Un enjambre de drones.

Un enjambre de drones.

Observatorio de la Defensa

Defensa europea: la nueva carrera de las tecnologías que España puede liderar

El gasto militar europeo se ha disparado, pero la clave no es comprar más tanques, sino invertir en las tecnologías como la inteligencia artificial, los drones y los servicios de comunicaciones e información (CIS/TIC) que determinan la soberanía del siglo XXI.

Pedro Alfaro
Publicada

El brusco despertar geopolítico de los últimos años ha situado a Europa frente a una realidad incómoda, como reconoció Úrsula Von der Leyen recientemente el orden nacido del final de la Guerra Fría ha cambiado, y nos ha desubicado, ¿qué rol le queda ahora a Europa? La respuesta ha sido un rearme histórico.

Según el informe "The Military Balance 2026", publicado en febrero de este mismo año por el prestigioso International Institute for Strategic Studies (IISS), el gasto total en defensa de los miembros europeos de la OTAN, sumado al de otros estados de la UE, superó los 520.000 millones de dólares en 2025. Esto representa un aumento muy significativo respecto a años anteriores y marca el décimo año consecutivo de crecimiento. Sin embargo, la pregunta clave no es cuánto se invierte, sino cómo se invierte.

Aquí nos enfrentamos a la gran paradoja europea. A pesar de este enorme desembolso, sufrimos una fragmentación industrial que nos cuesta, según estimaciones de la Comisión Europea, entre 25.000 y 100.000 millones de euros al año.

Mientras Estados Unidos opera con un solo modelo de carro de combate principal, los ejércitos de la UE utilizan 17 modelos diferentes y no interoperables.

Esta diversificación, más allá de la duplicidad, de costes y esfuerzos de desarrollo y soporte y la acuciante falta de sinergias nos hacen muy ineficientes. Continuar invirtiendo en modelos y estructuras basados en hardware del siglo XX sin cambiar el paradigma es una garantía de fracaso estratégico.

La verdadera batalla por la soberanía se libra ahora en el dominio tecnológico. La guerra moderna, y por extensión la disuasión, ya no se gana con el mero incremento del calibre, la coraza, o el peso, sino con la superioridad de las tecnologías.

Un informe de la consultora Fortune Business Insights proyecta que el mercado global de la inteligencia artificial (IA) aplicada a defensa superará los 13.000 millones de dólares en 2027, con un crecimiento anual compuesto superior al 15%. La clave está en integrar esta agilidad digital en un sector, el de Defensa, cuyos ciclos de adquisición se miden en décadas, no en meses.

"Mientras Estados Unidos opera con un solo modelo de carro de combate principal, los ejércitos de la UE utilizan 17 modelos diferentes y no interoperables".

La solución pasa por redefinir las prioridades y enfocar la inversión del Fondo Europeo de Defensa (dotado con casi 8.000 millones de euros para 2021-2027) en tres ejes que actúan como multiplicadores de fuerza.

El primero, los sistemas autónomos y no tripulados. Su mercado global, según MarketsandMarkets, alcanzará los 63.600 millones de dólares en 2025. Su valor no está solo en reducir el riesgo humano, sino en cambiar la escala de las operaciones.

Un enjambre de drones de bajo coste, coordinado por una IA, puede vigilar una extensión miles de veces superior a la de una patrulla convencional, de forma persistente. Hacer lo mismo, o incluso mejor, en vez de con plataformas caras y con dotaciones de personal elevadas con redes densas de sistemas asequibles y resilientes, disminuyendo el personal implicado y reduciendo, además, sus riesgos.

El segundo eje, el cerebro de la operación, es la IA aplicada a todas las funciones de combate, y básicamente a las más implicadas en la acción del Mando (C4ISR, Command, Control, Communications, Coordination, Inteligence, Surveillance & Recconnaisence).

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En un campo de batalla donde un solo dron puede generar 1 terabyte de datos al día, la capacidad humana para procesar información ha sido superada. Solo la IA puede analizar en tiempo real miles de fuentes —satélites, sensores, cámaras ópticas, cámaras multiespectrales…— para transformar los datos en información y ésta en inteligencia y ofrecer al mando una recomendación fiable en segundos.

El ciclo clásico de la Inteligencia (“Dirección-Obtención-Elaboración-Difusión”) se puede realizar, gracias a la IA a velocidades impensables hasta hace poco, además, la integración entre los sensores y los efectores/vectores de ataque, pasa, de manera ineludible, por la integración de las nuevas tecnologías.

Nada de esto es posible sin el tercer pilar: los sistemas de información y comunicaciones robustos, seguros y resilientes. El mercado de la ciberseguridad en defensa es un indicativo de su importancia, proyectándose por encima de los 20.000 millones de dólares para 2025, según Mordor Intelligence.

De nada sirve contar con los medios más sofisiticados si no garantizamos unos servicios de información y comunicaciones que eviten los riesgos de interferencia, inhibición, perturbación, infiltración… debemos evitar que los potenciales agresores vayan un paso por delante, pues la capacidad del “ciber atacante” no deja de crecer en términos de diversificación, capacidad, potencia…

La robustez, seguridad y resiliencia de los sistemas de comunicaciones e información es una capacidad estratégica en sí misma, pues TODOS somos objetivo y TODOS vamos a ser atacados en algún momento.

Afortunadamente, España, octavo exportador mundial de material de defensa según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), cuenta con un ecosistema industrial y tecnológico capaz de ser protagonista. Ya no hablamos de futuro, sino de realidades.

"España tiene la oportunidad histórica de no ser un mero consumidor de tecnología, sino un proveedor clave de las capacidades inteligentes que definirán la seguridad del futuro".

Un ejemplo es el SEAD-23, el primer vehículo de superficie no tripulado (USV) desarrollado con tecnología española y ya en servicio en la Armada.

Este hito prueba que sabemos y podemos construir plataformas. Sin embargo, el valor más profundo reside en la capa intangible que las gobierna: las tecnologías embarcadas.

Es la inteligencia artificial y la infraestructura tecnológica física y lógica que la soportan, las que dotan a estos sistemas de autonomía y posibilita que un solo operador gestione una flotilla. Es en este rol de "habilitador tecnológico", centrado en el cerebro y no solo en el músculo, donde empresas como Zelenza demuestran el potencial de nuestra industria.

El camino hacia una defensa europea tecnológicamente soberana exige una nueva mentalidad, que fomente la colaboración público-privada y reforme la adquisición para valorar la agilidad y la modularidad, que generan riqueza y excelencia en su complementariedad.

España tiene la oportunidad histórica de no ser un mero consumidor de tecnología, sino un proveedor clave de las capacidades inteligentes que definirán la seguridad del futuro. Apoyar a nuestros campeones tecnológicos es una apuesta por nuestra industria y una contribución decisiva a la construcción de una Europa más segura y autónoma.

*** Pedro Alfaro, CEO de Zelenza