Toni Nadal, en su casa de Porto Cristo, en Mallorca.

Toni Nadal, en su casa de Porto Cristo, en Mallorca. Álvaro Imbert

Opinión HABLANDO SOBRE ESPAÑA

Toni Nadal: "De haber hecho lo que Djokovic con las vacunas, los muertos podrían ser 10 veces más"

"Muy mal diría de la sociedad española si un tipo como yo llegara a ser ministro" /  "No puedo estar de acuerdo con un Gobierno que sataniza a los empresarios" / "Todos nos autocensuramos más hoy que hace treinta años"

9 abril, 2023 03:03

Toni Nadal no “entra en política”, pero se “vincula” a Feijóo. Para él, casi como si de un lingüista se tratara, son muy importantes las palabras. Y, qué narices, tiene razón. Los verbos no son inocentes. En el principio... era el verbo. Estos son los verbos de Toni Nadal literalmente transcritos. "Porque, si no, usted resume y se puede interpetar otra cosa".

Hay en él cierta suspicacia, que va combinando con la ironía y el sentido del humor. Es la suspicacia del que se ha visto metido en más de un lío por un titular que no refleja "exactamente" lo que... Al final de la conversación, confesará: “No resulta fácil hacer estas entrevistas, ¿sabe?".

Para nosotros tampoco resulta fácil entrevistar a Toni, aunque haya sido nuestro “tío Toni” durante décadas, en ese palco que se iba inundando de grand slams. Porque a este entrenador de tenis, en el circuito, lo llamaban “Doctor No” debido a su afán por debatir. En algunos momentos, el peloteo será intenso y no podremos parar a beber agua. Igual que hacía con su sobrino, seremos nosotros los que recogeremos las pelotas del suelo. No conviene tocarle las pelotas a Toni. La línea entre Borg y McEnroe es mucho más delgada de lo que parece.

Al comenzar, será esto un partido en una pista de Wimbledon. Rápido, conciso. Con alguna broma, como por ejemplo llamarle “ministro”, estiraremos los puntos y acabaremos jugando en tierra batida. Más despacio, con más metros para la charla. 

Feijóo acaba de fichar a Toni para esa fundación que intentará dotar de ideas novedosas al PP. Le pedirá propuestas en torno a los tres ámbitos que más interesan al entrenador: el Deporte, la Educación y los jóvenes. Con la mezcla de los tres, fabricó al deportista español más laureado. No se puede negar la evidencia empírica de su éxito.

La primera vez que llamamos a Toni, escuchamos de fondo gemidos de hombres y mujeres. Eran los gritos de sus alumnos. Pero de no saber que llamábamos a un Nadal, podríamos haber pensado que habíamos establecido contacto con el rodaje de una peli porno. Toni no para. Compagina su trabajo en la academia con el entrenamiento de su discípulo, Felix Auger-Aliassime, canadiense y número siete del mundo.

Toni Nadal Homar (Manacor, 1961) se define como liberal. Partidario de una fórmula a medio camino entre la tecnocracia y la meritocracia. Quiere para el país el gobierno de quienes hayan demostrado antes una experiencia positiva en su campo de actuación.

Asegura que este “fichaje” no es el prólogo de nada. Niega taxativamente que quiera ser ministro y afronta esta aventura como un ciudadano que pondrá en manos de un político lo aprendido durante tantos años en el deporte de élite. Ahí va el Sabina de los tenistas. Con su voz rasgada y su conversación inconformista.

¿Cómo fue la llamada de Feijóo?

Primero me llamó la número uno del PP aquí, en Baleares. Me dijo que Feijóo quería hablar conmigo. Entonces me llamó Feijóo y me explicó en qué consiste la fundación y qué quiere de mí. Me aclaró que no se trataba de una incorporación a la política. Además, yo no tengo esa pretensión. 

Es un asesoramiento, entonces.

Sí, consejos acerca de Deporte, Juventud y Educación. Me pareció interesante. No conocía personalmente a Feijóo, pero las veces que lo he escuchado me ha gustado. Me parece una persona moderada y con sentido común.

¿De verdad no se conocían de antes? Ha sido una cita a ciegas, como en ‘First Dates’.

Nunca he visto ‘First Dates’ [sonríe], así que no puedo opinar sobre el paralelismo. Conozco el mundo del deporte de élite, creo que puedo aportar cosas.

¿Le había propuesto algo así algún otro partido en el pasado? Usted lleva varias décadas en primera línea.

