Quim Torra llegando a la cárcel de Neumünster el pasado 26 de marzo

Quim Torra llegando a la cárcel de Neumünster el pasado 26 de marzo EFE / SRDJAN SUKI

Columnas LA IMAGEN DE LA SEMANA

Ignatius J. Reilly alias Quim Torra

Cuando, a última hora de la tarde del jueves, Carles Puigdemont arrojó sobre las redacciones el nombre de Quim Torra, los periodistas de Madrid volcaron su habitual desconocimiento sobre los próceres de la República catalana colapsando la Wiki en busca de alguna referencia con la que pergeñar perfiles apresurados. Googleando, googleando, pronto comprendimos que el candidato a presidir la Generalitat es un fanático que no ha perdido ocasión de demostrar su odio a España y de falsificar la Historia. Cuál fue nuestra sorpresa cuando de las agencias nos llegó esta imagen, entre ridícula y tierna, del protagonista de la semana.  

En ella vemos a Quim Torra tras visitar a su mentor en la cárcel de Neumünster. Vemos a un hombre aparentemente inofensivo, mofletes sonrojados, bocabadat por la atención mediática que suscita, y tocado con una gorra como la que usaba Ignatius J, Reilly en La conjura de los necios. Será un defecto colonizador esa tendencia tan española de juzgar por las apariencias, pero viendo esta foto, y a tenor de las obras y milagros de Quim Torra, resulta imposible no advertir semejanzas entre el estrambótico y entrañable protagonista de la novela de Kennedy Toole y el sucesor designado por Puigdemont.

Ignatius es un hombre inadaptado y anacrónico que se dedica a escribir una obra magna con el propósito de devolver a la humanidad a la época medieval. El tal Torra es también un incomprendido por España y los españoles, y sueña con devolver Cataluña a 1714 para derrotar él solo a las tropas borbónicas y restituir a los habsburgo.

Ignatius es cruel y egoísta, trabaja poco vendiendo salchichas en la calle, vive en casa de su madre, y se pasa el día redactando pensamientos disparatados que resultan simpáticos de puro delirio. Torra es un xenófobo, siempre ha vivido del pesebre separatista salvo un tiempo como vendedor de seguros, trata a los españoles de “expoliadores”, “fascistas”, “locos”, “exportadores de miserias materiales y espirituales” y se ha explayado en Twitter pero sin la gracia ni el talento del personaje de Toole.   

Nadie diría que un hombre de esta guisa está llamado -CUP mediante- a dinamitar "los muros de la patria mía", que escribió el facha de Quevedo. Pero como Castilla desprecia cuanto ignora en su ceguera extractiva, más nos vale a todos andarnos con cuidado no sea que Torra acabe haciendo bueno a Puigdemont.