Anna Sroka, exembajadora de Polonia en España.

Anna Sroka, exembajadora de Polonia en España. Cedida

Observatorio de la Defensa

Anna Sroka, exembajadora de Polonia en España: "El debate sobre la seguridad europea ya no admite más dilaciones”

“Europa debe disponer de la capacidad de defenderse por sí misma”.

“Ha llegado el momento de que Europa despierte”, sentencia Sroka.

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Las claves

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Anna Sroka, exembajadora de Polonia en España, afirma que Europa debe asumir más responsabilidad en su propia seguridad ante el cambio de enfoque estratégico de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico.

Sroka destaca que la guerra en Ucrania y la amenaza de Rusia han impulsado a países como Polonia a aumentar significativamente su gasto en defensa, mientras otros países europeos mantienen una percepción diferente del riesgo.

La catedrática subraya la importancia de fortalecer la cultura de defensa en la sociedad europea para responder eficazmente a amenazas híbridas como la desinformación y los ciberataques.

Sroka considera que la próxima cumbre de la OTAN en Ankara será clave para que Europa avance hacia una defensa más autosuficiente y una mayor integración industrial en el ámbito militar.

La OTAN afronta la cumbre de Ankara, prevista para los próximos 7 y 8 de julio, en un momento decisivo para el futuro de la Alianza. Con Estados Unidos centrando cada vez más su atención en el Indo-Pacífico para hacer frente al ascenso de China, Europa se ve empujada a asumir un papel más activo en su propia defensa: reforzar sus capacidades militares y responder a una amenaza que sigue teniendo en Rusia y en la guerra de Ucrania su principal exponente.

En este contexto, Anna Sroka, exembajadora de Polonia en España (2022-2024), asegura a EL ESPAÑOL que “el debate sobre la seguridad europea ya no admite más dilaciones” y que “ha llegado el momento de que Europa despierte y asuma su propia responsabilidad en materia de seguridad”.

Para esta catedrática en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, que vive en Madrid —donde dirige la Cátedra de Ciberseguridad en el Ámbito Social, Empresarial y de Defensa de la Universidad CEU San Pablo—, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca no supone un giro en la política exterior estadounidense, “sino la aceleración de una tendencia ya consolidada”: el progresivo desplazamiento del interés estratégico de Washington hacia Asia.

Sroka, experta en geopolítica y asesora externa de la consultora The Grey, recuerda además un elemento clave que a menudo se pasa por alto: Europa ha vivido durante demasiado tiempo bajo el paraguas de seguridad de Estados Unidos, sin invertir lo suficiente en defensa, olvidando que, durante la Guerra Fría, “los países europeos destinaban alrededor del 5% de su PIB a defensa”.

Por ello, subraya, frente a quienes equiparan el rearme con la confrontación, que “tenemos que estar preparados y ser más autosuficientes”, entendiendo que “prepararse no implica querer la guerra, sino contar con las capacidades necesarias para garantizar la propia seguridad”.

¿Está Europa preparada para asumir el reto que plantea Trump de reforzar su propio peso en defensa, ante el giro que Estados Unidos quiere dar a sus prioridades hacia el Indo-Pacífico?

Creo que Europa, cuando oye hablar del Indo-Pacífico, siempre se preocupa porque piensa que va a perder importancia y que toda la atención se va a desplazar hacia esa región. Pero ese giro ya es un hecho. No solo lo está impulsando la Administración Trump; también las anteriores administraciones de Estados Unidos ya concedían una gran importancia a esa zona del planeta.

Todavía no sabemos exactamente de qué se va a hablar en la cumbre, por lo que es difícil prever hoy cuáles serán los temas centrales del debate. Sabemos que se ha invitado a Japón, Australia y Nueva Zelanda y eso demuestra que ese área es una prioridad para la Administración estadounidense.

¿Y podremos hacerlo?

El debate sobre la seguridad europea ya no admite más dilaciones. Europa tiene que adaptarse; si no lo hace, muere, no tiene otra opción. Evidentemente, para nosotros el principal problema sigue siendo Rusia y la guerra de Ucrania. Europa teme que, si Estados Unidos concentra su atención en el Indo-Pacífico, disminuyan los recursos y los medios destinados a la seguridad europea, pero no tiene por qué ser así.

Creo que Europa también debe mirar hacia el Indo-Pacífico. Vivimos en un mundo globalizado que ha cambiado y, si Europa logra integrarse más, puede convertirse en un actor internacional muy fuerte.

¿Interpreta ese cambio como una oportunidad o cree que existe una preocupación real entre los países europeos?

