Manuel Antonio Noriega.

Manuel Antonio Noriega. Reuters

Tribunas OBITUARIO

Noriega, el dictador caribeño que declaró la guerra a sus amigos de Washington

En plena guerra fría, tuvo la habilidad de mantener buenas relaciones con los dos bloques, cobrando de la CIA a cambio de información y luego declarandole la guerra a EEUU.

"Cara de piña", como se le conocía por su rostro granulado, fue el dictador que mejor encarnó al tirano del realismo mágico latinoamericano. Sanguinario, corrupto, despiadado, esotérico, mujeriego… fue capaz de los negocios más sucios para enriquecerse y perpetuarse en el poder.

Ha muerto este 30 de mayo después de pasar dos meses en la UCI por un tumor cerebral.

En plena guerra fría, tuvo la habilidad de mantener buenas relaciones con los dos bloques. Cobró de la CIA a cambio de información y, cuando Washington le retiró su apoyo, se revolvió y declaró la guerra al mismísimo imperio. "Era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta", como bien refleja la certera frase aplicada a los mafiosos.

El ejército norteamericano llevó a cabo una sangrienta invasión de Panamá en 1989, con el objeto de capturar al viejo amigo. Fue detenido y juzgado por narcotráfico. Pasaría el resto de su vida en prisión.

El dictador hizo célebre entre sus seguidores el grito de guerra "Ni un paso atrás". Era vehemente en su intervenciones y en los mítines se dirigía a sus fieles agitando de forma ostentosa su machete. Durante los seis años en que ejerció el poder de forma despótica fue admirado y temido a la vez.

Los que conocieron su despacho no han olvidado el enorme espejo negro por el que el dictador solía espiar a sus vistas. Llegó a amasar una considerable fortuna –incluida una valiosa colección de arte de dudoso gusto-, amañó elecciones, torturó y ejecutó a sus opositores y dio cobijo a terroristas de todo el mundo, incluidos asesinos de ETA.

Manuel Antonio Noriega nació en 1934 en Guachimango, un barrio pobre en los arrabales de Panamá City. Hijo de un contable con escasos ingresos, a los cinco años fue dado en adopción a un maestro. Cursó bachiller con miras a estudiar medicina, pero su nueva familia no consiguió el dinero suficiente para enviarlo a la Facultad. Resignado, aceptó una beca para la centenaria Academia Militar de Chorrillos en Lima (Perú), donde se graduó en ingeniería en 1962. Volvió a Panamá e ingresó como subteniente en la todopoderosa Guardia Nacional.

A SUELDO DE LA CIA

Se encontraba al frente de este cuerpo el general Torrijos, inmortalizado entre otros por Graham Greene y quien años después sería declarado "Líder máximo de la revolución panameña". Al oficial le llamó la atención el carácter y la disposición de Noriega, y le asignó la estratégica comandancia de Chiriqui, provincia limítrofe con Costa Rica.

Juntos lideraron un golpe de estado contra el general Arnulfo Arias en 1968. Torrijos logró colocarse bien en el nuevo gobierno. Al año siguiente, mientras asistía a un concurso hípico en México, varios oficiales organizaron un golpe. Volvió de inmediato al país, pero se encontró con que en el aeropuerto habían inutilizado las luces para el aterrizaje. El fiel Noriega consiguió iluminar la pista con sus vehículos militares. Torrijos tomó tierra sano y salvo y se lanzó, con el apoyo de las tropas de Noriega, sobre Panamá City.

A la sombra del cada vez más poderoso Torrijos, la carrera de Noriega florecía. Es entonces cuando se comienza a relacionar la CIA. Los servicios secretos de Washington estaban muy presentes en Panamá por la vigilancia del Canal. El general se convirtió en un colaborador regular, percibiendo más de 320.000 dólares hasta 1986 en pagos por sus servicios.

En 1971, llegó a viajar a La Habana, por encargo del entonces presidente Nixon, para interceder ante Fidel Castro para la liberación de la tripulación de dos barcos norteamericanos.

También se le asocia entonces con el tráfico de drogas, hasta el punto de que un alto oficial americano llegó a pedir a Nixon que lo eliminara, a lo que el presidente de opuso. Noriega resultaba un peligro por sus contactos con los narcos del cártel de Medellín. Permitía el paso por Panamá de la droga camino de los Estados Unidos, lo que le supuso ganancias de millones de dólares.

EL “GÁNGSTER” DE TORRIJOS

Había conseguido un puesto idóneo para sus negocios. En la década de 1970 se convirtió en el segundo hombre más poderoso de Panamá, al tener el control de los servicios secretos del país, conocidos como G-2. Era el encargado, entre otras muchas labores obscuras, de callar a todo aquel que pusiera la menor objeción al presidente Torrijos, quien llegó a decir: "Es mi gángster".

En 1981, Torrijos murió en un extraño accidente de aviación, nunca aclarado. Durante dos años, Panamá vivió una encarecida lucha por el poder entre civiles y militares, de la que Noriega salió como gran vencedor. Fue ascendido a general y se convirtió en el máximo responsable de la Guardia Nacional.

Según aumentaba su poder –ya fuera abiertamente o en la sombra-, crecían las sospechas sobre Noriega. Se le empezó a acusar, además, de tortura y asesinato, tráfico de armas, lavado de dinero y de la venta a Cuba y a países del Este de tecnología secreta norteamericana. Noriega lo negó y acusó a Washington de querer modificar el tratado del Canal.

