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. Efe

LA TRIBUNA

Las encuestas, las elecciones y el Gobierno

El autor analiza las posibles combinaciones parlamentarias que podrían darse tras el 28-A, sin descartar una 'gran coalición' entre PSOE, PP y Cs.

Los españoles llevamos un largo período de inestabilidad política cuyas causas se pueden discutir, pero cuyos efectos son evidentes: hundimiento electoral del PSOE y del PP, intento de forzar la independencia de Cataluña con un referéndum ilegal, primera moción de censura con éxito que supuso la destitución de Rajoy y la investidura de Sánchez, tres legislaturas en menos de tres años y medio, incertidumbre electoral, etc.

Por si fuera poco, en esta primavera se celebrarán dos elecciones generales (primero legislativas, luego municipales y europeas) en un período de tiempo tan corto que seguramente no habrá tiempo entre las dos fechas para formar gobierno, lo que hará que nos enfrentemos a una suerte de segunda vuelta electoral cuyos efectos, nada menores, nunca hemos experimentado.

Ante una situación tan incierta menudean, como es lógico, las encuestas, pero cualquier persona mínimamente avisada tendrá que caer en la cuenta de que el nivel de incertidumbre es muy alto, y que nos espera una larga y disputada campaña cuyo resultado final es posible que se defina muy en el último momento.

De todas maneras, sería conveniente caer en la cuenta de dos factores excepcionalmente importantes: el primero, que la diferencia esencial entre una encuesta y una votación consiste en que en una encuesta se emiten opiniones, y en una elección se toman decisiones. Las votaciones pueden sorprendernos, porque en la opinión sin consecuencias se puede fantasear con cierta ligereza, mientras que, cuando se trata de decidir, es probable que se valoren otros elementos

No hay mayorías claras: es obligado considerar las combinaciones parlamentarias que resultan verosímiles

El segundo hecho a tener en cuenta es todavía más importante porque se refiere a lo que sí elegimos, a las consecuencias efectivas del voto. Los sondeos, en general, vaticinan que, como tiende a pasar, las elecciones las ganará quien las convoca, pero ya deberíamos saber que esa expresión, ganar las elecciones, está bien para la propaganda, pero oculta un equívoco, porque, salvo que el resultado de las urnas sea muy apabullante, su consecuencia más decisiva, ganar el gobierno, no depende directamente de los votos populares, sino que es algo que deciden los parlamentos.

Lo que realmente hacemos al votar, es elegir entre unas listas de partidos para formar el Congreso que, a su vez, mediante un trámite formal muy sofisticado, escogerá un candidato a presidente del gobierno, si resulta posible por existir mayorías políticas claras o alianzas parlamentarias con suficiente número de votos en el Congreso. 

En esta ocasión, es muy probable que ningún partido vaya a obtener por sí solo el número suficiente de diputados, que debiera ser de 176 o acercarse mucho a esa cifra. Siendo esto así, es obligado considerar las combinaciones parlamentarias que resultan verosímiles, porque lo razonable es que el elector tenga en cuenta las posibles coaliciones a la hora de emitir su voto. Sin ánimo de establecer las probabilidades respectivas, parece claro que, a día de hoy, resultan viables las siguientes: 

1. Que se repita la composición parlamentaria actual, con ligeras variantes, lo que afectaría a la distribución de los escaños dentro de cada sector político, pero sin que se altere el equilibrio vigente, lo que llevaría, sin duda, a tener que repetir elecciones en un plazo muy corto.

La hipótesis más presente en la opinión es que Sánchez vuelve a ganar y pacta con sus apoyos actuales

2. Que Sánchez obtenga un grupo parlamentario bastante más nutrido que le permitiese obtener una mayoría sin el agobio con el que ha tenido que moverse en estos meses. La gran pregunta es si Sánchez se inclinará en tal caso a volver a pactar con sus apoyos actuales, pero con una fuerza algo mayor -que es la hipótesis que ahora mismo está más presente en la opinión- o buscará otro tipo de alianzas, en el caso de que fueren posibles, que está por ver.

3. Mayoría a la andaluza, que podría llevar al gobierno a Casado, lo más probable, o a Rivera, menos probable, dependiendo de la diferencia de escaños obtenidos por sus respectivos grupos parlamentarios. 

4. Que PSOE y Ciudadanos sumasen más de 170 escaños y que llegasen al acuerdo de investir a Sánchez con el compromiso de hacer una política de consolidación constitucional y de nítida oposición a las pretensiones secesionistas de los grupos catalanes. Es la hipótesis del “pacto del abrazo” que, ahora mismo, niega Ciudadanos, pero que tendrían que volver a valorar si se dieren las condiciones.

5. Que el PSOE no sea capaz de formar ni una mayoría a lo Frankenstein, como la actual, según la denominación de Rubalcaba, ni con Ciudadanos, pero que sí exista una mayoría muy amplia de escaños para la suma del PSOE, Ciudadanos y PP. Se vería, en tal caso como casi inevitable la formación de una gran coalición (la fórmula tantas veces empleada en Alemania) entre los tres partidos que debieran proponerse la renovación y consolidación del pacto constitucional del 78 y las reformas necesarias para que quede clarísimo que no existe posibilidad de declarar la independencia de ninguna región en contra de la soberanía del conjunto de los españoles.

A medida que avance la campaña, muchos electores tendrán que plantearse el sentido de su voto 

Una fórmula de este tipo exigiría una gran capacidad de sacrificio y de grandeza de miras a los tres líderes, pero los tres tendrían que tener en cuenta que, si una posibilidad cierta de pacto fracasase por egoísmos personales o de partido, tal actitud se vería muy castigada por el electorado, que no desea nada distinto a estabilidad social, progreso económico y el mínimo posible de tensiones territoriales.

¿Quién sería el presidente con esa coalición? Caben varias soluciones, incluso la de investir a una persona no presente en la Cámara, pero parece claro que esa fórmula bastante excepcional debiera arbitrarse para un período de tiempo previamente acordado y con el compromiso de hacer las reformas legales y constitucionales que se considerasen necesarias para evitar situaciones como las que ahora padecemos.  Es seguro que ninguno de los líderes se morirá de gusto pensando en ese escenario, pero, de producirse, sería inevitable que lo asumiesen con responsabilidad y patriotismo.

¿Caben otras fórmulas? Pues, en teoría, sí, pero lo más probable, vistas las tendencias de fondo del electorado, y lo que indican las encuestas, es que los dados acaben cayendo de una de esas maneras, que son excluyentes, aunque es posible que se den fórmulas no tan nítidas con el mismo esquema.

A medida que avance la campaña, muchos electores tendrán que plantearse el sentido de su voto sin olvidar sus preferencias, pero pensando que, cuando se viaja, se puede ir hacia el norte o hacia el sur, al este o al oeste, pero no a ningún otro sitio. Una consideración que se adaptará bastante bien a la tendencia binaria del voto, al hecho de que tanto como a favor, se vota en contra.

*** José Luis González Quirós es filósofo y analista político.

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