Submarinos diésel-eléctricos de última generación como la clase Sōryū.

Submarinos diésel-eléctricos de última generación como la clase Sōryū. Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón

Observatorio de la Defensa

Japón alerta de su peor escenario de seguridad desde la Segunda Guerra Mundial y acelera su rearme

Identifica a China como el principal desafío estratégico para Japón.

Misiles hipersónicos, buques Aegis y drones.

Más información: Japón dota a sus cazas F-2 con el misil antibuque Type 25 ante el rápido crecimiento de las capacidades navales de China

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Las claves

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Japón considera que enfrenta el entorno de seguridad más grave y complejo desde la Segunda Guerra Mundial, según el Libro Blanco de Defensa 2026.

El documento identifica a China como el principal desafío estratégico, junto al rearme nuclear y balístico de Corea del Norte y la cooperación militar con Rusia.

El Gobierno japonés acelera su rearme, aumentando el presupuesto de defensa, modernizando misiles, buques y sistemas no tripulados, e impulsando la innovación industrial y tecnológica.

Se prioriza la integración de nuevas tecnologías como drones, inteligencia artificial y defensa multidominio para adaptar las Fuerzas de Autodefensa a los conflictos modernos.

Japón ha certificado oficialmente un cambio de era en su política de seguridad. El Libro Blanco de Defensa 2026, presentado por el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, dibuja un escenario de creciente confrontación entre potencias en el Indo-Pacífico y concluye que el país afronta "el entorno de seguridad más severo y complejo desde el final de la Segunda Guerra Mundial".

El documento, elaborado durante un año por expertos civiles y militares del Ministerio de Defensa y de las Fuerzas de Autodefensa, refleja la creciente inquietud de Tokio ante el acelerado rearme de China, el avance de los programas nuclear y balístico de Corea del Norte, el fortalecimiento del eje Pekín-Moscú-Pionyang y la irrupción de nuevas formas de guerra derivadas de la experiencia del conflicto en Ucrania.

"El entorno de seguridad que rodea a Japón es tan grave y complejo como nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial", afirma Koizumi en el prólogo del informe, donde advierte además de que "ni siquiera en Asia Oriental puede descartarse que se produzcan situaciones graves capaces de sacudir los cimientos del orden internacional establecido tras la guerra".

La advertencia supone uno de los diagnósticos más contundentes realizados hasta la fecha por el Gobierno nipón y justifica la aceleración del mayor proceso de transformación militar emprendido por el país desde la creación de las Fuerzas de Autodefensa.

El Libro Blanco identifica a China como el principal desafío estratégico para Japón. Según el Ministerio de Defensa, Pekín continúa incrementando de forma sostenida sus capacidades militares mientras intensifica su actividad en torno al mar de China Oriental, Taiwán y el Pacífico Occidental, al tiempo que estrecha su cooperación militar con Rusia.

A ello se suma la amenaza creciente de Corea del Norte, que continúa desarrollando armas nucleares, misiles balísticos e hipersónicos y profundizando su colaboración militar con Moscú.

Para Tokio, la combinación de estos factores está alterando profundamente el equilibrio estratégico del Indo-Pacífico y obliga a replantear las capacidades defensivas del país.

Pero el documento va más allá del análisis de las amenazas tradicionales. La guerra de Ucrania ocupa un lugar central como laboratorio de los conflictos del futuro. El Ministerio considera que el empleo masivo de drones, sistemas autónomos, inteligencia artificial y tecnologías de doble uso está transformando la manera de combatir.

Además, sostiene que las denominadas "nuevas formas de guerra", caracterizadas por operaciones multidominio, campañas de desinformación, guerra electrónica y conflictos prolongados, están modificando el entorno estratégico en tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio, obligando a los ejércitos a adaptar su organización y sus capacidades a un ritmo sin precedentes.

Un rearme acelerado

Ante este escenario, Koizumi sostiene que Japón debe acelerar el fortalecimiento de su capacidad militar. "Es imperativo reforzar y transformar nuestras capacidades de defensa con un sentido de urgencia y de crisis mayor que nunca", afirma el ministro.