Ronald Reagan no estaba muy conforme con la concesión realizada por su predecesor, Jimmy Carter, quien había pactado que la propiedad del estratégico paso entre el Atlántico y el Pacífico revertiría sobre Panamá el 31 de diciembre de 1999.

En 1987, el antiguo jefe de gabinete de Noriega le acusó de haber amañado las elecciones de 1984 y de haber matado al carismático doctor y guerrillero panameño Hugo Spadafora, que había denunciado la participación del general en el tráfico de drogas.

Su cadáver apareció decapitado y con señales de tortura en Costa Rica, donde se había unido a los sandinistas nicaragüenses. Por si esto fuera poco, Noriega también fue relacionado directamente con en el sospechoso accidente de avión que costó la vida al mítico general Torrijos.

EL AMIGO AMERICANO DA LA ESPALDA

La situación en el país se fue deteriorando progresivamente. En el año 89, las revueltas se desbordaron, después de que Noriega, al ver que su candidato perdía, anulara los comicios de mayo.

El pueblo panameño se echó a la calle pidiendo su destitución. Pero el dictador declaró el estado de emergencia, suspendió los derechos constitucionales, cerró periódicos y radios y envió al exilio a muchos de sus enemigos.

La Iglesia, empresarios y estudiantes organizaron una resistencia civil. Mostraron su descontento en las calles, vestidos de blanco y haciendo sonar cacerolas en señal de protesta. La represión fue brutal por parte del ejército y de los temibles escuadrones paramilitares.

El presidente Ronald Reagan, ya en su último año de mandato, puso fin al apoyo militar y económico a Noriega. Los propios banqueros panameños le retiraron también su apoyo económico. Se quedó aislado, sin más ayuda que el ejército. El nuevo presidente norteamericano, George Bush padre, que como jefe de la CIA se había entendido bien con Noriega, redobló las medidas contra el dictador y llegó a financiar al principal partido de la oposición.

Las calles fueron escenario de multitudinarias protestas reprimidas con dureza por el régimen. Noriega sobrevivió a los intentos de golpe de estado patrocinados por Estados Unidos. Sin embargo, cometió un error que rebosaría el vaso de la paciencia del presidente Bush. Nombró a uno de sus hombres más fieles responsable del Canal. Washington era especialmente sensible con los asuntos relacionados con esta estratégica infraestructura.

OPERACIÓN ‘CAUSA JUSTA’

El 20 de diciembre de 1989, Bush puso en marcha la operación llamada Just cause, que tenía un significado ambiguo: podía traducirse como 'Causa justa' o como 'Justo porque sí'. Se movilizan nada menos que 26.000 soldados en la invasión de Panamá –un país que contaba con apenas 12.000 efectivos- con el principal objetivo de capturar al tirano.

Primero los bombardeos aéreos y luego los combates terrestres arrasaron el país en tan solo dos semanas. Unos cinco mil panameños, la mayoría civiles, perdieron la vida, así como varios cientos de soldados americanos.

La maquinaria militar de Washington utilizó armamento de última generación y la actuación de sus soldados fue especialmente sanguinaria y brutal. La propia ONU condenó la invasión. Una de sus víctimas fue el fotógrafo español Juantxu Rodrídguez.

Quienes más sufrieron las consecuencias de la invasión fueron los habitantes del humilde barrio de El Chorrillo, en las afueras de Panamá City. Los marines pensaban que el mandatario se había escondido allí, así que arrasaron la población con sus bombardeos para más tarde registrar sus calles casa por casa.

LA TORTURA DEL ‘HEAVY METAL’

Noriega se ocultó primero en casa de su amante, Vicky Amado, y más tarde en la Nunciatura, donde fue finalmente localizado por las tropas. Durante tres días, sitiaron la sede diplomática e hicieron sonar de forma ininterrumpida música heavy metal a través de altavoces a todo volumen.

Al parecer, se trataba de una guerra psicológica para minar la resistencia del general y sus guardaespaldas. El 3 d enero de 1990, tras la mediación de la Iglesia, ‘cara de piña’ se entregó a la embajada del Vaticano, que a su vez lo puso en manos del ejército norteamericano. Fue trasladado directamente a Florida, donde sería encarcelado.

El juicio que se celebró contra él en Miami en 1992 fue seguido con una gran expectación en todos los rincones del mundo. El interés no se centraba tanto en la suerte del dictador como en los secretos que podía desvelar sobre las intervenciones de la CIA en el exterior.

Washington maniobró y consiguió que su relación con Noriega fuera considerada información clasificada. Finalmente, el general fue condenado por varios delitos, incluyendo tráfico de drogas, a 40 años de prisión. La pena se rebajó posteriormente a 30 años y luego a 20 por "buena conducta".

En 2010, fue trasladado a Francia, donde se le juzgó por blanquear dinero de los narcotraficantes y se le condenó a 10 años de cárcel. En 2001, París autorizó su extradición a Panamá para cumplir las penas a las que había sido condenador por los atroces asesinatos cometidos durante la represión por parte de su gobierno.

Sus abogados litigaron para que su arresto fuera domiciliario, dada su edad, pero las autoridades alegaron que el tirano nunca había dado señales de arrepentimiento. Su salud se fue deteriorando, lo que provocó numerosas estancias en el hospital de San José, donde murió.

Manuel Antonio Noriega Moreno nació el 11 de febrero de 1934 en Panamá City, ciudad en la murió el 30 de mayo a los 83 años.