo, sin rencores ni venganzas. Los hijos de Elizarán decidieron seguir los pasos de su progenitor. El 16 de marzo de 2001, en declaraciones al suplemento Il Venerdi, del diario La Repubblica, el dirigente de Haika (auténtica cantera de etarras) Ugaitz Elizarán afirmaba que los concejales del PP y PSOE eran “objetivos legítimos a eliminar” por ETA. Cada uno lo que veía y escuchaba en su casa.

Los asesinatos de Carriegas y Uriarte tuvieron un impacto fatal en el ánimo de las mermadas filas de la AP vasca

Los asesinatos de Modesto Carriegas y Luis Uriarte tuvieron un impacto fatal en el ánimo de las cada vez más mermadas filas de Alianza Popular vasca. La formación conservadora solo había conseguido presentar tres listas en Álava con la marca de Unión Foral en las elecciones locales de 1979, un mes más tarde de las generales, consiguiendo concejales en Ayala, Laguardia y Ribera Alta. Esos tres ediles eran su única representación. A eso había que sumar una crisis de identidad tras su división interna por la postura del partido ante la Constitución, y el debate por el Estatuto de Guernica.

En el País Vasco estaban por la abstención, incluso había defensores del . Se impuso el no liderado por José María Ruiz-Gallardón en Madrid. El jurista madrileño buscó razones emocionales como la unidad nacional o el ambiente antiespañol que se vivía en el País Vasco para justificar su negativa a una realidad, el Estado autonómico, ante la que Alianza Popular tendría que cambiar completamente de enfoque, tras su victoria en las primeras elecciones al Parlamento de Galicia en 1981.

De fondo estaba la polémica de Ruiz-Gallardón con el líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar en las páginas de opinión del diario ultraderechista El Imparcial. La elección como diputado de Piñar en 1979 inquietaba mucho en las filas de AP, que temían ser engullidos por la extrema derecha rampante del barrio de Salamanca contra el muro infranqueable de UCD. El miedo, tan presente en la sociedad vasca durante décadas, hacía el resto. Tras los asesinatos de Modesto Carriegas y Luis María Uriarte se planteó la disolución en tierra vasca de la formación conservadora.

El partido sobrevivió gracias a su organización vizcaína. Salieron adelante gracias a dirigentes como Antonio Merino, con el que el PP siempre tendrá una deuda impagable, Jesús Pérez Bilbao, y un grupo de mujeres que representaron la continuidad y atrajeron a jóvenes que representaban el futuro.

Cuando se planteó la disolución de AP en tierra vasca decidieron aguantar y presentarse a las primeras elecciones al Parlamento vasco en 1980, a pesar de su no al Estatuto de Guernica. Consiguieron dos parlamentarios e iniciaron un camino inexorable hacia posiciones más centradas. Gracias a ello, y tras la disolución de UCD, se convirtieron en el partido de referencia del centro-derecha constitucionalista en el País Vasco. Esto hizo posible el nacimiento del Partido Popular vasco una década más tarde.

*** Gorka Angulo Altube, periodista, es autor de 'La persecución de ETA a la derecha vasca' (Almuzara, 2018).

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