Un partido me ofreció encabezar una lista electoral, pero dije que no. Ya le digo: no tengo ambiciones políticas. Evidentemente, lo que pasa en mi país me interesa y me concierne. En concreto, lo que sucede en el ámbito de la educación. Por eso quiero aportar. Pero no tengo perfil político. 

Alberto Núñez Feijóo presenta los fichajes de la nueva fundación del PP con Toni Nadal a su derecha.

Alberto Núñez Feijóo presenta los fichajes de la nueva fundación del PP con Toni Nadal a su derecha. Jesús Hellín Europa Press

¿Fue el PP el partido que le ofreció encabezar esa lista electoral?

No. No fue el PP y no le voy a decir quién fue.

Dice que no está entrando en política. Y es verdad. Pero sabe que dando este paso su nombre aparece vinculado a un partido político. Teniendo en cuenta el desprestigio de la política, muchos ciudadanos se preguntarán: ¿por qué lo hace?

No, no, esto no me vincula a un partido. El que me llamó fue Alberto Núñez Feijóo y algo vinculado me voy a sentir a él, como es lógico. Pero no necesariamente al PP. Si Felipe González, a quien voté hace tiempo, me hubiera propuesto algo parecido, habría aceptado. No es un tema de siglas. Para mí, lo principal es la persona. Escucho a Feijóo y me siento cerca de lo que dice.

Hombre, Toni, pero el hecho de aceptar formar parte de esa fundación genera un vínculo entre usted y el proyecto político.

Algunos partidos nunca me pedirían colaborar conscientes de que mi manera de pensar no está cerca de la suya. Si lo que usted me pregunta es: “¿Le gusta el modelo Feijóo?”. Yo le digo sí. Me explicó su visión de las cosas. Coincide bastante con la mía.

Eso es a lo que me refería: al verle en esta fundación, los ciudadanos infieren que usted considera bueno para España el proyecto de Feijóo. Si usted no quisiera que Feijóo fuera presidente del Gobierno, no le ayudaría. 

En el presente, siempre se busca la confrontación. Y cuando escucho a Feijóo, no creo que él la busque. Hay muchos más puntos en común que discrepancias entre los grandes partidos. Otra cosa es que los líderes se empeñen en buscar las divergencias. No veo eso en Feijóo. 

Ahora que va a entrenar usted a Feijóo, no deje a Felix Auger-Aliassime, que es buenísimo (jugador canadiense ahora discípulo de Toni Nadal, actual número 7 del mundo). 

Que Felix lo haga bien es mi trabajo. Feijóo no necesita que yo le entrene. 

Entre su familia y sus amigos habrá quien le haya dicho: “Toni, estás loco, para qué te metes en este lío”.

Rechazarlo para no despertar recelos habría sido la posición más cómoda.

Por cierto, preparando esta conversación he visto en ‘Diario de Mallorca’ el siguiente titular: “Rafa Nadal al tío Toni: ‘¿Para qué te metes en política?’”. 

El que lo ha escrito se lo ha inventado. No he hablado con mi sobrino de este tema, así que imagínese. Es curioso que un periodista conozca una conversación privada. Ojo, podría conocerla. Pero le aseguro que eso que ha publicado no es cierto.

"Rechazar la propuesta de Feijóo para no despertar recelos habría sido la posición más cómoda"

A lo largo de la entrevista, ha enumerado los rasgos que le gustan de Feijóo. ¿Cuáles son los rasgos que no le gustan del Gobierno y que le empujan a promover un cambio? 

Me gustaría vivir en una sociedad donde no se me diga constantemente cómo tengo que pensar, cómo tengo que actuar, cómo tengo que decir las cosas, qué me tiene que gustar… Quiero una sociedad donde los individuos ejerzan su responsabilidad y no sean tutelados constantemente. Percibo un exceso de injerencia política en la vida social. Tengo un sentido liberal de la política. Me gustan la educación y la meritocracia. 

Un político, teóricamente, es un gestor de la sociedad. Tienen que responder de sus actuaciones. Por eso me choca cuando no contestan a los periodistas. Concibo así la política, como un acto de servicio público. Me gusta que quien esté al frente tenga un compromiso con la sociedad, con quienes le han elegido y con quienes no lo han hecho. Le puedo describir, si quiere, el prototipo de político que me gusta.

Diga.

Una persona sin demasiado afán de poder. Las ambiciones desmesuradas son nocivas. Los políticos con esas ansias de poder son peligrosos. El mundo está lleno de ejemplos y todos conocemos los lugares a los que esos políticos conducen las naciones que gobiernan. No me gustan esos políticos que dicen una cosa y hacen la contraria.

