El destructor 'USS Thomas Hudner' disparando un Tomahawk contra Irán.

El destructor 'USS Thomas Hudner' disparando un Tomahawk contra Irán. Reuters

Observatorio de la Defensa

La guerra con Irán tensiona el arsenal de EEUU y pone en riesgo el suministro de misiles Tomahawk a Japón

Washington ha trasladado a Tokio que las entregas previstas —en torno a 400 misiles comprometidos para marzo de 2028— podrían sufrir interrupciones.

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Las claves

El conflicto entre EEUU e Irán ha provocado un rápido agotamiento de los misiles Tomahawk, poniendo en riesgo el suministro comprometido a Japón.

Japón depende de los Tomahawk para su nueva doctrina de defensa y ha firmado un contrato de 2.350 millones de dólares para recibir unos 400 misiles hasta 2028.

La reposición del arsenal estadounidense avanza lentamente, lo que podría afectar a otros aliados como Australia y Reino Unido debido a la política de priorizar el uso interno.

Japón acelera el desarrollo y despliegue de misiles propios, como el Type-12, en respuesta a posibles retrasos y a la preocupación manifestada por China.

La ofensiva sostenida de Estados Unidos junto a Israel contra Irán comienza a tener efectos colaterales más allá del campo de batalla. Uno de los más relevantes afecta directamente al equilibrio estratégico en Asia-Pacífico: el suministro de misiles de crucero Tomahawk a Japón se encuentra en riesgo debido al rápido agotamiento de las reservas estadounidenses.

Según fuentes citadas por Bloomberg, Washington ha trasladado a Tokio que las entregas previstas —en torno a 400 misiles comprometidos para marzo de 2028— podrían sufrir interrupciones.

Ahora mismo, la prioridad inmediata del Pentágono pasa por sostener el esfuerzo bélico en Oriente Próximo, donde el consumo de este armamento ha alcanzado niveles inéditos en los últimos años. EEUU ha empleado ya cientos de misiles Tomahawk en los ataques contra Irán.

Antes del conflicto con Irán, el stock total rondaba las 4.000 unidades, incluyendo versiones antiguas y variantes antibuque. Sin embargo, el ritmo de producción actual está lejos de compensar el desgaste.

De hecho, en 2025, la industria apenas entregó un centenar de nuevos misiles, mientras que otros 240 fueron modernizados al estándar Block V. Según las mismas fuentes, la guerra ha consumido ya el equivalente a más de dos años de esa producción combinada, lo que evidencia la fragilidad de la cadena de suministro en un escenario de alta intensidad.

Para Tokio, los Tomahawk no son un sistema más. Constituyen el pilar de su nueva doctrina de defensa, orientada a dotarse de capacidades de ataque de largo alcance frente a China y Corea del Norte.

El contrato, firmado en 2024 por valor de 2.350 millones de dólares, fue uno de los mayores acuerdos de este tipo con Estados Unidos.

El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, confirmó en marzo la recepción de un primer lote. No obstante, la continuidad de las entregas queda ahora en entredicho. Aunque no hay confirmación oficial de un retraso en el calendario global, sí existe inquietud por las interrupciones en el flujo de suministro.

Las conversaciones mantenidas a mediados de marzo entre Koizumi y el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, abordaron el conflicto con Irán. Aunque los comunicados públicos evitaron mencionar los misiles, fuentes conocedoras aseguran que el asunto estuvo sobre la mesa.

Giro estratégico en Asia

El contratiempo llega en un momento clave para Japón. Tokio lleva años impulsando un cambio doctrinal profundo, consolidado en 2022, que apuesta por capacidades de “contraataque” como elemento disuasorio.

En este contexto, los Tomahawk ofrecían una solución inmediata mientras el país desarrolla sistemas propios. Entre ellos destaca el misil Type-12 de alcance extendido, fabricado por Mitsubishi Heavy Industries, con un alcance cercano a los 1.000 kilómetros.

Esta misma semana, Japón ha anunciado su despliegue en el sur del país, junto a otros sistemas avanzados como los proyectiles hipersónicos en desarrollo.

Expertos como Hirohito Ogi, exresponsable del Ministerio de Defensa japonés, consideran que la diversificación ha sido una decisión acertada ante posibles cuellos de botella en el suministro estadounidense.

El refuerzo de las capacidades ofensivas japonesas no ha pasado desapercibido en Pekín. La portavoz del Gobierno chino, Mao Ning, ha expresado su “profunda preocupación”, calificando estos movimientos como una señal del giro hacia una política de defensa “más ofensiva y expansionista”.

El dilema de Washington

El caso refleja un problema estructural para Estados Unidos: la dificultad de sostener simultáneamente conflictos en múltiples teatros sin comprometer su estrategia global.

Los Tomahawk se han consolidado como el arma preferente en operaciones de precisión, utilizados ampliamente en escenarios como Siria, Yemen o Irán. En conjunto, Washington ha empleado más de 1.000 en los últimos años.

Sin embargo, la reposición del arsenal avanza lentamente. Desde 2021, el Pentágono ha adquirido poco más de 300 unidades, y en varios ejercicios fiscales recientes ni siquiera realizó pedidos. Aunque existe un plan para elevar la producción hasta 1.000 misiles, su materialización podría tardar años.

RTX, a través de su filialRaytheon, ha firmado cinco acuerdos marco de largo plazo con el Departamento de Guerra de Estados Unidos,el Pentágono, para lograr ese incremento, especialmente en las variantes de ataque terrestre y marítimo del misil Tomahawk, los misiles aire-aire AMRAAM (proyectiles guiados de medio alcance diseñados para el combate entre aeronaves, clave en la superioridad aérea), o los interceptores SM-3 Block IB y SM-3 Block IIA (sistemas de defensa antimisiles, concebidos para neutralizar misiles balísticos en vuelo), entre otros.

Mientras tanto, aliados clave como Japón, Australia o Reino Unido comienzan a notar el impacto de una política de priorización bajo el principio de “Estados Unidos primero”, que sitúa las necesidades propias por delante de los compromisos internacionales.