Escena final de Blade Runner.

Escena final de Blade Runner.

LA LISTA DEL SÉPTIMO DÍA

Los 40 mejores finales de la historia del cine (y la TV)

Hoy se estrena el capítulo final de la serie Juego de Tronos con el reto de estar a la altura de los mejores finales de la historia del cine y la TV. 

40. El sexto sentido (M. Night Shyamalan, 2000)

El problema de los finales sorpresa es que se agotan tras su primer visionado. O, mejor dicho, tras el segundo. Que es cuando ves de nuevo la película y comprendes por fin todos esos detalles que habían hecho sonar campanas de alarma en tu cabeza sin saber muy bien el porqué. Esto se puede hacer bien o mal y M. Night Shyamalan en El sexto sentido lo hace con maestría porque es uno de los mejores pastoreadores de audiencias del cine moderno. 

39. The Lords of Salem (Rob Zombie, 2013)

Surrealista, demente y grotesco como sólo podía serlo el nacimiento del anticristo a los sones del All Tomorrow's Parties de la Velvet Underground. 

38. El club de la lucha (David Fincher, 1999)

¿El final más nihilista de la historia del cine? El final más nihilista de la historia del cine. 

37. The Descent (Neil Marshall, 2005)

Y justo cuando pensabas que todo iba a acabar bien. Pues te jodes.

36. En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981)

¿Quién no recuerda ese épico plano final de un inmenso almacén en el que descansan enterradas quién sabe cuántas reliquias y, entre ellas, la que prueba la existencia del dios vengativo y cruel del judaísmo? 

35. Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004)

Qué película más triste y más bonita al mismo tiempo.  

34. Infiltrados (Martin Scorsese, 2006)

Siempre se puede confiar en un macarra como Mark Wahlberg.

33. Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975)

Uno de los finales más agridulces de la historia del cine. Incluso sometidos al más férreo de los sistemas totalitarios es posible el ejercicio de la libertad. Aunque sea a costa de la muerte. 

32. Martyrs (Pascal Laugier, 2008)

La película más difícil de ver del cine de terror moderno cuenta con un final lo suficientemente ambiguo como para añadir, si cabe, una cucharada más de horror a lo insoportablemente atroz. ¿Qué hay después de la muerte para que la líder de una secta capaz de las mayores monstruosidades prefiera el suicidio a compartir su conocimiento con sus acólitos? ¿Un infierno aún mayor que el creado por ellos? ¿La nada más nihilista? O la más horrenda de las posibilidades: el paraíso incluso para los peores de los seres humanos.

31. Chinatown (Roman Polanski, 1974)

"Olvídalo, Jake, es Chinatown". No existen finales felices en el cine negro, pero pocos han llegado a las cotas de desesperanza del de Chinatown

30. A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001)

Una obra maestra por su habilidad para caminar sobre el filo de lo emotivo sin caer jamás del lado de lo sensiblero. Obviamente, el final de A dos metros bajo tierra está pensado para que broten orinocos de tus ojos. Y lo consigue. 

29. Brazil (Terry Gilliam, 1985)

Otro final amargo por el que el director tuvo que luchar con una productora que quería algo mucho menos deprimente, más feliz, más idiota. Pero… ¿cómo va a tener un final feliz Brazil? Sería una traición a su esencia. Aunque, en cierta manera, ese final es el más feliz posible para una historia como la de Brazil.

28. Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963)

Me gustan las películas que dejan la respuesta al porqué en el aire. De eso vivimos los periodistas que escribimos sobre cine. 

27. Shutter Island (Martin Scorsese, 2010)

Yo también escogería una locura en la que vivir como un hombre bueno antes que una cordura en la que lidiar con recuerdos insoportables. 

26. La La Land (Damien Chazelle, 2016)

Mis respetos para alguien capaz de coronar un musical, el genero cinematográfico buenrollista por excelencia, con la más cruda de las moralejas. Ya expuesta, por cierto, en la anterior película de Chazelle, Whiplash. Es decir, la de la incompatibilidad absoluta de los dos grandes objetivos vitales de todo ser humano: la felicidad sentimental y el éxito profesional.