Me está viniendo uno en concreto a la cabeza.

No, no. No me refiero a nadie en concreto.

Ya, ya…

De verdad, los hay de todos los colores.

Antes me hablaba de Felipe González: de manera indirecta, me ha dado la sensación de que usted quería decir que el PSOE ha cambiado mucho.

El PSOE ha cambiado. Oiga, cada cual según sus luces, ya lo decía Lenin. Yo comparto más la visión del PSOE de antes. 

Es la primera vez que existe un conflicto tan explícito entre el Gobierno y los empresarios. Me vienen a la cabeza Amancio Ortega, Juan Roig, Rafael del Pino… Usted está lejos de todo eso, pero es alguien al que le ha ido bien económicamente con su profesión. ¿Le incomoda el punto en que Moncloa ha situado el debate?

Es otra de las cosas con las que no puedo estar de acuerdo. No puedo estar de acuerdo con quien sataniza a un sector de la población, con quien sataniza a los empresarios. Hay empresarios buenos y malos, trabajadores buenos y malos. Pero si no quieres empresarios, ofréceme algo que los sustituya y contribuya a levantar al país. 

La política, desprestigiada o no, es el camino para cambiar las cosas. A usted que le gustan las enseñanzas de los griegos: se atribuye a Aristóteles eso de que “la política es el arte de lo posible”. ¿Tiene usted ambiciones de gestión? ¿Se imagina de ministro?

No tengo la preparación suficiente para ser ministro. Cuando uno alcanza un cargo de ese nivel, debe haber demostrado su valía y su capacidad. 

Más de Deporte que Iceta ya sabrá usted.

Bueno, igual sí, pero… Da igual. No me veo de ministro. Para gestionar un presupuesto tan grande, debe tratarse de gente muy capaz. Ya en las sociedades tribales, el líder era normalmente el más preparado. Aspiro a vivir en una sociedad donde los más preparados sean los que ejerzan los liderazgos. Y yo no soy el indicado [sonríe]. 

¿La política le ha interesado más ahora o ya de chaval le gustaba?

En mi época de estudiante, estaba en Barcelona. Vivimos la Transición. Seguíamos la política. Creo que el interés entonces era generalizado. Me interesa la política, sí, pero no una barbaridad. Me interesa en la medida en que formo parte de la sociedad, pero no la estoy siguiendo todo el día.

Muchos de los que con sesenta años defienden posturas liberales, como es su caso, fueron en su juventud comunistas, de bandera roja... ¿Usted ha hecho también esa evolución?

Cuando murió Franco, yo tenía quince años. De joven, crees más en las utopías y el pensamiento se va moderando con la edad. Sin embargo, yo no estuve demasiado en eso… Toda la vida he tenido un pensamiento, en cuanto a la política, bastante similar.

"No quiero ser ministro. No tengo la preparación suficiente"

El otro día, fueron muy polémicas unas declaraciones suyas. Dijo que había mucha más libertad en España hace treinta años que ahora. Explíquemelo.

No creo que sean polémicas mis declaraciones. Es una cosa sabida. Hay bastante menos libertad hoy. En lo que decimos, en cómo se nos va a interpretar. Todos nos autocensuramos y vamos con cuidado. En la Transición y los años posteriores había una mejor libertad. Recuerdo aquel programa, La Tarántula, yo solía escuchar. Coincidían Miguel Herrero, Ernest Lluch, Santiago Carrillo… Era otra forma de hacer. Hemos llegado a un punto…

Estoy de acuerdo en que existe una deriva puritana, pero discrepo de que haya menos libertad hoy en España que hace treinta años. Por un factor fundamental: en aquel tiempo, en este país, te podían pegar un tiro por defender unas ideas. Hoy, no. Objetivamente, no había más libertad que ahora.

Es verdad eso que usted dice. Desgraciadamente, eso ocurría. Hoy, quienes hacían eso llaman fascistas a los demás. Pero yo hablaba de lo institucional. Esa era una grave falta de libertad, pero no partía de las instituciones. Quienes atacaban esa libertad eran unos asesinos. Convivíamos con esa lacra social, pero las instituciones peleaban por la libertad. 

¿Y dónde cree que ha nacido esa deriva puritana? ¿En la izquierda o en la derecha? 

