La izquierda a la izquierda del PSOE, en el Congreso.

La izquierda a la izquierda del PSOE, en el Congreso. EFE

Columnas ANTES DE DESAPARECER

La izquierda de la izquierda

La escritora Espido Freire analiza cada semana en EL ESPAÑOL una fotografía de gran impacto.

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Nadie sonríe, aunque para eso sean las fotografías, para lucir sonrisas radiantes con aire satisfecho.

No, en la escalinata del Congreso, bellamente trazada y casi invisible en esta imagen se alinean concentrados los representantes de la izquierda situada a la izquierda del PSOE.

Se han reunido para protestar por el rechazo a los decretos de vivienda y la conversación girará, sin duda, sobre alquileres, y protección social, y derechos recién rescatados del olvido y de la desidia.

Pero no escuchen las voces más altas, presten atención a los susurros, a la otra historia que la fotografía también cuenta: observen con cuidado a este grupo de políticos que comparten espacio y discurso, que se disputan causas y adversarios, y que se apiñan, recelosos, sin haber resuelto todavía la espinosa cuestión de quién se sitúa en el centro.

El hombre que goza de su turno ante el micrófono parece pequeño por comparación con algunas de las figuras que lo rodean, aunque se encuentre, por la composición, en el punto natural del protagonista.

A su lado, las mujeres mantienen, o quizás fuerzan, variadas expresiones: concentración y reserva, cansancio entremezclado con lo que parece una cierta ira, gestos de atención un tanto ajenos a las palabras del orador.

En la segunda fila algunos hombres asoman entre cabezas y hombros, fragmentados, entrecomillados, como si hubieran acudido tarde a una fotografía de familia en la que nadie les ha indicado dónde colocarse. Una boda, una comunión. Raras veces se sacan fotos en un entierro.

Todos aparecen juntos y, sin embargo, cada uno defiende su propio espacio, se ampara en su trayectoria, esgrime sus aspiraciones y, sobre todo, se aferra a sus cuentas pendientes. Sabemos bien que en política la proximidad física no debe confundirse con la confianza.

Si bien la vivienda les apiña bajo una causa común y un motivo legítimo, el espectro siempre temido de unas elecciones anticipadas añade urgencia a una discusión aplazada durante demasiado tiempo: si serán una coalición, o una candidatura de integración, o una nueva suma de enrevesadas siglas o una organización que parta desde cero; necesitan un liderazgo.

Y nadie parece deseoso de retirarse discretamente a la segunda fila.

Manuela Bergerot y Mónica García durante San Isidro 2026.

Manuela Bergerot y Mónica García durante San Isidro 2026. Más Madrid

Cuánta energía ha consumido este espacio político en discusiones durante los últimos años; cuántas palabras vertidas en torno a unas ideas que, sobre el papel, deberían aproximarlos.

He conocido fundaciones y escisiones, reconciliaciones, vetos y despedidas, decenas de comienzos e iracundas despedidas.

Cada nueva fórmula prometía superar las limitaciones de la anterior pero, inevitablemente, cada ruptura desgarraba a electores perdidos y desengañados tras otorgar, una vez más, paciencia, confianza y entusiasmo.

Ahora, con un delirante y apresurado calendario político, la fotografía me recuerda a una prueba antes del estreno de una obra de teatro. Los actores conocen el argumento, y todos ellos aspiran al papel principal.

En primer término se vislumbra un único micrófono para varios oradores pujantes, ansiosos, sin acomodo.

No saben si cuando el telón se alce todavía quedará alguien dispuesto a escucharlos.