Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.

Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Efe

LAS PREGUNTAS DE LA SEMANA

¿Darían Sánchez y Rivera un préstamo a 'Demoliciones Iglesias'?

Sí. Y esto aunque Albert Rivera y Pedro Sánchez puedan creer que no y decir lo mismo. El líder de Ciudadanos, como Pablo Iglesias recordó hasta la extenuación en la moción de censura contra Rajoy, trabajó algunos años en la banca. Por su parte, Pedro Sánchez, nuevo secretario general del PSOE tras la marcha triunfal de este fin de semana, también entiende en el negociado del dinero. O, al menos, eso indicaría su tesis doctoral “La nueva diplomacia económica española”, por la que obtuvo el “cum laude” en 2012. 

Sí, darían un préstamo a 'Demoliciones Iglesias' (así bautizó Rivera con acierto al líder de Podemos en la mencionada moción). Esta joven empresa, pese a la posición extrema que ocupa en el mapa de España, tiene mucho recorrido. Hace muy bien determinados trabajos, tal y como promete en su programa de presentación: dotada con gente experta, bien preparada, consolida y prepara los terrenos, perfora, acomete la demolición con las técnicas más avanzadas, realiza la cimentación y pavimentación... No sólo trabaja en el derribo en grandes superficies, también en pequeños espacios. Por supuesto, siempre recoge los escombros.

Lo que 'Demoliciones Iglesias' hizo con la Izquierda Unida de Alberto Garzón, lo ha intentado con el PSOE y en gran medida estaría a punto de conseguirlo si Pedro Sánchez no anda listo.

El jueves pasado, cuando Albert Rivera acusó al líder indiscutido de Podemos de querer demoler la casa de todos, o sea, España, y le apodó 'Demoliciones Iglesias', en un pequeño pueblo de Lugo sonó un carcajada tal que pudo oírse en la capital lucense. Porque en Cospeito, que es como se llama este pueblo de 4.500 habitantes, se constituyó hace unos pocos años, casi a la vez que Podemos, una empresa llamada 'Demoliciones Iglesias SL.', con un capital minúsculo pero bien empleado. Para su expansión definitiva, esta empresa gallega solo necesitaría un buen socio capitalista, que es lo que busca Pablo Iglesias cuando tiende la mano al nuevo PSOE de Pedro Sánchez, al que desde hoy cabría llamar PPOE: Partido Pedrista Obrero Español. 

Bromas aparte, entre unas Demoliciones Iglesias y otras, el Gary Cooper de Ferraz tendrá que decidir ya si vuelve a la casa del pueblo de la calle madrileña para enfrentarse Solo ante el peligro a la situación electoral extremadamente adversa del PSOE, o si inicia un viaje de novios hacia un destino incierto con Pablo Iglesias de compañero de asiento en la carreta. (Desde luego, nada que ver con la rubia de oro Grace Kelly ni tan siquiera con el otro bellezón de la película, Katy Jurado).

Gary Cooper en la película Solo ante el peligro.

Gary Cooper en la película "Solo ante el peligro".

Por el momento, Pedro Sánchez ha desplegado las antenas a derecha e izquierda, hacia Ciudadanos y hacia Podemos, como aquellas dos torres de comunicación que los alemanes colocaron en el pueblo de 'Demoliciones Iglesias SL.', Cospeito, a principios de la II Guerra Mundial, para controlar los movimientos en el Atlántico transitado entonces por buques de guerra.

Dado el carácter arriesgado de Pedro Sánchez –en más de una ocasión se le ha oído repetir la frase de Terencio “La suerte siempre acompaña a los valientes”- le resultará difícil consolidar y preparar el terreno, poco a poco, sin sobresaltos, como tan bien hacen el líder de Podemos, alías Demoliciones Iglesias, y su homónimo empresarial gallego.

Pedro Sánchez debería leer, si no lo ha hecho, un artículo publicado este sábado por El País, firmado por Manuel Vilas. Lleva razón el escritor cuando advierte a Sánchez que no debe confundir el partido con los españoles. Con los votos de los 200.000 militantes del PSOE, ni tan siquiera multiplicados por 10, jamás ganará unas elecciones en España.