Creo que ha nacido en Estados Unidos. Mi sensación es que todo esto de lo políticamente correcto empezó allí. Y me parece curioso que lo hayan abrazado en España. También creo que unos abogados muy espabilados vieron un filón en esto para sacar dinero. 

El ser humano debe tender a la mejora, al perfeccionamiento. Pero hemos llegado a un punto… Pongo un ejemplo: no le puedes decir a un negro que es negro. Mientras no pretendas ofender y te conduzcas con respeto… ¿por qué no? Es que no lo entiendo. Por supuesto que sé que ha habido racismo durante mucho tiempo. Pero el racismo no se combate sólo con palabras, sino con hechos. ¿Combatir el racismo es evitar decir “negro”?

Toni Nadal posa para EL ESPAÑOL en su casa.

Toni Nadal posa para EL ESPAÑOL en su casa. Álvaro Imbert

Hablemos de educación. Es uno de los temas por los que Feijóo ha recurrido a usted. La nueva Ley de Educación elimina las notas numéricas en la ESO, se puede pasar de curso con varios suspensos. Me da la sensación de que esta filosofía tiene poco que ver con su manera de entrenar a los chavales.

No podemos caer en eso de decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. En el pasado, por ejemplo, había profesores que se reían de los alumnos que no rendían y los humillaban. Pero hemos pasado al otro extremo. Oiga, si un alumno no adquiere el conocimiento que se le exige, debe suspender. ¡Evidentemente!

Si no, ¿adónde llegaremos? Si continuamos con esta tendencia, un chaval podría sacarse la carrera de Medicina sin aprobar las asignaturas. Porque no habría que suspenderle para no ofenderlo. Me interesa mucho la educación. Mi mujer es profesora de instituto. Creo que los políticos están actuando en beneficio propio. 

¿A qué se refiere?

Con estas reformas, se reducen los suspensos y el abandono escolar. Entonces, parece que la educación en España va mejor. Corremos el riesgo de que los alumnos acudan a los centros sin el interés de aprender y mejorar. Creo que la educación debe ir por otros derroteros.

Ya no se trata sólo de los colegios: la manera de educar en casa también ha cambiado mucho de veinte años a esta parte. ¿Usted lo ha notado en las pistas? ¿Cómo son los jóvenes de hoy y cómo eran en 1995?

Antes, cuando un padre te traía a su hijo a entrenar, el padre sabía que se tenía que adaptar al entrenador. Hoy, los padres pretenden que los entrenadores se adapten a ellos. Hay mucha más frustración ahora que antes entre los jóvenes. Porque los estamos acostumbrando a que no se les pueda ofender. Se les ponen las cosas mucho más fáciles. 

Soy de los que piensa que todo lo que facilita acaba debilitando. Si no te has tenido que enfrentar a grandes problemas y te han ido apartando las piedras del camino, resulta normal que luego esos jóvenes no sepan enfrentarse a los problemas. Creo que educar es preparar para el futuro. Hablo de la costumbre de afrontar los problemas. Si lo que procuramos es que los chicos no tengan problemas, ¿cómo van a saber resolverlos por sí solos? Ojalá quienes elaboran las directrices educativas fueran personas que hubiesen demostrado una gran capacidad en ese ámbito.

"Antes, los padres se adaptaban a los entrenadores y profesores de sus hijos. Ahora quieren que nosotros nos adaptemos a ellos"

¿Usted se ha rendido? Recuerdo algunas anécdotas que ha contado de cómo educaba a su sobrino. Si se olvidaba el agua, no había agua. Le dejaba llegar a 19 puntos en un partido de tenis de mesa en que había que llegar a veinte… y luego le ganaba. Todas esas técnicas que usted concebía adecuadas para que el joven aprendiese a tolerar la frustración. ¿Se ha moderado mucho con los chicos de hoy usted también?

Fui un entrenador duro con mi sobrino. Pero fui tan duro porque le tenía una gran estima. Procuro sentir esa estima por todos los chicos a los que entreno. De hecho, mantengo muy buena relación con alumnos de hace mucho tiempo. Aunque he tenido que ir cambiando ciertas cosas.

¿Por ejemplo?

Propuse aquí, en la Academia, que los alumnos no bebieran durante la primera hora para que aprendieran a sufrir un poco. No sabe usted la que se montó. ¡Pero no hablo de los padres! También la nutricionista y otros entrenadores. “¡Esto no es saludable!”. Pero respondí: “Hacer deporte de alto nivel no es saludable. Para resistir, se necesitan hechos”.