25. El planeta de los simios (Franklin Schaffner, 1968)

Un final magistral al que sólo cabe reprocharle haber dado a luz varias generaciones de directores del montón obsesionados con ese sorprendente giro final de guion que redima unas películas, por otro lado, bastante lamentables. Pero no hagamos al padre responsable de los errores de sus hijos. 

24. Arrástrame al infierno (Sam Raimi, 2009)

El sueño húmedo de todos los que odiamos los finales felices. Además, lo avisan en el título. ¿Qué esperabais? 

23. Battlestar Galactica (Glen A.Larson, 2004)

O todo lo que quiso ser el final de Lost –definitivo pero circular, optimista pero agorero– y jamás consiguió. 

22. Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)

La duda está ahí. ¿Es un final romántico o un final atroz? Probablemente, ambos. Y ahí radica su encanto. 

21. Perdida (David Fincher, 2014)

Qué final más hijoputa, señores. Pero qué hijoputa. Cualquiera se casa después de esto. 

20. Los idiotas (Lars von Trier, 1998)

Lars Von Trier pretendió con Los Idiotas responder a la pregunta de qué ocurriría si alguien, un verdadero creyente en el poder de la rebelión, llevará hasta sus últimas consecuencias su desafío a las convenciones sociales burguesas. Más allá, por supuesto, de las grotescas y en el fondo inofensivas escenificaciones de desobediencia de los más aburridos de entre los burgueses aburridos. La sonrisa final de la protagonista, tras el guantazo de su marido, lo dice todo. Pero hay que estar dispuesto a perderlo todo. 

19. United 93 (Paul Greengrass, 2006)

Hay que reconocerle a Greengrass el mérito de haber rodado la historia del vuelo 93 de United Airlines, uno de los cuatro secuestrados por terroristas islamistas el 11 de septiembre de 2001, sin que el espectador pierda en ningún momento la esperanza de un final feliz. Es la magia del cine o, siendo realistas, las mentiras que nos cuenta nuestro instinto de supervivencia. 

18. Oldboy (Chan-Wook Park, 2005)

Ni Shakespeare logró imaginar algo tan retorcido, tan cruel y tan salvaje como el final de Oldboy. Mis respetos para aquellos que deben lidiar en la vida real con la mente tortuosa de Chan-Wook Park. 

17. Olvídate de mí (Michel Gondry, 2004)

No se puede escapar del amor de tu vida. Es decir, del destino. El final más romántico de la historia del cine. Y punto pelota. 

16. Las diabólicas (Henri-Georges Clouzot, 1955)

Como decía una amiga: una mosquita muerta no es más que una cucaracha viva. No es que la víctima sea un ejemplo como ser humano. Pero cuídense en cualquier caso de ellas, amigos. 

15. La misión (Roland Joffé, 1986)

Ese violín rescatado de la destrucción por un pequeño indígena encierra todo el mensaje de la película: la verdad y la belleza sobreviven siempre a los horrores de la vida terrenal. 

14. Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995)

"El mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía". Ah, señores, qué gran final. Tramposo. Pero qué gran final. 

13. La bruja de Blair (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999)

Súbito, contundente y terrorífico. Como deberían serlo todos los finales de películas de terror. 

12. La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)

El reverso amargo de Alguien voló sobre el nido del cuco. Las tendencias innatas del ser humano siempre prevalecen sobre cualquier intento de socialización… aunque esta no sea, precisamente, la mejor de las noticias en según qué casos. 

11. Se7en (David Fincher, 1995)

No me gustan los finales con sorpresa porque me parecen un recurso barato que le confieren más importancia a la traca final que al viaje en sí. Y es que si una película pierde todo su atractivo tras saber quién es el asesino, o cuál era el plan maestro, es que la película no es ya demasiado atractiva de salida. Coincido, en fin, con Enrique García-Máiquez en este inteligente –y muy sutil– artículo. Pero todo en esta vida es susceptible de hacerse bien o mal, y Se7en está muy bien hecha. Se merece un puesto en esta lista. 

10. Blade Runner 2049 (Dennis Villeneuve, 2017)

Dennis Villeneuve tenía dos retos con Blade Runner 2049. No desmerecer al Blade Runner original y dar con un final capaz de responder, de nuevo, a la pregunta de qué nos hace humanos. Superó ambos con nota. 

