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Confirmado: Tu perro reconoce cuándo estás enfadado

14 febrero, 2015 12:11

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La interacción entre los animales domésticos y los humanos tiene siglos de antiguedad. Sin embargo, aunque es paradojico, hemos conseguido llegar a la Luna o a Marte y aún no entendemos completamente a nuestro perro. Por una parte, en su momento, nos preguntábamos si los humanos somos capaces de reconocer las expresiones de nuestros perros, o algo más allá, si los animales tienen emociones. Ahora le damos la vuelta a la tortilla: ¿tu perro sabe si estás triste o enfadado? ¿sabe reconocer las emociones de su dueño?

Tu perro sabe diferenciar si estás triste o enfadado

Pues por lo visto, según un reciente estudio publicado en Current Biology, a cargo de los investigadores del Instituto de Investigación Messerli de la Universidad de Viena, los perros sí son capaces de leer las expresiones faciales de especies diferentes, como los humanos en este caso. Es algo curioso, porque hay expresiones en nuestra especie que serían interpretadas de manera totalmente diferente en otros animales: Sonreir, sin ir muy lejos, se interpreta como un signo amistoso entre humanos, pero entre animales suele simbolizar “enseñar los dientes” y estar preparado para el ataque. Son cosas sutiles que los perros si parecen saber interpretar.

La primera pregunta que se realizaron los investigadores es si nuestros perros son capaces de saber lo que sentimos, pero para ello hay que empezar por lo básico: ¿un perro sabe diferenciar expresiones humanas? Sin poder diferenciar dichas expresiones, dificilmente se pueden leer emociones, y hasta el momento no había resultados concluyentes.

Por ello, se usaron 11 perros de raza collie, sheltie y fox terrier y se les colocó frente a una pequeña pantalla de ordenador que mostraba dos imágenes de la misma persona, enfadada o alegre, pero solo la mitad de cada cara (parte superior, donde se veían los ojos, o parte inferior, donde sólo se veía la boca). Algunos perros fueron entrenados para fijarse en la mitad de la cara enfadada y otros para fijarse en la mitad de la cara feliz. Si tocaban la cara correcta de la pantalla con su hocico, recibían un regalo a cambio.

Así pues, tras este corto entrenamiento, los perros jugaron cuatro rondas de caras. A veces se les enseñaba la otra mitad de la cara usada en el entrenamiento (si habían visto la parte superior de una cara enfadada, se les enseñaba la inferior, o al revés). En otros casos, se les enseñaba la mitad de la cara enfadada o feliz, como el entrenamiento, pero de una persona diferente; o con una emoción opuesta al entrenamiento. Se hizo esto hasta 10 veces con un total de 40 rondas con el objetivo de ver si los perros sabían diferenciar la expresión facial en si misma… y por lo visto, hasta entre un 70 y un 80% de veces, los perros acertaban (no podía ser azar), y con tan solo media cara.

“Esto significa que cuando los perros fueron entrenados con un conjunto original de caras felices o enfadadas no se basaron en las características de las fotos, sino que usaron una regla superior, como cara feliz o cara triste, lo que les permitió diferenciar las expresiones de las nuevas caras. Es un hallazgo sorprendente”

¿Los perros reconocen las emociones y saben su significado?

Ahora viene la pregunta del millón: Aunque un perro sepa distinguir expresiones faciales, ¿sabe que significan dichas expresiones? ¿un perro sabe asociar una cara feliz a la felicidad, valga la redundancia?

Este estudio no puede llegar tan lejos, pero sí nos deja algunas pistas. Resulta que aquellos perros que fueron entrenados y recompensados por acertar caras enfadadas no eran tan buenos en el aprendizaje como los otros, pues es posible que tuviesen que superar su instinto natural a alejarse de los estímulos aversivos, como las caras de enfado o amenazantes, con el fin de poder recibir su recompensa. Las caras de enfado, cuanto más lejos mejor, ¿no?

Por desgracia, no podemos saber si esta habilidad es innata o aprendida, aunque los investigadores ya se plantean la crianza de perros en su centro de veterinaria con el fin de averiguarlo.

Vía | LA Times.

Fuente | Current Biology.