Obús K9 del Ejército de Corea del Sur Indra
Indra y Hanwha abren una nueva etapa de cooperación en defensa entre España y Corea del Sur
Las armas surcoreanas han dejado de ser una presencia desconocida en Europa. Polonia ha adquirido carros de combate K2, obuses autopropulsados K9, lanzacohetes múltiples K239 Chunmoo y aviones de combate ligero FA-50. En febrero de 2026, Hanwha Aerospace inició además la construcción en Rumanía de su primera planta de producción europea.
A esta expansión se suma ahora un hito especialmente relevante para España. El 31 de agosto, Hanwha comunicó la firma con Indra de un contrato de ejecución para suministrar obuses K9 y equipos relacionados.
Hace apenas unos años, pocos europeos consideraban a Corea del Sur un socio principal en materia de defensa. ¿Cómo ha llegado hasta aquí y qué puede significar esta evolución para España?
Hace poco más de 50 años, Corea del Sur no exportaba sistemas de armas: dependía en gran medida de la asistencia estadounidense.
A finales de los años sesenta, la península coreana atravesaba una situación crítica. En 1968 se produjeron el intento norcoreano de asaltar la residencia presidencial en Seúl y la captura del USS Pueblo. Un año después, Corea del Norte derribó un avión estadounidense EC-121.
Hace poco más de 50 años, Corea del Sur no exportaba sistemas de armas: dependía en gran medida de la asistencia estadounidense.
En 1969, la doctrina Nixon exigió a los aliados asiáticos asumir mayor responsabilidad sobre su defensa. La posterior retirada de unos 20.000 soldados estadounidenses reforzó en Seúl la necesidad de crear una industria propia.
En 1970 se creó la Agencia para el Desarrollo de la Defensa (ADD) y al año siguiente comenzó el Proyecto Lightning, destinado a fabricar fusiles, ametralladoras, morteros y lanzacohetes. Sin tecnología militar avanzada, el país importó conocimientos, analizó equipos y acumuló capacidades de producción.
Su trayectoria puede resumirse en seis etapas: importación y ayuda, transferencia tecnológica, producción nacional, localización, desarrollo propio y exportación.
La industria militar se apoyó en la expansión de la siderurgia, la automoción, la maquinaria, la electrónica y la construcción naval. La capacidad para fabricar grandes series y cumplir plazos es resultado de esa acumulación industrial.
Para consolidarse en Europa, las plataformas surcoreanas deben responder a exigencias de interoperabilidad OTAN.
Tras la invasión rusa de Ucrania, los países europeos necesitan reponer y ampliar sus arsenales en plazos reducidos. La capacidad productiva surcoreana ha respondido a esa urgencia.
Según el indicador de volumen de transferencias del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Corea del Sur suministró el 8,6% de las principales armas importadas por los miembros europeos de la OTAN entre 2021 y 2025.
Se situó así como segundo proveedor, por detrás de EEUU, con el 58%. En el caso de Polonia, la participación surcoreana alcanzó el 47%.
Sin embargo, reducir su competitividad a la velocidad de entrega sería incompleto.
Para consolidarse en Europa, las plataformas surcoreanas deben responder a exigencias de interoperabilidad OTAN, mantenimiento, suministro de municiones y repuestos, participación industrial local y autonomía tecnológica.
Instrumentos europeos como SAFE muestran además que establecer una línea de montaje no basta. El origen de los componentes, el control empresarial y la capacidad europea para adaptar y desarrollar los sistemas también cuentan.
Ambos países competirán en algunos segmentos, pero poseen fortalezas complementarias.
Corea del Sur conoce bien este desafío: su industria nació mediante la absorción de tecnología exterior y la creación progresiva de capacidades nacionales. El programa K2 en Polonia refleja esa lógica.
El segundo contrato, firmado en 2025, contempla 180 carros, incluidos 64 K2PL, de los que 61 se producirán en Polonia. El objetivo es adquirir también capacidad de producción, operación y mantenimiento.
En julio de 2026, durante el Foro de la Industria de Defensa de la cumbre de la OTAN, el presidente Lee Jae-myung propuso elevar la relación a una 'Asociación Industrial de Defensa Corea-OTAN 2.0': investigar, producir y operar juntos, más allá de la compraventa de armamento.
En otras palabras, pasar de proveedor a socio.
España, más que un comprador
España no es solo un posible comprador. Cuenta con capacidades en construcción naval, industria aeroespacial, electrónica de defensa, sistemas terrestres e integración. Ambos países competirán en algunos segmentos, pero poseen fortalezas complementarias.
En marzo de 2026, Indra y Hanwha alcanzaron un acuerdo vinculante para desarrollar y fabricar en España una nueva familia de artillería autopropulsada de cadenas basada en el K9 y adaptada a las necesidades de las Fuerzas Armadas.
El programa industrial presentado por Indra incluye 128 vehículos de artillería, 120 vehículos de municionamiento, 11 de mando y control y 21 de recuperación. Indra anunció una inversión de 130 millones de euros y la creación de 500 empleos directos y 1.000 indirectos.
El contrato de ejecución anunciado el 31 de agosto convierte aquella cooperación industrial en un proyecto concreto. El valor, el número de unidades incluidas y el calendario permanecen sujetos a confidencialidad, por lo que no deben confundirse con las cifras globales del programa español.
*** Jung Han Hwang es director de South Compass Consulting y asesor de la Asociación Coreano-Latinoamericana y del Caribe