Begoña Gómez y Pedro Sánchez

Begoña Gómez y Pedro Sánchez Efe

EL PASEÍLLO

Pedro Sánchez tenía una lista

Aún no hay imágenes de Begoña entrando en el IE en plan embajadora de la caridad. Lo hará en septiembre, junto a los miles de jóvenes que estrenan Madrid cada año puestos hasta arriba de merchandising con las iniciales de la institución. Todos tienen pinta de fundar startups con la mirada. Esquivando las mochilas y las botellas de agua aparecerá como una Claire Underwood de palo, rubia, alta, con ese empaque de barrio y la sonrisa adolescente de derretir scooters

Esta semana hemos comprobado que a Pedro Sánchez le da igual todo ya y lo entiendo porque me pasaría lo mismo. Imagino al poder tan ergonómico. Dirigir un país es una inversión y Pdr no tiene tiempo suficiente para hacer las cosas con calma, que se nos muere la legislatura. Debe tener una lista de acciones impresionantes escrita en una borrachera titulada ¿Te imaginas que soy presidente del Gobierno? Darle trabajo a amigos, volar con el avión oficial a un festival y ayudar a que Begoña obtenga ese puesto tan mono ya lo ha tachado, y yo estoy ansioso por ver lo que viene porque en estos casos avanzar es venirse arriba, calentarse: espero que entre sus planes esté organizar el festival en los jardines de Moncloa.

Lo de Begoña ha sido muy forzado, no sólo por el silencio sobre su curriculum. Riega el desierto informativo de agosto, le regala una almohada más confortable a Casado. El manejo de los tiempos con la posesión de la corrupción ha sido nefasto. Ya nadie se acuerda de por qué echó a Rajoy. Si Sánchez quería cuajar como un político de gestos siguiendo la estela cursi de Obama este puñado de acciones lo define mejor que el rescate del Aquarius. Los periódicos ya no hablan de la estrategia definitiva de Iván Redondo, la bomba de humo en la fiesta presidencial. No se sabe si estas cosillas son producto de su laboratorio. 

La resaca del procés nos devolvió un Pedro Sánchez con sentido de Estado, serio y prudente. Uno de los espejismos más reales del 1-O. Parecía que el tipo sin carisma que gritaba mucho en los mítines, imposible y superficial, se había quedado atrás. Ahora, tras rematar la remontada, se ha relajado tanto que sí, huele, nos envuelve el tufillo de lo que realmente es. Begoña ya tiene su selfie con África, el producto más cotizado del postureo veraniego. 

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