Decía Goethe: “El talento se educa en la calma, pero el carácter se construye en la tempestad”. El carácter necesita hechos. Soy un entrenador exigente con aquellos que se exigen. No lo soy con los que no tenían una gran pretensión. Por supuesto, mantengo con ellos un gran compromiso porque sus padres pagan para que yo les enseñe, pero no es lo mismo.

Pero, en medio de estas tendencias educativas, ¿usted está siendo capaz de mantener su modelo?

Es más difícil, pero tengo una ventaja. Al haber entrenado a mi sobrino y haber alcanzado cierto éxito, se me tiene una consideración y un respeto superiores a los de otros entrenadores. Pero sí, claro, he tenido que adaptarme.

Al final tuvo que dejar beber agua a los chavales.

Eso es. Bebieron agua todos.

¿Estos cambios tienen un efecto directo en el rendimiento deportivo? ¿Cree, por ejemplo, que debido a estas diferencias educativas, a los tenistas jóvenes de hoy les está costando tanto dar el relevo a Nadal, Djokovic y compañía? 

Les está costando a los jóvenes, sí. Hombre, Nadal y Djokovic están más cerca de su fin. Pero veo una cosa: Djokovic, sin ser el mismo que en 2015, sigue ganando. Lo digo con otras palabras: si en aquel tiempo ganaba estando a un nivel 10 y hoy gana estando a un nivel 8, significa que el nivel en general ha descendido. 

Pero…

Sí, sí, ya sé que Alcaraz es muy bueno, pero no responde al modelo del que hablamos. Antes, en el circuito, había más gente dispuesta a pelear y a jugar cuando las cosas van mal. La diferencia se marca cuando un jugador afronta un partido sin estar bien. Antes, estábamos más acostumbrados a convivir con lo que nos incomodaba.

"Si Djokovic sigue ganando hoy con menos nivel que en 2015, eso significa que el nivel en general ha descendido"

Una pregunta deportiva: ¿cómo ve la carrera de su sobrino en el corto plazo? Se acerca Roland Garros.

Cuando los periodistas me preguntan cómo está Rafael, digo: “Muy bien, muy bien”. Y luego añado: “Si no lo estuviera, os diría lo mismo”. Ahora en serio: soy una persona positiva. Siempre que Rafael salía a jugar, pensaba que ganaría. Aunque jugara con Djokovic o Federer.

Quiero seguir pensando lo mismo. Quiero pensar que, cuando llegue Roland Garros, estará en disposición de ganar. Sé que es muy difícil. Sé que es difícil ganar a Djokovic, Alcaraz o Tsitsipás. Pero si mi sobrino está bien, y creo que lo estará, tendrá sus opciones de proclamarse campeón. 

Tiene usted una papeleta complicada. Pongamos que llegan las semifinales de Roland Garros y que el rival de su sobrino es su actual discípulo, Felix Auger, número 7 del mundo.

El año pasado se enfrentaron en Roland Garros y fue muy difícil para mí. Cuando Felix vino a pedirme colaboración, le dije: “Puedo dártela, pero que sepas que si juegas contra mi sobrino, iré con mi sobrino”. 

Jode, ¿se lo dijo usted así? ¿Directamente?

Sí. Oiga, a mí no me gusta engañar. El día anterior al partido que les enfrentó, de hecho, me ausenté del entrenamiento. Además, ya le digo, era Roland Garros. Luego jugaron en Turín y ganó Felix. En esa ocasión, fue diferente porque vi que Rafael no estaba en plenitud de condiciones. Entonces me iba bien que ganara cualquiera de los dos. Soy su tío. Si juega Rafael, y más en Roland Garros, quiero que gane Rafael.

Se me ha quedado una pregunta en el tintero sobre las leyes educativas: otra de las novedades pasa por incluir la “perspectiva de género” y la “memoria democrática” en varias asignaturas. ¿Qué piensa?

Crecí en una sociedad en la que había dos géneros. Si uno se cambiaba de género, pasaba a ser del otro. Yo no sé qué dicen los científicos de lo que pasa hoy. Creo que deberíamos escucharlos más. Mi lógica me dice que, por querer ser un camión, uno no es un camión. Si un científico me dice que uno es mujer si se siente mujer, perfecto. Es la opinión de los científicos la que debería prevalecer. 

