Lanzamiento de un misil balístico de Corea del Norte

Lanzamiento de un misil balístico de Corea del Norte Reuters

Observatorio de la Defensa

Europa, rezagada en la carrera por el "golpe rápido": el desafío de contar con misiles balísticos para no depender de EEUU

Frente a los imprecisos cohetes usados a finales del siglo XX, los misiles actuales combinan velocidad, maniobrabilidad terminal y guiado avanzado.

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Las claves

Europa enfrenta el desafío de desarrollar su propia capacidad de misiles balísticos y ataques rápidos, tradicionalmente cubiertos por Estados Unidos.

Las guerras recientes han demostrado la importancia de los misiles balísticos e hipersónicos para redefinir el campo de batalla y la disuasión estratégica.

El informe del RUSI propone una estrategia incremental: empezar por neutralizar la defensa antimisiles rusa y avanzar hacia capacidades más autónomas y dinámicas.

El desarrollo de sistemas de ataque rápido en Europa depende de reducir costos, acceder a inteligencia espacial independiente y alinear inversiones con necesidades estratégicas actuales.

Durante décadas, la capacidad de golpear con rapidez y precisión a distancia fue patrimonio casi exclusivo de las grandes potencias, y en Europa se dio por hecho que ese pilar lo aportaría Estados Unidos. Hoy, sin embargo, el contexto ha cambiado.

Las guerras de Ucrania y de Oriente Próximo han demostrado hasta qué punto los misiles balísticos y los vectores hipersónicos pueden redefinir el campo de batalla, y han puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿puede Europa seguir dependiendo del paraguas de Washington en cuanto al denominado "golpe rápido" o debe construir su propio sistema de ataque de alta precisión?

El informe 'El ataque rápido convencional en el poderío militar europeo', publicado por el Royal United Services Institute (RUSI), plantea que esta capacidad, basada en misiles balísticos de alcance medio y vehículos planeadores hipersónicos capaces de alcanzar blancos en minutos, debe convertirse en un componente clave del poder militar europeo.

Frente a los viejos cohetes imprecisos usados en conflictos de finales del siglo XX, los misiles actuales combinan velocidad, maniobrabilidad terminal y guiado avanzado, lo que permite atacar sistemas de defensa aérea, infraestructuras críticas o incluso objetivos móviles de alto valor con precisión comparable a la de un bombardeo aéreo, pero sin exponer aviones y tripulaciones.

El trabajo del centro británico subraya que estas capacidades no son un "arma milagro", sino parte de un complejo sistema que integra misiles, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), redes de mando y control y un entramado logístico capaz de sostener operaciones en el tiempo.

La eficacia real del golpe rápido depende del equilibrio entre tres variables: la garantía de efecto sobre el blanco, el grado de dinamismo en el targeting (capacidad de perseguir objetivos móviles o cambiantes) y la escala de los ataques posibles.

Y ahí es, precisamente, donde Europa se enfrenta a sus mayores límites: arsenales reducidos, fuerte competencia presupuestaria y alta dependencia de las constelaciones de satélites y la infraestructura de targeting estadounidense.

Las opciones de Europa​

La primera opción que plantea el informe es el "mínimo irreducible". Este concepto consiste en dotarse de una capacidad creíble para degradar o suprimir la defensa antimisiles balísticos rusa en torno a Moscú, que constituye el escudo de última capa frente a los vectores nucleares.

En un escenario de disuasión más complejo, con Estados Unidos obligado a atender simultáneamente a China y Rusia, la credibilidad de las disuasiones nucleares británica y francesa -y, por extensión, la estabilidad estratégica europea- dependería también de la capacidad de Europa para garantizar que ese escudo ruso no pueda dar a Moscú una sensación de invulnerabilidad.

El misil balístico Oreshnik de Rusia

El misil balístico Oreshnik de Rusia

El objetivo militar es acotado, geográficamente concentrado y extremadamente defendido, lo que hace especialmente relevante disponer de misiles rápidos y maniobrables capaces de saturar y superar las capas de defensa aérea y antimisil rusas.

La segunda opción para Europa es, según el mencionado trabajo, dar un salto de escala. Con una mayor disponibilidad de misiles, pero sin un salto equivalente en ISR propio, Europa podría planificar campañas para golpear radares de alerta temprana, bases de cazas interceptores, depósitos de misiles y nodos de mando que sostienen los ataques en profundidad rusos.

En la práctica, ese ataque rápido serviría para "abrir brechas" en el sistema defensivo enemigo, facilitando operaciones posteriores de aviación de combate y misiles de crucero, y reduciendo la capacidad rusa de mantener campañas de bombardeo sostenidas contra objetivos europeos o ucranianos.

El tercer peldaño es el más ambicioso y, por ahora, el más lejano: un sistema europeo capaz de llevar a cabo targeting dinámico a gran escala, algo análogo al concepto ruso de "ataque aéreo masivo integrado".

Misil balístico intercontinental ruso durante el último desfile militar por el Día de la Victoria

Misil balístico intercontinental ruso durante el último desfile militar por el Día de la Victoria Maxim Bogodvid Reuters

Esa visión implicaría disponer de grandes inventarios de misiles de distinto tipo y alcance, apoyados por ISR ubicuo —especialmente, satélites de observación electro‑óptica y radar de apertura sintética— y cadenas de mando automatizadas capaces de detectar, identificar y asignar blancos móviles o que cambian con rapidez, a lo largo de toda la profundidad operacional del teatro.

Tal sistema permitiría, por ejemplo, atacar en tiempo casi real concentraciones de fuerzas, puestos de mando móviles o plataformas de lanzamiento que hoy solo pueden afrontarse con ataques preplanificados o con medios aéreos vulnerables.

Ese horizonte, admite el informe, está actualmente fuera del alcance autónomo europeo, tanto por costes como por carencias en el ámbito espacial.

Pero el propio documento insiste en que la economía de los complejos de golpe rápido no es estática: la comercialización del ISR espacial, el uso de inteligencia artificial para procesar datos masivos y nuevas prácticas industriales podrían reducir de forma sustancial el coste tanto del "ver" como del "golpear" en la próxima década.

Vehículos chinos transportando misiles balísticos DF-21D en un desfile en Tiananmen.

Vehículos chinos transportando misiles balísticos DF-21D en un desfile en Tiananmen. REUTERS/Andy Wong

Si el precio unitario de misiles balísticos de alcance medio e hipersónicos se aproxima al de misiles de crucero avanzados, y si los servicios comerciales de observación espacial permiten a los europeos un acceso sostenido y relativamente independiente de Estados Unidos, el abanico de conceptos operativos viables se ampliaría de forma considerable.

El RUSI propone, por tanto, una estrategia incremental: empezar por el "mínimo irreducible", centrando inversiones en la capacidad de neutralizar la defensa antimisiles rusa que condiciona la disuasión nuclear europea, y solo después, si los costes y el acceso a ISR lo permiten, expandir hacia misiones más amplias y dinámicas.

Lejos de plantear los misiles balísticos y los vehículos planeadores hipersónicos como sustitutos de otros vectores, los concibe como instrumentos complementarios.

La clave, concluye, es alinear las decisiones de adquisición a corto plazo con las misiones que son estratégicamente necesarias hoy, sin cerrar la puerta a que, si la tecnología y la economía lo facilitan, Europa pueda algún día dejar de depender de Washington también en el ámbito del golpe rápido convencional.