La magistrada María Tardón.

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La tribuna

María Tardón, Soledad Cazorla: consenso en el CGPJ

La autora pone en valor la trayectoria de la magistrada María Tardón por su lucha a favor de la igualdad. Tardón ha recibido este miércoles el premio Soledad Cazorla del Observatorio contra la Violencia de Género del CGPJ.

Este miércoles se ha celebrado la ceremonia de entrega de la decimocuarta edición de los Premios de Reconocimiento a la labor más destacada en la erradicación de la Violencia de Género en 2018. El Observatorio contra la Violencia de Género del CGPJ, bajo la atenta mirada de su Presidenta Ángeles Carmona, reconocía el trabajo de la periodista Carme Chaparro, de la Subcomisión del Congreso y del Senado para el Pacto de Estado en materia de Violencia de Género y de la magistrada María Tardón Olmos.

Sin pretenderlo, la primera fila del auditorio era paritaria. La Presidenta del Congreso y el Presidente del Senado; la Vicepresidenta del Gobierno y el Ministro de Interior; el Presidente del Tribunal Supremo y la Fiscal General del Estado: Pastor, García-Escudero, Calvo, Grande-Marlaska, Lesmes y Segarra. 

Ha sido especialmente emocionante el momento en que se han reunido en el escenario todas las senadoras y diputadas de la Subcomisión, representadas en los discursos por una mujer premiada hace años con este galardón, Susana Camarero (PP), y por Pilar Cancela (PSOE). El reconocimiento al trabajo de las Cámaras, en busca del consenso para el Pacto de Estado, que renueva, en 2018, la unanimidad en el acuerdo de voluntades que ya se alcanzó, en 2004, con la aprobación de la Ley de Medidas Urgentes contra la Violencia de Género.

Carmen Calvo, en su intervención, ha resaltado que, en pos de la erradicación de esta lacra violenta, las distintas fuerzas políticas “han aparcado sus diferencias ideológicas legítimas” y ha celebrado, igualmente, la reunión “solemne” de los tres poderes del Estado en la sede del CGPJ, en torno a su común compromiso y a la idea de que “el machismo es incompatible con la democracia”

Ana Pastor se ha sumado a la felicitación a las premiadas y a los poderes del Estado por tan importante labor, llamando la atención sobre la necesidad de trabajar para seguir dando pasos para que las mujeres no sean “súbditas de los hombres”.

Hasta aquí, la parte objetiva. Ahora pongo el corazón. Acudí como invitada de mi amiga, de mi querida amiga María Tardón. He recorrido la geografía española con ella, hablando de igualdad. Las dos defendemos la misma acepción: la igualdad de derechos y oportunidades. Ese valor que, cuando no existe o se pervierte, tiene tremendas expresiones como la violencia de género.

Siempre presumo de la importancia que, para mí, tiene la amistad. La amistad con mayúsculas. Y, pocas veces en la vida, me encontraré con la emoción de que una amiga reciba el galardón que le debe el nombre a otra amiga: mi querida Soledad Cazorla

Hoy, ambas, me han dado una nueva lección. Una, desde su presencia –frente al atril y ante el micro, en su casa, la casa de la judicatura, con la mano en el pecho y tragando saliva para contener las lágrimas-. La otra, desde su recuerdo, que reina sobre quienes tuvimos el privilegio de tenerla cerca –recuerdo su desesperación por poder fumar un cigarrillo en nuestras noches de Radio Nacional y su empeño constante por sacar adelante el proyecto, que su amante marido, Joaquín Tagar, defiende como legado-.

Ambas, grandes profesionales, testarudas, estudiosas, coherentes, fuertes, comprometidas, trabajadoras hasta la extenuación, defensoras del Estado de Derecho, políticas, vehementes, ecuánimes. Todo eso les hacía respetarse. Mucho en común. No se puede escribir la historia de la lucha contra la violencia de género en España, en lo que llevamos de siglo, sin escribir sus nombres. 

Para mí, ambas, admiradas y queridas amigas. Felicidades, María. Eso sí, ideológicamente diferentes. En esa distinción de las izquierdas y las derechas, que no sabemos obviar en ninguna de nuestras consideraciones vitales. Pero unidas contra la violencia de género: la defensa de la integridad de las mujeres y del resto de sus derechos no debiera ser una cuestión que diferenciara, sino que uniera. Porque nadie quiere ni una víctima más. 

La demagogia y la apropiación de los discursos por las fuerzas políticas escapa, o debería escapar, a lo incuestionable, a la defensa de los derechos humanos, de los derechos de las mujeres. Esa es la lección: grandes personas del PP, grandes personas del PSOE, la representación en el acto de Cs (Patricia Reyes y Marta Martín) y el resto de las fuerzas políticas. 

Esta cuestión solo admite una división y no es partidista. Los maltratadores y los asesinos, en un bando, y el resto de la sociedad, en otro.

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Cruz Sánchez de Lara es titular de Sánchez de Lara Abogados, presidenta de THRibune y consejera de EL ESPAÑOL

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