Imagen de Nicolás Maduro compartida por Donald Trump.

Imagen de Nicolás Maduro compartida por Donald Trump.

Columnas LA CAMPANA

¿Dónde estaba "el Derecho internacional" cuando Maduro robó las elecciones?

Las cosas han cambiado. El gendarme (Estados Unidos) se ha vuelto macarra y ha decidido aporrear a sus vecinos cuando se portan mal.

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La "legalidad internacional" está siendo invocada tras la intervención de Estados Unidos y la abducción del dictador Nicolás Maduro.

"La legalidad internacional ha sido atropellada, y esto nos conduce a un mundo peor".

Es una preocupación legítima. Desde luego, no es la primera vez que ocurre.

Desde la caída del Muro, Rusia ha protagonizado una serie de agresiones e invasiones que incluyen Georgia y Ucrania.

Y también los Estados Unidos, normalmente más respetuosos con el orden internacional, se han permitido algunos atajos.

En 2011, bajo la presidencia de Barack Obama, miembros de los SEAL invadieron el espacio aéreo de Pakistán, aterrizaron en Abbottabad, ejecutaron a Bin Laden, se llevaron su cuerpo, y lo lanzaron al mar sin más ceremonias.

El entonces presidente Zapatero reconoció en el Congreso lo correcto del procedimiento.

El expresidente estadounidense Barack Obama y el presidente Donald Trump el día del funeral de Estado del expresidente Jimmy Carter.

El expresidente estadounidense Barack Obama y el presidente Donald Trump el día del funeral de Estado del expresidente Jimmy Carter. E.P

Uno de los argumentos que se emplean para reforzar la defensa de la legalidad internacional es la soberanía de los países. Si un país se permite atropellarla ya no estamos en una comunidad internacional, sino en la jungla.

Este argumento es perfectamente válido en el caso de la invasión de Ucrania por Rusia (por cierto, los que ahora invocan la soberanía, pero niegan la posibilidad de que Ucrania, soberanamente, decida incorporarse a la OTAN, tienen algún problemilla conceptual).

Pero ¿es igualmente aplicable a Venezuela?

¿Dónde estaba la legalidad internacional cuando Maduro secuestró la soberanía venezolana y robó las elecciones?

¿Dónde ha estado la soberanía venezolana a lo largo de toda la dictadura chavista?

A los ocho millones de exiliados venezolanos ¿se les puede decir que eran soberanos?

Por otra parte, es llamativo hablar de soberanía en un país en el que la dictadura ha permitido una especie de colonización cubana.

Pedro Sánchez, con su habitual tosquedad, ha puesto un tuit comparando la situación de Venezuela, Ucrania y Gaza.

El actor Juan Luis Botto emitió otro quejándose de la “ley del más fuerte” que parece estar imponiéndose. Pero no se recuerda que la ley del más fuerte le preocupara cuando Maduro robó las elecciones y encarceló y torturó a disidentes.

El lunes, en una manifestación en contra de la intervención estadounidense, un venezolano, exiliado de su país y feliz por la desaparición de Maduro, se acercó a recriminar a los manifestantes que se alinearan con un dictador.

Los manifestantes exhibieron su preocupación por la legalidad internacional y su total indiferencia por el venezolano real, al que llamaron “fachapobre”.

Y esta es la cuestión ¿no hay algo ligeramente obsceno en invocar la legalidad internacional (muy recomendable) ante la alegría de unos venezolanos que han sufrido una dictadura atroz que parece haber llegado a su fin?

Les recomiendo que vean la intervención en televisión de Anaís Castro, una exiliada venezolana en Argentina, para que entiendan a qué me refiero.

Y a todo esto ¿la dictadura de Maduro no incumplía la legalidad internacional?

Pues sí. Hay numerosos informes y resoluciones que condenan las continuas violaciones de derechos humanos.

El problema es que cualquier sistema legal se queda cojo si no tiene capacidad para imponer coercitivamente sus decisiones.

Las matanzas de bosnios que culminaron en Srebrenica no fueron detenidas por la legalidad internacional (en realidad, la ONU cedió amablemente el paso a Radko Mladic para que procediera a la masacre).

La matanza se detuvo por los bombardeos de la OTAN sobre posiciones serbiobosnias, e incluso Belgrado.

Esta decisión, por cierto, no contó con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, porque la “legalidad internacional” puede ser vetada por miembros tan respetuosos con ella como Rusia y China.

En realidad, el sistema de Derecho internacional que nació después de la II Guerra Mundial se basaba en la existencia de un gendarme encargado de vigilar a los países macarras.

Por eso, siempre que había algo parecido a un genocidio en marcha (el gaseamiento de los kurdos por Sadam Hussein, la guerra en Yugoslavia, Ruanda, Darfur, Siria) el mundo occidental no miraba a la ONU, sino a Estados Unidos.

El presidente ruso, Vladímir Putin, estrecha la mano de Nicolás Maduro durante una reunión en el Kremlin.

El presidente ruso, Vladímir Putin, estrecha la mano de Nicolás Maduro durante una reunión en el Kremlin. Alexander Zemlianichenko Reuters

Y los americanos tenían que hacerlo a costa de su dinero y de la sangre de sus soldados, mientras que, con frecuencia, los europeos arrugaban la nariz como diciendo “qué toscos son estos yanquis”.

Eso es lo que ahora ha cambiado: el gendarme se ha vuelto macarra y ha decidido aporrear a sus vecinos cuando se portan mal. El vigilante va a intervenir en su área de influencia y, prioritariamente, por sus propios intereses.

Ahora Europa, que tanto lo había criticado, se encuentra con que no hay policía cuando el gánster llama a su puerta. Su supervivencia depende de que entienda que debe convertirse rápidamente en gendarme.

Y la cosa se pone realmente fea en el área de influencia de China, claro. Taiwan debe de haber contemplado los acontecimientos con bastante aprensión, y la preocupación de Japón y Corea del Sur debe de ser notable.

Como ven, el mundo que viene es más oscuro.