9. No es país para viejos (Ethan y Joel Cohen, 2007)

Mucha gente dice odiar el final de No es país para viejos porque este no se ajusta a las expectativas de conclusión que todos esperamos de una película en la que existe un símbolo tan claro del mal como el de Chigurh, el personaje interpretado por Javier Bardem. Pero el final de No es país para viejos sí es concluyente. Otra cosa es que este sea sólo comprensible para esos viejos a los que alude el título. 

8. Los Soprano (David Chase, 1999)

Una obra maestra absoluta que fue capaz de romper todas las convenciones cinematográficas existentes hasta ese momento. Curiosamente, y aunque la interpretación estaba meridianamente clara para cualquier espectador atento a las claves desperdigadas por la serie, el final de Los Soprano provocó un debate encarnizado en los medios y las redes sociales. La clave, por supuesto, estaba en esos segundos de pantalla en negro hasta la aparición de los créditos finales. Pero por si acaso aún queda alguien con la duda en el cuerpo: sí, Tony Soprano es asesinado. 

7. Mad Men (Matthew Weiner, 2007)

El final más cínico de todos los de esta lista, protagonizado por el antihéroe más talentoso, despreciable y encantador de la historia de la TV.

6. Mother! (Darren Aronofsky, 2017)

El apocalipsis provocado por un dios egoísta, narcisista e imperfecto que crea una y otra vez a una humanidad fallida porque la alternativa –dar a luz a un ser humano perfecto, definitivo, bondadoso y eterno– le impediría hacer aquello que da sentido a su existencia: el mero acto de la creación. Un final inmenso y con docenas de resonancias y recovecos. La Cábala. La Biblia. La idea de la naturaleza como una diosa femenina bondadosa en oposición a un dios masculino cruel. La dualidad del bien y del mal y la complementariedad de ambos. La imposibilidad de diferenciar a dios del demonio, o la paradoja del mal como creación consciente de dios. El artista como un dios creador. Dios visto como un artista. El bloqueo creativo. La idea de un demiurgo imperfecto creado por una deidad superior e invisible. 

5. La niebla (Frank Darabont, 2007)

Dios castiga a los que pierden la esperanza. Y si este no es el final más cabronazo de esta lista, poco le falta.

4. El padrino (Francis Ford Coppola, 1972)

Esa puerta que se cierra tras la más colosal de las mentiras y con la música de Nino Rota. Coppola nunca hizo nada mejor.  

3. Manhattan (Woody Allen, 1979)

"No todo el mundo se corrompe. Has de tener un poco de fe en las personas". Uno de los mejores finales de la historia del cine para la película con el mejor inicio de la historia del cine. Parece justo. 

2. La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968)

–¿Qué le habéis hecho a sus ojos?

–Tiene los ojos de su padre.

1. Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Estoy hablando del final del director, por supuesto, no del final de la versión comercial estrenada en salas. El verdadero es ese en el que Deckard y Rachel suben al ascensor después de que el primero descubra que él también es un replicante, sin añadidos finales felices. Pero es que esa escena llega después de otra en la que Rutger Hauer improvisa uno de los monólogos más memorables de la historia del cine. "Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir". Insuperable. 

Y el peor de todos ellos: Lost (J.J.Abrams, Damon Lindelof, 2004)

La página web IMDB, la más exhaustiva del mundo, contiene fichas sobre más de 500.000 películas de cine, 165.000 series de TV, casi 700.000 cortometrajes, 126.000 películas de TV y 230.000 películas rodadas directamente para vídeo, lo que arroja un total aproximado de 1.721.000 producciones a lo largo de los últimos ciento cuarenta años de historia del cine y la TV. Seamos generosos y redondeemos la cifra a 2.000.000 de producciones. Pues bien. El final de Lost es, de largo, el peor de todos esos 2.000.000 de finales. No le neguemos el mérito. Esta afirmación no admite discusión y es lo más parecido a una ley física que existe en el terreno del cine y la TV: de la misma manera que nada puede superar la velocidad de la luz, ningún final, por pésimo que sea, superará en estupidez al de la serie creada por Abrams y Lindelof. Eso ya lo tiene ganado Juego de tronos, sea cual sea su final. 

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