La ministra de Sanidad, Mónica García, interviene durante un acto sobre el aborto.

La ministra de Sanidad, Mónica García, interviene durante un acto sobre el aborto. A. Pérez Meca Europa Press

Columnas LA CAMPANA

Sería muy irrespetuoso con las mujeres que el feto sufriera

La única manera de eliminar los reparos morales de las mujeres que pretendan ejercer el "derecho" a abortar es quitar importancia al feto.

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"Buenos días, ministra. Quería saber si, a nivel sanitario, se puede garantizar que el feto no sufre (en el acto de abortar), y si en la madre deja algún tipo de secuela".

Eran preguntas pertinentes para la ministra de Sanidad, pero Mónica García quedó descolocada, reaccionó mal, y se fue contradiciendo sobre la marcha.

Su primera respuesta fue automática y defensiva: "Perdona, no entiendo la pregunta".

Pues es muy sencilla, dijo la periodista (lo era), y la repitió.

"Sigo sin entender la pregunta", dijo, a pesar de que mientras tanto fingía escribir algo (tal vez, 'putos periodistas').

"¿Quieres decir que el aborto es un 'ejercicio' de sufrimiento al feto?".

Pero la periodista no se dejaba encerrar. No, le pregunto a usted, que es la ministra.

"Y yo te voy a preguntar ¿Tú crees que hay evidencia? O sea, la pregunta es al revés. No hay ni una sola evidencia de que el feto sufra".

¿Sufre el feto?

Los neurólogos distinguen entre nocicepción y dolor consciente. El feto desarrolla receptores nerviosos (nociceptores) capaces de detectar estímulos nocivos que pueden dañarlo (y sin duda el aborto es uno de ellos) relativamente pronto.

Ecografía.

Ecografía. Archivo

Pero para experimentar dolor consciente, es necesario que existan conexiones de esos receptores con ciertas partes del cerebro. La neuropediatra María José Mas Salguero concluye que hay respuestas nociceptivas y de estrés fetal desde la mitad del segundo trimestre.

Esto no prueba la existencia de dolor consciente, pero tampoco se puede descartar alegremente, como hizo la ministra.

A partir de las 22-24 semanas parece que ya no hay ninguna duda de que el dolor consciente está presente. Y por eso la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda anestesia o analgesia en procedimientos invasivos.

En todo caso, esta no es la cuestión. Si la ausencia de dolor consciente eliminara cualquier restricción moral, un homicidio dejaría de ser moralmente reprobable si previamente se anestesiara a la víctima.

Pero la ministra ya estaba contraatacando a la periodista. "Tu pregunta tiene una carga negacionista del derecho de las mujeres".

Es decir, según la ministra, si se cuestiona la existencia de dolor fetal, o cualquier tipo de secuela psicológica en la mujer, el derecho al aborto se tambalea.

Por eso, cuando a continuación afirmó que "hay evidencia científica más que de sobra de que el feto no sufre, y hay evidencia científica más que de sobra de que esto no supone un trauma para las mujeres", dio la impresión de que la secuencia lógica se había alterado: hay un derecho indiscutible al aborto, luego no puede existir sufrimiento fetal ni repercusiones en la salud mental de la mujer.

Y la ministra continuó: "Introducir esa variable es (…) perverso para lo que estamos intentando evitar, culpabilizar a las mujeres".

Porque la pregunta de la periodista coincidía con una campaña lanzada por el Ministerio de Sanidad, dirigida a las mujeres que podrían plantearse abortar, que dice: "Sientas lo que sientas, pienses lo que pienses, decidas lo que decidas, estará bien".

Aunque te parezca mal, aunque te sientas mal, en realidad está bien.

Por eso, para la ministra es perverso introducir el sufrimiento, porque entonces no estaría bien. El feto no puede sufrir porque culpabilizaría a las mujeres y, en general, empañaría la causa feminista.

Sería de muy mal gusto que el feto sufriera, cuando de lo que se trata aquí es de los derechos de las mujeres.

"Nadie suele ocultar la eliminación de un quiste. Con el aborto es diferente", se quejaba hace unas semanas Ana Requena Aguilar, redactora jefa de género de eldiario.es y creadora del blog Micromachismos.

De eso se trata, y eso es lo que pretende la campaña: considerar que el aborto es algo así como eliminar un quiste.

A fin de cuentas, según recordó la ministra, la decisión "está amparada por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sobre sus vidas".

La primera parte de la proposición es falsa. A diferencia de un quiste, el feto no es una parte del cuerpo de la mujer sino un cuerpo diferente con una estructura genética diferente.

Por eso, la segunda parte es sólo parcialmente cierta: la mujer no sólo está decidiendo sobre su vida, sino también sobre la de ese cuerpo que lleva en su interior.

No sé si el feto sufre o no, pero sin duda al abortar (como diría William Munny) "le quitas todo lo que tiene y todo lo que llegará a tener".

En suma, la única manera de mantener moralmente inmaculado un supuesto derecho de la mujer, y de eliminar los reparos morales de las que pretendan hacer uso de él, es quitar importancia al feto, que es el ser realmente desprotegido de la situación.

Esta subordinación del nasciturus al feminismo es el inicio de una pendiente resbaladiza que acaba en la decisión de Massachusetts de poder abortar hasta el momento del parto, y en mujeres mostrando su apoyo a una madre que mató a sus tres hijos.

No se trata de culpabilizar ni estigmatizar a nadie. Pero quitar importancia al aborto, simplemente para que la causa feminista luzca impecable, y para liberar de un dilema moral a las que deciden practicarlo, es estrictamente una aberración.