La diputada del PP Ana Vázquez muestra el bote de gas pimienta por el que fue expulsada del último Pleno.

La diputada del PP Ana Vázquez muestra el bote de gas pimienta por el que fue expulsada del último Pleno. Agencias

Columnas LA CAMPANA

Francina Armengol contra Ana de armas

Para hacer el payaso correctamente hay que ensayar mucho, como hace Gabriel Rufián, y ser de izquierdas.

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"¿Sabe lo que es esto? Es el símbolo de la falta de libertades que sufren las mujeres ceutíes. Y es el material escolar básico".

Entonces, Ana Vázquez, diputada del Partido Popular, mostró un espray defensivo de pimienta a Grande Marlaska, que no acaba de encontrar su peinado y que escuchaba con expresión aburrida.

"Usted dice que la inseguridad es subjetiva, pero esto es bastante objetivo: mire lo que acostumbran a llevar las mujeres y los niños en Ceuta".

Mientras tanto, Francina Armengol permanecía impasible.

Pero diez minutos más tarde, tiempo que revela la velocidad de las conexiones sinápticas de la presidenta, o lo que tardan en llegar las instrucciones de Moncloa al Congreso, la presidenta se dirigió a la diputada armada. "Según el artículo 101 y el registro, uh, del registro de armas (se refería al Reglamento de Armas), la, eh, botella (ay, la botella) de gas pimienta que ha mostrado es un arma".

¿Es un arma? ¿Entonces las mujeres y niños ceutíes van armados por la calle, como si en vez de Ceuta fuera Tombstone?

Ana Vázquez, diputada del PP.

Ana Vázquez, diputada del PP. Imagen de archivo

El artículo 5 del Reglamento que Armengol pretendía invocar no parece confirmarlo ("se exceptúan los sprays de defensa personal"), pero en todo caso pidió a la diputada popular, no ya que no utilizara la supuesta arma, sino que abandonara el hemiciclo.

Y eso tuvo que hacer, claro.

La parcialidad de Armengol no es una novedad. En febrero de 2024, el Grupo Popular presentó ante la Mesa del Congreso un escrito de veintiocho páginas repletas de ejemplos que, a su juicio, revelaban un claro sesgo a babor de la presidencia.

En enero de este año presentaron otro para denunciar que Armengol permitía que el presidente eludiera el control parlamentario, y que bloqueaba solicitudes de comparecencia presentadas por el Partido Popular.

Además de eso, son continuas las quejas de estar bloqueando iniciativas legislativas de los populares.

Ahora, Feijóo dice que degrada el Congreso, y no le falta razón. ¿Se extralimitó expulsando a Ana Vázquez? Sí, también.

Pero la cosa no acabó ahí. Algo más tarde, en los edificios anexos del Congreso, al otro lado de la Carrera de San Jerónimo, miembros de la delegación de Mauritania tuvieron que ser atendidos por distintos síntomas. Unos tenían los ojos rojos, otros presentaban vómitos. Y una mujer, aquejada de asma, presentaba problemas respiratorios.

Más que España, debieron pensar, hemos caído en la batalla de Ypres.

También se vieron afectados gabineteros de otros partidos. Incluso en la cafetería varios asistentes acabaron con los ojos colorados, y les recuerdo que allí no se dispensa alcohol. ¿Qué había ocurrido?

La secuencia temporal permite sospechar que el origen de las emisiones pudo estar en la propia diputada Vázquez, que (según esta hipótesis) habría decidido vaciar su espray en un retrete provocando un efecto en cadena. La extensión del daño diría mucho de la potencia del artefacto, e incluso tal vez aconsejaría repensar el artículo 5 del Reglamento de Armas.

La moraleja final podría ser esta: para acudir al hemiciclo con gadgets tienes que ser Rufián. Él puede acudir con impresoras, esposas, e incluso municiones sin que nadie le eche, y (más importante aún) sin provocar conflictos internacionales con naciones en desarrollo.

Y es que para hacer el payaso correctamente hay que ensayar mucho.