Es el tiempo para que Europa despierte y asuma su propia responsabilidad en materia de seguridad. Llevamos mucho tiempo siendo advertidos. Y ahora Europa no tiene otra alternativa.

Durante muchos años Europa se acostumbró a no invertir lo suficiente en defensa, pero si recordamos la Guerra Fría, los países europeos destinaban alrededor del 5% de su PIB a este ámbito. Lo habíamos olvidado.

Ojalá nunca haya una guerra en Europa, pero tenemos que estar preparados y ser más autosuficientes. Estar preparados no significa querer la guerra, sino precisamente contar con la capacidad necesaria para garantizar nuestra propia seguridad.

Estoy convencida de que las sociedades europeas también deben ser conscientes de ello. Esa es una gran tarea para nuestros dirigentes: cambiar la percepción ciudadana sobre la defensa y reforzar la cultura de defensa de la sociedad.

Sroka es catedrática en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, vive ahora en Madrid —donde dirige la Cátedra de Ciberseguridad en el Ámbito Social, Empresarial y de Defensa de la Universidad CEU San Pablo—,

Sroka es catedrática en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, vive ahora en Madrid —donde dirige la Cátedra de Ciberseguridad en el Ámbito Social, Empresarial y de Defensa de la Universidad CEU San Pablo—, Cedida

Usted, como polaca, conoce de primera mano la amenaza que representa Rusia. Mientras Polonia se acerca ya al 5% del PIB en gasto en defensa, otros países como España o Italia perciben ese riesgo de forma diferente. ¿A qué responde esta brecha en la percepción de la amenaza?

Se debe a nuestra situación geopolítica. En Polonia ya vimos en 2014, con la anexión de Crimea, que aquello era solo el principio de la política imperialista de Rusia y que no iba a detenerse ahí. Por eso defendimos desde entonces la imposición de sanciones, aunque en aquel momento no existía la voluntad política suficiente dentro de la Unión Europea. Los países bálticos, Finlandia y Polonia percibimos con mucha claridad esa amenaza.

La guerra de Ucrania no ha hecho más que confirmar lo que llevábamos años advirtiendo. Nosotros vivimos esa amenaza de forma mucho más directa. Hemos sufrido incursiones de drones sobre nuestro territorio y sentimos muy de cerca las consecuencias del conflicto.

Todo ello ha cambiado profundamente la percepción de la sociedad polaca sobre la defensa. Hace unos años era impensable que la población aceptara destinar tanto dinero al gasto militar. Hoy, sin embargo, no vemos manifestaciones en contra porque la sociedad entiende que ese esfuerzo es necesario para sentirse más segura.

¿En España todavía falta esa cultura de defensa?

Sí, pero también es lógico porque Rusia parece estar muy lejos. Sin embargo, al final un misil tarda apenas unos minutos más en llegar. No está tan lejos como pensamos.

La diferencia es que en Polonia llevamos muchos años conviviendo con esa sensación de amenaza por nuestra situación geográfica.

En España esa percepción es distinta y, por eso, cuesta más entender la necesidad de invertir en defensa. Pero la seguridad de Europa es indivisible. Lo que ocurre en el este de Europa también afecta al resto de los países de la Unión Europea.

Sin embargo, conviene recordar que el proyecto europeo debe sustentarse en la solidaridad. Aunque, desde la perspectiva de los países de Europa Central y Oriental, la guerra en Ucrania constituye hoy el principal desafío para nuestra seguridad, siguen siendo igualmente relevantes las amenazas procedentes del sur de Europa, la inestabilidad en el Sahel y el conflicto en Oriente Próximo.

Por eso creo que es tan importante explicar a los ciudadanos por qué es necesario reforzar nuestras capacidades de defensa. No se trata de prepararse para hacer la guerra, sino de evitarla. Cuanto más preparada esté Europa y más capacidad tenga para defenderse, mayor será también su capacidad de disuasión y menores las posibilidades de que alguien decida atacar-.

La guerra de Ucrania se ha convertido en un conflicto de larga duración. ¿Qué explica esa resistencia rusa?

Rusia ya actuó así en Chechenia y también en Afganistán. Los rusos tienen capacidad para sostener guerras muy largas.

En Ucrania estamos viendo una combinación inédita: por un lado, un frente que recuerda en muchos aspectos a la Segunda Guerra Mundial, prácticamente inmóvil durante largos períodos; y, al mismo tiempo, una guerra altamente tecnológica en la que los drones han cambiado completamente la forma de combatir.