El Gobierno ya ha adelantado el objetivo de elevar el gasto militar hasta el 2% del PIB, inicialmente previsto para el final de la década, y el presupuesto de defensa para el ejercicio 2026 supera por primera vez los 9 billones de yenes (unos 48.913 millones de euros), incluyendo los costes asociados al despliegue de las fuerzas estadounidenses en Japón.

Al mismo tiempo, Tokio revisará de forma anticipada los Tres Documentos Estratégicos —la Estrategia Nacional de Seguridad, la Estrategia Nacional de Defensa y el Programa de Refuerzo de Capacidades—, mientras el Ministerio de Defensa ha creado un cuartel general específico encargado de dirigir la transformación de las Fuerzas de Autodefensa.

Misiles, buques Aegis y drones

La modernización militar japonesa gira en torno a siete capacidades prioritarias: armas de ataque de largo alcance, defensa antimisiles integrada, sistemas no tripulados, operaciones multidominio, mando y control, movilidad estratégica y sostenimiento logístico.

Entre los programas más relevantes figura el despliegue del nuevo misil antibuque Tipo 25, concebido para atacar objetivos navales a gran distancia, junto con el Hyper Velocity Gliding Projectile (HVGP), un proyectil hipersónico de planeo diseñado para superar las defensas antimisiles mediante maniobras a velocidades extremadamente elevadas.

Nuevos destructores ASEV.

Nuevos destructores ASEV. Ministerio de Defensa de Japón.

La defensa aérea dará un salto cualitativo. Japón ampliará su red de sensores e interceptores con nuevos misiles Standard Missile-3 Block IIA, desarrollados junto a Estados Unidos para los destructores Aegis.

Igualmente, acelerará la construcción de los nuevos buques ASEV (Aegis System Equipped Vessels), diseñados específicamente para interceptar misiles balísticos e hipersónicos y reforzar el escudo antimisiles del archipiélago. Paralelamente, continuará la modernización del sistema terrestre Type-03 de defensa aérea de medio alcance.

Uno de los cambios más significativos afecta a los sistemas no tripulados. Japón prevé desplegar antes de 2027 la arquitectura SHIELD (Synchronized, Hybrid, Integrated and Enhanced Littoral Defense), un sistema que integrará drones aéreos, vehículos de superficie no tripulados y plataformas submarinas autónomas para defender las islas del suroeste del país y ampliar la vigilancia sobre las zonas marítimas más sensibles.

El concepto contempla drones FPV para reconocimiento táctico, UAV de ataque capaces de destruir vehículos y embarcaciones, aeronaves embarcadas en buques de la Fuerza Marítima de Autodefensa, drones de largo alcance para misiones antibuque, vehículos de superficie (USV) destinados a localizar y neutralizar objetivos navales y vehículos submarinos autónomos (UUV) para reconocimiento e inteligencia en aguas próximas a las islas remotas.

La transformación alcanza también al dominio espacial. La actual Fuerza Aérea de Autodefensa pasará a denominarse Fuerza Aeroespacial de Autodefensa, reflejando la creciente importancia del espacio en las operaciones militares.

Paralelamente, Japón reforzará sus capacidades de vigilancia espacial, guerra electrónica y ciberdefensa, continuará incorporando cazas F-35A y F-35B y acelerará el desarrollo de armas láser destinadas a interceptar drones y misiles de crucero.

La industria, una prioridad estratégica

Otra de las grandes novedades del Libro Blanco es el protagonismo otorgado a la base industrial y tecnológica de defensa, que deja de ser un capítulo más para convertirse en uno de los ejes centrales de la estrategia nacional.

Tokio considera que la industria constituye ya una capacidad militar en sí misma y apuesta por estrechar la colaboración con grandes contratistas, universidades, centros de investigación y startups tecnológicas para acelerar la innovación y reducir la dependencia exterior.

En esa línea, el Ministerio ha impulsado el Defense Innovation Meeting, un foro destinado a incorporar empresas emergentes y fondos de inversión al ecosistema de defensa, al tiempo que defiende una política más flexible de exportación de material militar.

Según Koizumi, la transferencia de equipos de defensa no solo contribuye a reforzar las capacidades de los aliados, sino que garantiza la viabilidad de la industria nacional, mantiene abiertas las cadenas de producción y mejora la capacidad de sostenimiento de las Fuerzas de Autodefensa en escenarios de larga duración.