El referido artículo es interesante para todos los partidos en general cuando denuncia que el concepto político de 'Ciudadanía' se ha convertido en 'Público', de suerte que ya no somos ciudadanos reflexivos (si es que lo hemos sido alguna vez) sino “público sediento de espectáculos radicales”. O nos hemos aburrido de la tranquilidad de la democracia o desconfiamos de la grisura técnica con que la democracia resuelve sus problemas, viene a decir Vilas.

Hace unos meses, Enzo Traverso, un pensador radical, declaró que la izquierda es una historia de derrotas. Traverso publicó en 2016 un libro titulado La melancolía de la izquierda: la fuerza de una tradición escondida cuya tesis central es que mientras la derecha reacciona con nostalgia y ansiedad cuando pierde, porque lamenta el derrumbe del pasado, la izquierda se limita a ponerse melancólica. Tan melancólica que Walter Benjamin, el pensador marxista alemán que inventó el concepto “Melancolía de la izquierda”, acabó suicidándose en 1940 en un pueblo de Gerona.

Guste o no, Pedro Sánchez parece haber demostrado que cuando Jesucristo vino a decir que la fe mueve montañas, se refería sin saberlo al líder del PSOE. Inasequible al desaliento, lo que está por ver es si su melancolía activa de izquierdas llevará al PSOE a la salvación o al suicidio colectivo.

“La Historia está siempre hecha de desencuentros, de oportunidades malgastadas que dejan flotando el gusto amargo de la melancolía”, escribe Traverso. Veremos con qué nos sorprende Pedro Sánchez y su equipo, entre quienes brilla la ex ministra Cristina Narbona. Hija de un conocido periodista en la dictadura franquista, su pareja, Josep Borrell, protagonizó un episodio de rebeldía similar al de Pedro Sánchez: derrotó al candidato oficial, Joaquín Almunia, en unas primarias. Cuando finalmente fue defenestrado y todo volvió al orden natural del felipismo, Guerra concluyó: “Con Almunia no despegábamos; con Borrel, sí, pero era para estrellarnos”.

Pedro Sánchez sólo tiene una oportunidad para reinar en la política española: demoler al demoledor sin derribar el edificio, para lo cual más que Gary Cooper necesitará ser Jesucristo. Y que Albert Rivera haga otro tanto con el PP. Un verdadero dueto para la regeneración política de España. Sueños.

¿UNA SEMANA INOLVIDABLE?

Sí. Mientras los españoles asistíamos a la moción de censura de Pablo Iglesias –a la que le sobró su intervención, porque habría bastado con la exposición demoledora de Irene Montero-, los más mayores recordábamos aquel 15 de junio de 1977 en que se votó tras 40 años de dictadura

De aquella democrática ilusión adolescente sólo quedan cascotes. No deja de ser paradójico que tal día como hoy, el 18 de junio de 1977, Madrid comenzó la operación aseo de la ciudad, ensuciada con propaganda política que prometía una España limpia. El encargado de coordinar la operación limpieza fue Florentino Pérez, entonces delegado de Saneamiento y Medio Ambiente de un consistorio gobernado por UCD. Hoy, 40 años después, Florentino es uno de los principales constructores de este país, un sector sin cuya participación el cáncer de la corrupción no se habría hecho metástasis por todo el cuerpo nacional.

Cuarenta años después es difícil reconocer, en lo bueno y en lo malo, este país con aquél. El frenesí de ilusión democrática se nos ha quedado fláccido. O bien porque somos mayores o porque ellos son jóvenes arrumbados por falta de oportunidades. Hasta nos hemos quedado sin mitos eróticos. En 1977, por estas fechas, Umbral dedicaba artículos a la musa de la UCD, Bárbara Rey –“todo un programa erótico”, escribía-, convertida pocos años después en otra amante del Rey.

Bárbara Rey en los años 70.

Bárbara Rey en los años 70.

Cuarenta años después de aquella España en la que cabíamos todos, hasta Ronaldo quiere irse. En 2016 ganó 87 millones declarados, pero le ofende que Hacienda le reclame una deuda de 15 millones y exige a Florentino Pérez, el ex jefe del servicio de limpieza, que pague el Madrid. En esto se ve también el deterioro del sistema: si un futbolista mete goles, lo quiere todo y se le perdona todo. Cuando Franco anunció que dejaba esto atado y bien atado debía referirse al fútbol y a la construcción. Pan y circo.

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