Las elecciones generales que se celebrarán en España el próximo 29 de noviembre, las más trascendentales de nuestra historia democrática, revisten la suficiente importancia ya en el ámbito doméstico como para que cualquier interferencia externa resulte contraproducente y entorpecedora.

Las virulentas declaraciones pronunciadas este miércoles por Javier Milei durante su visita a Madrid hacen un flaco favor a las fuerzas políticas de la oposición que puedan verse tentadas a arrimarse a él.

Esta constatación no justifica, en modo alguno, las protestas y los intentos de boicot impulsados por diversos colectivos en la Universidad Rey Juan Carlos, donde el presidente argentino ha pronunciado un discurso.

Aunque el estilo de Milei sea por completo reprobable, la actitud de los manifestantes que han tratado de reventar no tiene cabida en una sociedad democrática.

Existe una flagrante incoherencia, dicho sea de paso, en el hecho de que quienes afirman querer "sacar al fascismo de la Universidad" recurran a las prácticas más intolerantes y contrarias a la libertad de expresión.

Y no menor es la impostura que subyace al intento del PSOE de sacar rédito político de esta visita.

Es evidente que a los socialistas les conviene la presencia del mandatario argentino para vincular a Vox y al resto de la oposición con él, erigiéndose así como la alternativa progresista a la ultraderecha el 29-N.

La campaña desplegada ante la llegada de Milei, apropiándose con orgullo del adjetivo peyorativo "zurdo" empleado a menudo por el argentino, no es más que el enésimo artificio de la precampaña.

El despliegue de una enorme lona en Ferraz —con una motosierra incrustada en el nombre del mandatario—, y los vídeos de Pedro Sánchez jactándose de sus políticas "zurdas", son el último conejo que se han sacado de la chistera los asesores del presidente para tratar de movilizar a su electorado.

Dicho esto, y a la vista de los exabruptos proferidos por el líder argentino en el foro Nueva Economía, no le falta razón al Ministerio de Asuntos Exteriores en su queja oficial contra las palabras del presidente.

Exteriores ha lamentado que resulta indigno que una persona que ostenta la más alta jefatura de una nación hermana utilice su estancia para proferir insultos y calumnias contra un jefe del Gobierno.

Milei ha cruzado una línea roja institucional al tildar a Sánchez de "impresentable dictador", "delincuente ladrón" y "corrupto", instando además al liberalismo a sacar a los socialistas "a patadas".

Es innegable que buena parte de las críticas de fondo a la gestión del Ejecutivo español son compartidas por muchos ciudadanos y resultan legítimas y razonables en el marco del debate político nacional.

Pero el tono empleado no es admisible y, sobre todo, no es él quien puede decirlas.

En este sentido, la Jefatura del Estado ha vuelto a demostrar cuál es el comportamiento adecuado en estos casos.

Tal y como ha revelado este diario, el rey Felipe VI rechazó la petición informal de Milei para mantener un encuentro en Zarzuela.

La Casa Real aplicó el rigor protocolario, recordando que la práctica habitual en España exige que la reunión de un mandatario extranjero con el monarca vaya acompañada obligatoriamente de un encuentro con el presidente del Gobierno. Una lección de respeto a las formas institucionales de la que el presidente argentino carece.

La más elemental cortesía diplomática impide que un jefe de Estado cargue de manera frontal contra un jefe de Gobierno anfitrión.

Resulta del todo inapropiado que un mandatario extranjero interfiera en el debate público español. Menos aún en pleno periodo electoral, y con el propósito de atacar directamente al líder del Ejecutivo que, además, es candidato en esos mismos comicios.

Es probable que a Pedro Sánchez, en realidad, este episodio vaya a beneficiarle antes que perjudicarle.

A buen seguro, su aparato propagandístico lo explotará y magnificará para victimizarse, al igual que hizo en mayo de 2024, cuando la alusión de Milei a la supuesta corrupción de su esposa desató una crisis diplomática que Sánchez aprovechó para retirar definitivamente a la embajadora española en Buenos Aires.

Pero el oportunismo táctico del Gobierno español no exonera a Javier Milei. Su comportamiento es improcedente y completamente impropio del cargo que representa.