Mire, yo estudié Historia, aunque no acabé la carrera. Me parece una asignatura fundamental. Es muy importante que los jóvenes conozcan las barbaridades que ha sido capaz de hacer el ser humano. Pero para enseñar Historia debe tenerse un gran sentido de la ecuanimidad. No puede ser que el juicio sobre un hecho cambie en función del lugar desde donde se mire.

Se está empezando a estudiar la Historia como si fuese un gran partido de fútbol. Yo soy del Barcelona, pero con esto del caso Negreira, ¿qué más me da que lo haya hecho el Madrid o el Barça? Mi opinión es la misma. 

Toni Nadal junto a su sobrino Rafa Nadal tras ganar este uno de sus Roland Garros, en una imagen de archivo.

Toni Nadal junto a su sobrino Rafa Nadal tras ganar este uno de sus Roland Garros, en una imagen de archivo. EFE

Ya que ha mencionado el caso Negreira: ¿qué sensaciones tiene?

Muy malas. Primero, por el propio Negreira. El presidente de los árbitros, como la mujer del César, tiene que ser honesto y parecerlo. Me resulta inconcebible que él cobrara esas cantidades y que el Barça las pagara. No creo que el Barcelona se haya visto beneficiado por las actuaciones de Negreira, pero si le estaban pagando un dineral, debe esclarecerse para qué.

Ojalá todo esto no fuera cierto. Las explicaciones que estoy leyendo me parecen incoherentes. Si todo esto es lo que parece, debería inhabilitarse a los directivos, pero no al club. Porque un club no son sus directivos. 

Con lo bien que educó usted a su sobrino, no sé qué narices ha hecho con el fútbol. Y lo mismo le digo de su hermano Miguel Ángel. Rafael Nadal es, por desgracia, madridista hasta la médula. Hicieron ustedes todo bien… salvo lo más importante.

A mi sobrino le encanta el fútbol. Y es un apasionado del Real Madrid. Pero yo no soy antimadridista, tampoco fui anti-Djokovic o anti-Federer [suelta una carcajada]. Quería que Djokovic perdiera porque así funciona la competición, pero la realidad es que siento por él un gran aprecio. 

Ha sido Djokovic un deportista muy cuestionado por su posición sobre las vacunas.

Mantenemos muy buena relación. Djokovic tiene sus principios, pero a veces uno tiene que cuestionárselos. Si todos hubiésemos actuado como él, a lo mejor habríamos multiplicado por diez los muertos de la pandemia. Es un excelente jugador y me parece una persona correcta. Ha tenido algunas actuaciones extrañas en la pista, pero han resultado aisladas. A todos nos ha pasado.

Quiero terminar hablando de Cataluña, porque usted es catalanoparlante. Feijóo propone un “catalanismo cordial”, un “catalanismo constitucionalista”. Todavía no ha explicado muy bien qué significa esto. Usted, que conoce bien Cataluña, ¿le dará alguna idea para forjar la convivencia allí? 

No le daré ideas de Cataluña, no procede. E s como si me pongo a hablarle de Economía. Le diré mi idea de Cataluña, eso sí: lo más importante pasa por entender dónde y cómo nació el problema. En esa etapa, creo que los políticos lo exageraron. Yo no concibo el odio a España. Soy catalanoparlante, viví seis años en Barcelona, siempre me trataron muy bien. Me gusta España con Cataluña dentro. 

Un sector de la población allí no se siente español. Creo, por ejemplo, que habría sido interesante y que habría contribuido a rebajar el problema que se hubiese establecido en Barcelona un ministerio. Me preguntaba por mi visión… 

Sí. 

Yo soy catalanoparlante, ya le decía, y creo que en Mallorca hablamos catalán, no mallorquín. Si no, todos seríamos políglotas. También hablaría el uruguayo, el colombiano, el peruano, el argentino, el chileno, el paraguayo… Hablo catalán, pero no por ello soy catalán. Lo mismo que un austriaco y un suizo no son alemanes. Lo mismo que un argentino no es español y que un estadounidense no es inglés. 

Me siento muy próximo a Cataluña. Mis hijos estudian en Barcelona y están encantados. Pero también lo estoy cuando voy a Madrid. La convivencia es entendernos. Soy de Baleares. Los isleños, normalmente, estamos muy apegados a nuestra tierra. La tierra es mi madre. Pero por querer a mi madre no odio a mis hermanos de Madrid o de cualquier otro lugar de España.

Adiós, ministro. 

¡Muy mal diría de la sociedad española que un tipo como yo pudiera ser ministro! Pero seguro que no va a pasar.

Los hemos tenido peores.

¿Usted cree?