Pedro Sánchez saluda a una simpatizante en un acto en Huelva.

Pedro Sánchez saluda a una simpatizante en un acto en Huelva. EFE

Columnas LOS PESARES Y LOS DÍAS

El PSOE entra en modo asustaviejas: páguense las pensiones aunque perezca España

En lugar de instarnos a la responsabilidad moral, el Gobierno nos invita a seguir viviendo en el dulce Matrix de la bonanza pasajera.

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El socialismo español goza de una salud de hierro. Así lo atestigua la lozanía de los asistentes a los arengarios del PSOE, a rebosar de arrobadas maricármenes.

Rasgo ilustrativo del invierno demográfico que atravesamos, los candidatos ya no besan bebés en los mítines, como era costumbre: besan jubiladas.

La estrategia del presidente cesante para el proceso electoral incipiente está a la vista: desestabilizar a una oposición confiada en la victoria llevándola a creer que aún queda algún gato por liebre en la chistera del aprendiz de brujo Diego Rubio.

Habida cuenta de que, sepultado por el lastre de las joyas de la abuelita (Luis Arroyo dixit), tirar de Zapatero para enardecer a las huestes socialistas como en 2023 ha dejado de ser recomendable, esta vez es Iván Redondo, eminencia en el arte del cabildeo y campeón absoluto en la venta de humo, a quien se pasea por los platós para sembrar la esperanza de una remontada milagrosa como la del 23-J.

El otro pilar de la operación de motivación de los propios y desmoralización de los ajenos descansa en el CIS del arúspice mayor del Reino. Tezanos ha cocinado una de las ventajas más grandes que ha pronosticado nunca para el PSOE en un momento en el que la totalidad de encuestadoras privadas apuntan en la dirección exactamente opuesta.

Antes que un riesgo real de vuelco, estos vaticinios de aspiraciones performativas denotan la impotencia de quienes ya no tienen más repertorio que las sucesivas reediciones del Manual de Resistencia (sólo que ahora sin lectores). Y por eso basta con que la oposición no paniquee y evite contribuir a autocumplir la profecía de Moncloa.

Porque ni siquiera la teatralización del martirio de la anciana desahuciada como víctima sacrificial de los oligarcas inmobiliarios va a darle a Sánchez munición suficiente para cebar su remedo ibérico de la Línea Maginot contra la fachosfera.

Así como en la lidia una vez el toro ha visto la pierna del torero tras la franela el engaño deja de surtir efecto, así le ocurre a los gastados trucos del PSOE. Máxime cuando la reciente filtración del argumentario enviado vía WhatsApp a la nomenclatura del partido dejó al descubierto la más que evidente tramoya de su mecánica:

"Pensionistas y subsidiados saben que somos el gobierno que mejor garantiza el cobro de esas pagas mientras que la derecha las llama 'paguitas' (hay que ponerlo en valor y fomentar el miedo a que la derecha las rebaje o elimine)" [sic].

En realidad, la jugada maestra a la que ha unido su suerte el PSOE se reduce a algo mucho más elemental y material: la compra de voluntades de un electorado cautivo integrado por pensionistas, funcionarios y metecos súbitamente hispanizados.

Nada más elocuente en este sentido que el vídeo reivindicativo divulgado por el PSOE en sus redes para contrarrestar el HODIO de la derecha. Todos los logros legislativos que puede esgrimir el Gobierno Sánchez como fruto de esta legislatura yerma consisten en una retahíla de puro gasto público consuntivo, destinado a prebendas con que afianzar los sufragios a través de los cuales perpetuarse en las sucesivas elecciones.

A instancias del "One", asustaviejas en el sentido más estricto del término, el PSOE ha iniciado ahora una campaña para colocar a sus estómagos agradecidos en una disyuntiva primaria: o la caída de La Moncloa en manos de los serradores que van a recortar la jubilación, o posicionarse en el lado correcto del Presupuesto.

Todo porque, con calculada y astuta ambigüedad, el PP ha deslizado que, si bien el compromiso de actualizar las pensiones de los perceptores actuales se mantiene, habrá que replantearse en el futuro el sistema de revalorización automática.

Es de cajón para cualquiera que no viva en el País de las Maravillas dibujado por la propaganda gubernamental que, como reza la campaña de Génova, al pueblo español no le va a quedar otra que asumir sacrificios después del roto legado por el latrocinio socialista.

El PSOE, no obstante, ha creído oportuno lanzarse a ridiculizar el lema.

Pero el hecho de que se tome a chacota la máxima churchilliana del "sangre, sudor y lágrimas" delata el paraíso artificial que habita el electorado de izquierdas, indispuesto a asumir ninguna renuncia y renuente a que le digan la verdad: que hay que ajustar severamente la plétora de subsidios y reducir drásticamente el gasto público.

Ensayando un maridaje aberrante entre gerontopopulismo y proselitismo juvenil, el PSOE aspira a movilizar al unísono a la retaguardia de jubiletas y al somatén de sans-culottes antifas, incluida la cohorte de chicas chulísimas y twinks de Juventudes Socialistas dispuestos a vender su alma a Sánchez con tal de conservar la limosna del Verano Joven y el bono para videojuegos.

Entre instar a los ciudadanos a responsabilizarse por los propios actos como adultos morales, y posponer paliativas recompensas inmediatas, o seguir viviendo en el dulce Matrix de la bonanza pasajera y autocomplaciente, el Gobierno se presenta a la reelección habiendo tomado claro partido por el segundo modelo.

Páguese a todo el mundo su coima, et pereat Hispania.