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. Ballesteros Agencia EFE

LA TRIBUNA

El error de diagnóstico del doctor Sánchez

El autor alerta de la desaceleración de la economía española y de los riesgos que entraña que el Gobierno cometa ligerezas en este ámbito.

4 octubre, 2018 01:36

En 2014 la economía comenzó a recuperarse gracias al paquete de reformas fiscal, financiero y de competitividad que impulsó el gobierno de Rajoy. Aunque la economía tenía motor como para crecer no más del 2% anual, desde 2015 hubo un golpe de suerte: el BCE comenzó a comprar bonos en el mercado secundario (pasando de una política monetaria expansiva a otra ultraexpansiva) y el precio del petróleo se desplomó (de 80 euros el barril en junio de 2014 a 30 euros en febrero de 2016).
El golpe de suerte fue esencial para que la economía creciera más del 3% en 2015, 2016 y 2017. Fue posible hacerlo con superávit exterior y sin tensiones inflacionistas porque había capacidad ociosa (output gap).

Desde 2016, el debilitamiento político (dos elecciones generales, surgimiento del gobierno con menor apoyo parlamentario propio desde 1977, crecimiento electoral de la izquierda radical, golpe de estado separatista, etc.) derivó en la paralización de las reformas pendientes. Desde entonces, la economía vive de rentas (impacto residual de las reformas anteriores), lo que sumado al golpe de suerte, hace que no se aprecie gran diferencia a pie de calle.

Pero estamos en un punto de inflexión: la economía ya casi no tiene capacidad ociosa, al mismo tiempo que el petróleo se encarece y la política monetaria reduce su sesgo ultraexpansivo. Sin capacidad ociosa, el PIB ya no podrá crecer por encima de su lánguido ritmo potencial sin crear tensiones inflacionistas (pérdida de competitividad) y sin debilitar el saldo exterior.

Aun si el Gobierno de Pedro Sánchez gestionara la economía con sensatez, el PIB tenderá a crecer menos. Pero no por un debilitamiento” o una desaceleración, sino porque se terminó la capacidad ociosa. La economía ya está creciendo menos: en 2015 el PIB creció 3,4%, lo hizo un 3,3% en 2016 y 3,1% el año pasado. Este año la expansión económica rondaría el 2,9%; el próximo, de no mediar errores de política económica, podría ser de 2,7%. Pero suponer que no habrá errores de política económica parece suponer demasiado.

Sánchez comete un error de diagnóstico: creer que la economía es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo

El Gobierno de Pedro Sánchez está cometiendo un error de diagnóstico que puede resultar costoso: cree que la economía es lo suficientemente fuerte como para poner en marcha sus planes sin preocuparse por ella. Ignora la importancia vital de implementar nuevas reformas para sostener el crecimiento. Si ha advertido que el golpe de suerte terminó, parece confiar en que el crecimiento seguirá siendo sólido, simplemente porque yo lo valgo. Sin prestar atención a las debilidades de la economía (alto endeudamiento público y exterior, lento crecimiento de la productividad, morosidad bancaria aún elevada, etc.) subirá los impuestos, restando competitividad. Además, aumentará el gasto público en una economía sin capacidad ociosa. En suma, la receta para detener la corrección de desequilibrios y el proceso de gradual fortalecimiento estructural de la economía.

Seré claro: con el alto crecimiento de los últimos años la economía solo logró salir del hospital. Pero no porque estuviera dada de alta, que no lo está, sino para continuar un tratamiento ambulatorio. Relajado por la mejora de algunos síntomas, Pedro Sánchez ha decidido abandonar el tratamiento ambulatorio y confiar en algún curandero en caso de necesidad.

Es fácil anticipar cómo terminará la historia: sin la terapia adecuada, tarde o temprano la salud se resentirá, el curandero dará consejos que causarán más mal que bien, y habrá que volver al médico, con la salud innecesariamente debilitada. ¿Ya se dio cuenta quién será el más perjudicado en esta historia? En efecto, usted.

*** Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados.

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