Cada día que pasa aumenta el distanciamiento entre los dos partidos que sostienen el Gobierno de coalición. Sólo hay que atenerse a un dato: en solo tres días, socialistas y populistas han tenido otras tantas crisis por cuestiones que afectan a la identidad política de cada uno.

Primero fue la reunión entre la vicepresidenta Carmen Calvo y Ciudadanos, con el consiguiente enfado de Podemos, al punto de que el encuentro tuvo que celebrarse en el Congreso en lugar de en la Moncloa, como estaba previsto. Desde el partido de Pablo Iglesias llegaron a manifestar públicamente la idea de que existe una parte del Gobierno que "mira a la derecha".

Desavenencias

Ha habido más desavenencias. La voluntad expresada por Pedro Sánchez de incluir a todos los partidos en la negociación de los Presupuestos llevó a Pablo Echenique a acusar al presidente de "cambiar de aliados". Pues bien, este martes Sánchez doblaba su apuesta al anunciar el retraso del incremento de impuestos hasta que el PIB se recupere. 

La tercera brecha tiene que ver con la decisión del Rey Emérito de abandonar España. A la prudencia del PSOE, sus socios de coalición han respondido dando rienda suelta al argumentario republicano más dogmático: desde caceloradas a propuestas para cambiar el nombre a las calles y edificios dedicados a Don Juan Carlos. Y ello, en un intento claro por aparecer como la verdadera izquierda ante el electorado. 

La aritmética

Lo cierto es que la cohabitación de los dos partidos es compleja, y el acercamiento de los socialistas a los liberales pone de manifiesto las contradicciones de una coalición de muy difícil encaje. Una cohabitación que, sin embargo, se mantiene por el interés mutuo y la aritmética parlamentaria: ni los números le dan a Sánchez, ni Pablo Iglesias puede permitirse abandonar el Gobierno, particularmente tras el desmoronamiento que está sufriendo en la mayoría de las autonomías, como quedó de manifiesto en las elecciones vascas y gallegas.

La duda estriba en cuánto tiempo y con qué razones podrá mantenerse esta simbiosis. Y en qué medida este extraño matrimonio de conveniencia puede resistir unas circunstancias tan graves como las que afronta España.