Imágenes recientes del denominado Monstruo del mar de Bohai. Redes Sociales
China deja ver los dientes de su nuevo “Monstruo del mar de Bohai”: el ekranoplano militar que inquieta a Occidente
Las imágenes muestran una aeronave de gran tamaño con casco de hidroavión, cuatro motores a reacción montados sobre las alas.
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Las nuevas imágenes difundidas en redes sociales chinas y analizadas por especialistas occidentales han despejado una de las dudas que rodeaban al denominado Monstruo del mar de Bohai: el aparato no parece ser ya un simple demostrador tecnológico ni un transporte experimental, sino una plataforma que podría haber sido diseñada con vocación militar ofensiva.
Las fotografías más recientes muestran claramente la presencia de pilones bajo las alas, un detalle técnico que suele asociarse a la integración de armamento, depósitos externos o sensores especializados.
El hallazgo ha reavivado el debate sobre las verdaderas intenciones de Pekín con este singular vehículo de efecto suelo —o ekranoplano—, una aeronave que vuela aprovechando un colchón de aire comprimido entre sus alas y la superficie del agua, heredera directa de los desarrollos soviéticos de la Guerra Fría.
The clearest images so far of the WIG craft prototype still under development. Notice the four pylons under the wings for carrying weapons externally. The new WIG is expected to boost china’s amphibious assault capability pic.twitter.com/9YYaJ9vjnx
— Dan The Man (@tong96083420) May 24, 2026
El aparato, apodado por analistas occidentales como Monstruo del mar de Bohai en alusión al célebre Monstruo del mar Caspio soviético, fue detectado por primera vez en la costa del noreste de China a finales de junio de 2025, entonces con una configuración distinta.
Las imágenes más recientes, difundidas en redes, muestran una aeronave de gran tamaño con casco de hidroavión, cuatro motores a reacción montados sobre las alas y una configuración claramente diseñada para volar a muy baja cota sobre el mar, aprovechando el denominado efecto suelo.
Un arma difícil de detectar
Los ekranoplanos ocupan desde hace décadas un espacio ambiguo entre el avión y el buque. La Unión Soviética experimentó intensamente con este concepto durante los años sesenta y setenta.
El más famoso fue el KM soviético, conocido por la inteligencia estadounidense como el Monstruo del mar Caspio, seguido posteriormente por la clase Lun, equipada incluso con misiles antibuque.
La principal ventaja de este tipo de plataformas reside en su perfil de vuelo extremadamente bajo. Al desplazarse pegadas al agua, pueden quedar parcialmente ocultas para muchos radares convencionales y reducir el tiempo de reacción de defensas costeras y navales.
En un escenario como el estrecho de Taiwán o el mar de China Meridional, un sistema de estas características podría utilizarse para inserción rápida de tropas, transporte logístico de alta velocidad, guerra antibuque o despliegue de misiles de crucero. Ese es precisamente el elemento que preocupa ahora a varios analistas militares: la aparición de soportes externos compatibles con armamento.
Muchas preguntas
La aparición del Monstruo del mar de Bohai encaja además con una tendencia más amplia dentro de la estrategia tecnológica china: financiar simultáneamente múltiples soluciones experimentales con la expectativa de que algunas terminen proporcionando ventajas operativas inesperadas.
Expertos consultados por distintos medios especializados apuntan a que Pekín está dispuesto a asumir riesgos tecnológicos que otras potencias occidentales suelen descartar por coste o complejidad. Sin embargo, más allá de las especulaciones, el programa sigue envuelto en una enorme opacidad.
Las fotografías únicamente confirman que existe al menos un prototipo funcional y que ha realizado pruebas sobre el agua.
No hay evidencias públicas de vuelos sostenidos, de su rendimiento real a alta velocidad ni de su capacidad efectiva de carga. Tampoco se conoce qué sistemas de armas podría integrar finalmente.
Esa incertidumbre es habitual en los programas militares chinos, donde el ritmo de desarrollo suele combinarse con una estricta falta de transparencia. La distancia entre un prototipo experimental atracado en un muelle y una capacidad militar plenamente operativa puede requerir años de ensayos, rediseños y miles de millones de dólares en inversión.
Aun así, los últimos indicios sugieren que el proyecto ha superado ya la fase puramente conceptual. La cuestión ya no parece ser si China está construyendo un gran vehículo de transporte marítimo de efecto suelo. La cuestión es qué pretende llevar al combate.