El Khabarovsk cuando fue sacado del astillero en Severodvinsk en noviembre.

El Khabarovsk cuando fue sacado del astillero en Severodvinsk en noviembre.

Observatorio de la Defensa

Así avanza el submarino Khabarovsk, diseñado para los torpedos nucleares Poseidón, el “arma del apocalipsis”

Las imágenes satelitales sugieren que no es un sistema multipropósito, sino una plataforma concebida para portar y lanzar torpedos nucleares Poseidón.

Más información: Rusia prueba con éxito el 'Arma del Apocalipsis': así es Poseidón, el torpedo capaz de generar tsunamis radioactivos

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Las claves

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El submarino Khabarovsk está diseñado exclusivamente para portar y lanzar torpedos nucleares Poseidón, conocidos como el "Arma del Apocalipsis".

El Khabarovsk puede llevar hasta seis torpedos Poseidón y utiliza un reactor nuclear que le permite operar de manera silenciosa y a gran profundidad.

El desarrollo de este submarino refuerza la estrategia de disuasión rusa al ofrecer una capacidad de represalia submarina difícil de detectar e interceptar.

A pesar de su avance tecnológico, el sistema Poseidón aún enfrenta incógnitas técnicas y no ha transformado por completo el equilibrio estratégico naval.

La carrera tecnológica submarina ha entrado en una nueva fase. Mientras la OTAN concentra buena parte de sus esfuerzos en reforzar los sistemas de defensa antimisiles y la vigilancia del Atlántico Norte, Rusia continúa desarrollando una categoría de armamento concebida precisamente para inutilizar esas defensas: el sistema Poseidón, un torpedo nuclear autónomo de alcance intercontinental capaz de operar durante miles de kilómetros bajo el agua.

El proyecto, presentado públicamente por Vladímir Putin en marzo de 2018 junto a otras “armas invencibles”, ha dejado de ser un concepto propagandístico para convertirse en un programa naval tangible. Y la pieza clave de esa estrategia ya tiene nombre: Khabarovsk.

El submarino Khabarovsk, en construcción en Severodvinsk, empieza a desvelar sus características vía imágenes satelitales y fuentes abiertas, según desvela Naval News. Todo apunta a una función clara: no es multipropósito, sino una plataforma diseñada para portar y lanzar torpedos nucleares Poseidón, calificados como el "Arma del Apocalipsis".

El submarino Khabarovsk, en el astillero de Severodvinsk

El submarino Khabarovsk, en el astillero de Severodvinsk

Aunque Moscú suele describir el Poseidón como un “dron submarino”, los analistas navales occidentales coinciden en que su naturaleza se aproxima más a la de un torpedo gigantesco de propulsión nuclear,

Su dimensión estratégica reside en tres elementos: autonomía prácticamente ilimitada, capacidad para portar carga nuclear y dificultad extrema de interceptación. Rusia sostiene además que el arma puede emplearse tanto contra infraestructuras costeras como contra grupos de combate de portaaviones.

La lógica militar es clara: incluso si los escudos antimisiles neutralizan una parte del arsenal balístico ruso, Poseidón ofrecería una capacidad de represalia submarina difícil de detectar y aún más difícil de detener.

El desarrollo del sistema, sin embargo, está siendo extraordinariamente costoso. No sólo por el arma en sí, sino porque exige plataformas especializadas, infraestructuras nucleares específicas y submarinos construidos a medida.

Ahí entra el Khabarovsk, una bestia de acero que no ha sido concebida para la guerra convencional, sino para redefinir el concepto de disuasión.

Un diseño híbrido

Las imágenes conocidas hasta ahora, cuando fue botado en noviembre del año pasado, muestran que el nuevo submarino reutiliza elementos de otros programas estratégicos rusos. Los expertos lo describen como una combinación entre la sección de popa de los submarinos balísticos clase Borei y la proa del Belgorod, el primer submarino operativo vinculado al sistema Poseidón.

El resultado es un sumergible de aproximadamente 135 metros de eslora y 13,5 metros de manga, algo más pequeño que sus predecesores, aunque todavía entre los mayores submarinos militares del mundo. Está propulsado por un reactor nuclear, capaz de alcanzar velocidades de hasta 30-32 nudos y sumergirse a profundidades de alrededor de 500 metros.

Oficiales de la Armada rusa posan frente al submarino nuclear *Khabarovsk* durante su ceremonia de botadura en el astillero Sevmash de Severodvinsk, cerca de la frontera con Finlandia.

Oficiales de la Armada rusa posan frente al submarino nuclear *Khabarovsk* durante su ceremonia de botadura en el astillero Sevmash de Severodvinsk, cerca de la frontera con Finlandia. Ministerio de Defensa de Rusia

La configuración de proa es especialmente significativa. El Khabarovsk albergaría hasta seis torpedos Poseidón distribuidos en dos hangares inundables laterales, uno a cada lado del casco. Entre ambos se sitúa una sala de torpedos convencional para armamento pesado estándar.

El diseño revela hasta qué punto todo el concepto gira alrededor del Poseidón. El espacio dedicado a torpedos convencionales parece claramente secundario y mucho más limitado que en un submarino de ataque nuclear tradicional.

En términos prácticos, el Khabarovsk sacrifica versatilidad para maximizar su capacidad estratégica.

Silencio y supervivencia

La sección de popa deriva del modelo Borei-A, una de las plataformas más silenciosas desarrolladas por Rusia en las últimas décadas. Incorporaría un reactor nuclear OK-650V, concebido para reducir la firma acústica y aumentar la capacidad de ocultación.

La discreción sonora es esencial en un sistema como Poseidón. Para que el arma mantenga valor estratégico, el submarino portador debe poder acercarse a zonas de despliegue sin ser detectado por los sistemas antisubmarinos de la OTAN.

Otro detalle llamativo es la ubicación de la cápsula de escape de emergencia en la vela del submarino —la estructura vertical superior—, una configuración más clásica dentro del diseño ruso y distinta de la adoptada en los Borei.

Un desafío todavía incompleto

Pese a la atención mediática que ha recibido el Poseidón desde 2018, el sistema aún no ha transformado por completo el equilibrio estratégico naval.

La OTAN observa el programa con creciente preocupación, especialmente por su potencial para atacar infraestructuras costeras críticas o alterar las doctrinas tradicionales de disuasión nuclear. Sin embargo, el arma tampoco ha generado la revolución doctrinal que Moscú probablemente esperaba.

Parte de ello se debe a las incógnitas técnicas que aún rodean al sistema: niveles reales de sigilo, fiabilidad operativa, comunicaciones bajo el agua o capacidad de guiado a grandes distancias.

Aun así, el Khabarovsk demuestra que Rusia sigue invirtiendo recursos masivos en capacidades diseñadas para sortear las defensas occidentales y mantener abierta una vía alternativa de disuasión estratégica.

En el Kremlin, el mensaje permanece intacto desde 2018: si el adversario construye escudos, Moscú desarrollará armas capaces de atravesarlos.