Foto: The New York Times

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Tribuna

Cómo mantener a raya la desesperanza

Para enfrentarse a un mundo que se ha vuelto loco, debemos recordar que somos uno en cuanto que somos humanos.

Nos enfrentamos a unos tiempos de gran incertidumbre y agitación en muchos rincones de nuestro planeta. Cuando de lo que se trata es de hacer del mundo un lugar mejor, preocuparse por los demás es primordial. Nuestro futuro está, en gran medida, en nuestras manos. Dentro de cada uno de nosotros existe el potencial necesario para contribuir positivamente a la sociedad. Aunque un individuo entre tantos que somos en el planeta parezca demasiado insignificante para cambiar el rumbo de la humanidad, son nuestros esfuerzos personales los que determinarán hacia dónde se dirige la sociedad.

Dondequiera que vaya, me considero uno entre 7.000 millones de seres humanos que están vivos en este momento. Sólo eso. Compartimos un deseo fundamental: todos queremos ser felices, y este es nuestro derecho natural. No hay formalidades cuando nacemos, ni las hay cuando morimos. En el intervalo, deberíamos tratarnos como hermanos y hermanas ya tenemos esto en común: un deseo de paz y alegría. Por desgracia, nos enfrentamos a todo tipo de problemas, muchos de los cuales hemos creado nosotros mismos. ¿Por qué? Porque nos mueven emociones como el egoísmo, la ira o el miedo.

Uno de los remedios más efectivos para lidiar con esos modelos de pensamiento tan destructivos es cultivar la “bondad amorosa” y pensar en la unidad de los 7.000 millones de humanos del mundo. Si pensamos en todo en lo que nos hace iguales, las barreras entre nosotros se reducirán.

La empatía está programada en nuestros genes. Las investigaciones han mostrado que la compasión lleva a una vida exitosa y satisfactoria

La compasión realza nuestro sentimiento de calma y de confianza en nosotros mismos, permitiendo que nuestra maravillosa inteligencia humana funcione sin trabas. La empatía está programada en nuestros genes; numerosos estudios han probado que bebés de tan solo cuatro meses la sienten. Las investigaciones han mostrado una y otra vez que la compasión lleva a una vida exitosa y satisfactoria. Entonces, ¿por qué no nos centramos en cultivarla más en nuestra vida adulta? Cuando estamos enfadados, nuestros juicios son unilaterales y no somos capaces de tener en cuenta todos los aspectos de la situación. Con la mente tranquila, en cambio, podemos alcanzar una visión más completa de las circunstancias a las que nos enfrentamos.

Durante el último siglo, hubo una tendencia a solucionar los problemas mediante la fuerza que fue invariablemente destructiva y perpetuó los conflictos. Si queremos que este siglo sea un periodo de paz, tenemos que resolver los problemas por medio del diálogo y la diplomacia. Nuestras vidas están tan entrelazadas que los intereses de los demás son también los nuestros. Creo que adoptar actitudes de división va en contra de esos intereses.

Nuestra interdependencia trae consigo ventajas y obstáculos. Aunque nos beneficiamos de una economía global y de la habilidad de comunicarnos y de saber lo que está pasando en el mundo de manera inmediata, también nos enfrentamos a problemas que son una amenaza para todos. En particular, el cambio climático es un reto que nos llama a hacer un esfuerzo común para defender el bien de todos.

Aún hay tiempo para crear un mundo mejor y más feliz, pero no podemos relajarnos y esperar el milagro

A aquellos que se sientan indefensos frente a un dolor insuperable, les diré que aún estamos en los comienzos del siglo 21. Aún hay tiempo para crear un mundo mejor y más feliz, pero no podemos relajarnos y esperar el milagro. Todos tenemos medidas que tomar, todos tenemos que vivir nuestras vidas de manera significativa y ayudando a nuestro prójimo. Debemos ayudar a los demás siempre que podamos y hacer todo lo que esté en nuestra mano para no hacerles daño.

Acabar con las emociones destructivas y practicar la bondad amorosa es algo que debemos hacer no con nuestra próxima vida, el cielo, o el nirvana en mente, sino como forma de vivir el aquí y el ahora. Estoy convencido de que podemos ser individuos más felices, comunidades más felices, y una humanidad más feliz si cultivamos un corazón cálido y permitimos que triunfe nuestra mejor versión.

*** El 14º Dalai Lama, Tenzin Gyatso, es el líder espiritual del Tíbet y ganador del Premio Nobel de la Paz. Desde 1959 vive en el exilio en Dharamsala, en el norte de la India   

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