El rey Felipe VI junto a los dos protagonistas de la escena.

El rey Felipe VI junto a los dos protagonistas de la escena. Casa Real

Columnas ANTES DE DESAPARECER

Ella

La escritora Espido Freire analiza cada semana en EL ESPAÑOL una fotografía de gran impacto.

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La niña sostiene una hoja de estrellas de colores, de esas estrellitas rojas, verdes, amarillas y azules que se pegan en los cuadernos en premio a una tarea bien hecha.

Lleva el pelo largo recogido con un lazo oscuro, unos pendientes diminutos y una expresión de felicidad que ni sabe ni quiere disimular del todo.

A su izquierda aparece, cortado por el encuadre, un hombre muy alto de traje formal, con un bastón de mando, un señor importante.

Es el rey de España durante su visita a un colegio de Ceuta, donde se ha sentado entre los alumnos ante una mesa cubierta de dibujos, pinturas y pegatinas que apenas le llega a la rodilla.

Felipe VI le ha preguntado a Mohamed, el niño que sostiene con la gravedad propia de su edad un dibujo ya terminado, qué es lo que más le gusta del colegio. El tema lo saca más el rey que el padre, más el adulto que el príncipe niño que respondió aburrido cien veces esa misma pregunta.

Pero Mohamed, por suerte para él, ha encontrado en el colegio algo que ama y, por suerte para nosotros, no ha caído aún en la perversa red de ocultamientos y miedos que nos aguarda al crecer.

"¡Ella!", contesta, y señala inmediatamente a su compañera, tan bonita, absorta en su propio universo de colores y estrellas.

Felipe VI y Mohamed.

Felipe VI y Mohamed. Casa Real

Ni un segundo de duda, el corazón entregado en una palabra y expuesto ante todos, ante el rey, los adultos alineados al fondo y, lo que es peor, los propios compañeros.

Pero observen a Felipe VI que, ahí sí, recuerda la importancia que merecen los primeros amores, o las amistades inquebrantables, o las lealtades fraternales de los cinco años. Observen la seriedad con la que recibe la confidencia, cómo se inclina, escucha, y sigue la dirección del dedo.

No considera que lo que acaba de escuchar sea una tontería, ni que merezca menos respeto que los asuntos, graves y alarmantes, que lo han llevado hasta Ceuta, y se dirige a la aludida con una delicadeza cómplice, que salva al niño de cualquier burla: "¿Has visto lo que te ha dicho, no?".

Ella asiente, y vuelve a sus estrellitas. ¿Cómo no lo iba a saber? ¿Por quién la tomamos?

Felipe VI y la destinataria del amor de Mohamed.

Felipe VI y la destinataria del amor de Mohamed. Casa Real

Me pregunto cómo hablaría Felipe VI con Leonor y Sofía cuando eran pequeñas, qué preguntas les haría al recogerlas del colegio, cuántas anécdotas infantiles habrá presenciado y guardado para comentarlas después con la reina y reírse con el pecho templado y endulzado por ellas.

Cuánto frío trae el que los niños crezcan. Sus hijas son ya dos mujeres jóvenes, con responsabilidades y vidas propias; hace tiempo que quedaron atrás las conversaciones en las que un padre descubría el naciente universo sentimental de sus niñas.

Al fondo los adultos siguen de pie, con las manos enlazadas, pendientes del ilustre visitante.

Todo está dispuesto para que la visita institucional, con sus autoridades, sus cámaras y sus obligaciones continúe, pero en el tiempo particular que comparten los niños, que es el de la eternidad, el de los para siempre y los para nunca, el rey se encuentra en otro lugar, en otro mundo.

No conocemos la reacción de la niña más allá de esa sonrisa, ni sabemos qué habrá ocurrido después, cuando los visitantes se marcharan y las clases recuperaran su rutina.

Acaso Mohamed se arrepintiera de haberlo dicho delante de todos; acaso ella le regalara alguna de sus estrellitas.

Me gusta imaginar que al día siguiente volvieron a sentarse cerca, y que Mohamed, después de compartir mesa con un rey, pudo disfrutar a solas de su princesa.