Desde su cátedra en ciberseguridad y defensa, y en un contexto marcado por la guerra híbrida, la desinformación y los ciberataques, ¿está Europa realmente preparada para hacerles frente?

Es una cuestión complicada. La desinformación forma parte de la defensa, pero no lo es todo. Volvemos otra vez a la importancia de la cultura de defensa de la sociedad.

En Polonia sufrimos muchas campañas de desinformación, sobre todo en Internet. Hemos visto campañas de noticias falsas dirigidas contra los ciudadanos ucranianos que viven en nuestro país.

Acogimos a más de un millón de refugiados cuando comenzó la guerra y ahora observamos un aumento de las campañas de odio contra ellos. Es muy posible que parte de esas campañas estén apoyadas desde el exterior. Eso también forma parte de la manipulación informativa.

Las amenazas híbridas no afectan solo a Polonia o a los países bálticos; están presentes en toda Europa. Cada Estado intenta protegerse como puede, pero al final lo más importante es que la sociedad sea consciente de que puede ser manipulada. Ningún Gobierno puede controlarlo todo.

Vamos que solo percibimos el peligro cuando lo tenemos delante…

Exactamente. La desinformación existe en todas partes, también en España. Hay manipulación de la información y noticias falsas para favorecer determinadas opiniones o determinados gobiernos.

Eso ocurre en toda Europa, no únicamente en los países fronterizos con Rusia. Cada país tiene sus propias amenazas.

Rusia incrementa cada vez más las incursiones de drones fuera de Ucrania, obligando incluso a despegar a los cazas de la OTAN en los países bálticos. ¿Es una forma permanente de presión?

Sí, por supuesto. Pero también estamos respondiendo. En Polonia se está construyendo el llamado Escudo del Este, que incluirá sistemas antidrones y otros países del flanco oriental están haciendo lo mismo.

La guerra ha cambiado. Por un lado, seguimos viendo en Ucrania un frente muy parecido al de la Segunda Guerra Mundial, prácticamente inmóvil, pero al mismo tiempo asistimos a una auténtica guerra de drones.

Los países europeos tienen que desarrollar nuevas soluciones porque los drones son muy baratos y todavía no estamos preparados para responder de forma eficaz.

España y Polonia representan dos sensibilidades estratégicas distintas dentro de la OTAN. ¿Qué pueden aprender ambos países el uno del otro?

Nos une mucho más de lo que parece porque ambos somos las fronteras externas de la Unión Europea. Polonia en el Este, por tierra y España por mar, en el Sur.

Antes pensábamos que la migración no sería un problema para Polonia, pero Bielorrusia la ha utilizado como un instrumento de guerra híbrida, igual que ha ocurrido en los países bálticos. Hemos aprendido que las fronteras exteriores de la Unión Europea pueden convertirse en un elemento de presión.

Algo parecido puede ocurrir en Ceuta -como ya ocurrió-. Por eso creo que España y Polonia comparten más intereses estratégicos de los que a veces pensamos. Además, somos países de tamaño y peso muy similares dentro de la Unión Europea.

Polonia ha ganado mucho peso político dentro de la OTAN.

Básicamente en defensa. Hemos ganado influencia porque estamos invirtiendo mucho en defensa y eso inevitablemente nos da más peso.

Ya para terminar, ¿qué debería salir de esta cumbre para que tanto Europa como la OTAN salgan reforzadas? ¿Cree que Europa podrá defenderse por sí sola en el futuro?

Espero que sí. Soy muy proeuropea y creo firmemente en la defensa europea. Europa debe disponer de la capacidad de defenderse por sí misma.

El tema principal de la cumbre será el dinero. Los países europeos tendrán que rendir cuentas sobre sus compromisos de gasto en defensa y ese será, probablemente, el asunto central, incluso por encima del Indo-Pacífico.

Fortalecer la defensa europea no es incompatible con seguir siendo un miembro fuerte de la OTAN. Al contrario.

Europa ya está avanzando en esa dirección. Primero con la Brújula Estratégica, aprobada en la Cumbre de Madrid, que supuso un cambio muy importante en la forma de entender la seguridad europea, y ahora con el Libro Blanco sobre la Defensa Europea y las iniciativas para reforzar la base industrial del continente.

Gracias a esas inversiones se desarrollará una auténtica capacidad industrial europea. Eso permitirá que los países europeos compren cada vez más equipos fabricados en Europa y reforzará la integración del sector.

Las empresas tendrán que colaborar más entre sí si quieren acceder a los fondos europeos. Ese proceso hará que Europa esté mucho más unida también en el ámbito de la defensa.