Los sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad del ejército de EEUU (HIMARS) proporcionan una capacidad de ataque profundo.

Los sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad del ejército de EEUU (HIMARS) proporcionan una capacidad de ataque profundo. CENTCOM

Observatorio de la Defensa

EEUU exhibe su poderío militar en la operación ‘Furia Épica’, mientras Trump promete la “derrota total” de Irán

Bombarderos estratégicos, cazas de quinta generación, drones y sistemas antimisiles forman parte del dispositivo militar empleado por Washington.

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Las claves

EEUU ha desplegado bombarderos estratégicos, cazas de quinta generación, drones y sistemas antimisiles en la operación 'Furia Épica' contra Irán.

En los primeros diez días de la ofensiva, se han atacado más de 5.000 objetivos, incluyendo bases militares, sistemas de defensa aérea y buques iraníes.

Donald Trump asegura que la ofensiva no se detendrá hasta la "derrota total" de Irán, intensificando los bombardeos sobre centros clave.

La campaña combina poder aéreo, inteligencia avanzada, drones y una compleja red logística para mantener el ritmo de operaciones y golpear en profundidad.

Bombarderos estratégicos, cazas de quinta generación, drones y sistemas antimisiles forman parte del dispositivo militar empleado por Washington durante los primeros diez días de la ofensiva Furia Épica dirigida contra Irán. Y la guerra sigue con la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que su ofensiva no se detendrá hasta que el país sea "totalmente derrotado".

Según la información difundida por el Departamento de Guerra estadounidense, durante estos días de operación se han movilizado decenas de plataformas aéreas, navales y sistemas de defensa avanzados con el objetivo de neutralizar capacidades clave del aparato militar iraní.

Furia Épica está demostrando la magnitud del poder militar que Washington puede concentrar en un teatro de operaciones en un corto periodo de tiempo, combinando activos estratégicos, inteligencia avanzada y una red logística global.

El propio presidente de EEUU, Donald Trump, aseguró este lunes que la guerra "está casi terminada", aunque insistió en que no se detendrá hasta que Irán sea "totalmente derrotado".

Algo que reiteraba este martes en redes sociales Pete Hegseth, secretario de Guerra de EEUU, "Mientras duermen, atacamos. Mientras se reagrupan, destruimos. Mientras planean, ejecutamos. Día y noche. Hasta que esté hecho". Y ha insistido en que se intensificarán los ataques.

En los últimos días, los bombardeos han alcanzado centros de mando y control, cuarteles y sedes de la Guardia Revolucionaria, instalaciones de inteligencia militar y sistemas integrados de defensa aérea en Teherán, Kermanshah y Shiraz, según fuentes estadounidenses y regionales.

A esos objetivos se han añadido bases y lanzadores de misiles balísticos en el oeste del país, centros de mando de las fuerzas de misiles y del espacio, así como buques de superficie y submarinos de la Armada iraní.

Estados Unidos ha atacado más de 5.000 objetivos en los primeros diez días de la campaña, incluidos más de 50 buques de la Marina, según el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto.

También han sido blanco de los bombardeos las redes de comunicaciones militares, fábricas vinculadas a la producción de drones y misiles, y baterías de misiles antibuque desplegadas a lo largo de la costa del estrecho de Ormuz, pieza central de la estrategia iraní para presionar sobre el tráfico energético mundial.

Ese castigo sostenido está erosionando la capacidad de respuesta de Teherán, reflejada en la caída del volumen y la intensidad de sus ataques en los últimos días.

Para golpear en profundidad, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han recurrido a algunos de sus vectores más emblemáticos: bombarderos B-1, B-2 Spirit y B-52, aeronaves concebidas para lanzar ataques de largo alcance contra objetivos estratégicos en territorio enemigo.

A estos se suman cazas de superioridad aérea y ataque como los cazas F-15, F-16, F-18, F-35 y F-22, que aportan capacidad de penetración en entornos altamente defendidos y escolta a las misiones de bombardeo.

Además, en el contexto actual de competición entre grandes potencias y de proliferación de defensas aéreas integradas, el componente aéreo estadounidense se refuerza con aviones especializados como el EA-18G Growler, plataforma de guerra electrónica capaz de localizar, identificar y degradar radares y comunicaciones enemigas para abrir “corredores” en espacios aéreos fuertemente defendidos.

A ello se han sumado los E-2D Advanced Hawkeye, sistemas de alerta temprana y mando y control aerotransportado con radar de cobertura 360 grados y fusión de sensores, que proporcionan una imagen operacional común y coordinan misiones complejas en escenarios saturados de amenazas aéreas y de misiles.

Integrados en las alas aéreas embarcadas de los portaaviones estadounidenses, estos vectores actúan como multiplicadores de fuerza al permitir operaciones conjuntas más allá del horizonte, mejorar la defensa aérea y antimisil del grupo de combate y sostener la superioridad informativa frente a competidores como China o Rusia en entornos de negación de acceso y área (A2/AD).

Drones, inteligencia y reconocimiento

La operación incorpora un sólido componente de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), crucial en una guerra contra Irán, donde el terreno, la dispersión de objetivos y la amenaza misilística obligan a explotar al máximo la superioridad de información.

En este marco se emplean plataformas tripuladas como el U-2 Dragon Lady, para obtención de imágenes estratégicas en gran profundidad, el RC-135 de reconocimiento electrónico, centrado en interceptar y geolocalizar emisiones de radar y comunicaciones, y el P-8 de patrulla marítima, que refuerza el control del Golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz y las rutas críticas de energía y comercio.

UAV MQ-9 Reaper

UAV MQ-9 Reaper LT. Col. Leslie Pratt Wikipedia Commons

En paralelo, los drones MQ-9 Reaper proporcionan vigilancia persistente sobre áreas clave —desde instalaciones de misiles y drones iraníes hasta corredores logísticos de milicias aliadas— y una capacidad de ataque selectivo contra objetivos de oportunidad o de alto valor, reduciendo el riesgo para las tripulaciones.

Junto a ello, Estados Unidos también ha empezado a utilizar los drones LUCAS (Low-Cost Uncrewed Combat Attack System), su respuesta de bajo coste a los temibles drones Shahed-136 iraníes. Estos sistemas buscan inundar el espacio aéreo con munición merodeadora barata y desechable, un terreno en el que, hasta ahora, Teherán llevaba la delantera.

Esta combinación de medios tripulados y no tripulados permite mantener un cuadro situacional casi continuo y acortar el ciclo entre detección y golpe, convirtiendo la superioridad ISR en una ventaja política y militar directa para Washington y sus aliados.

Defensa antimisiles y presencia naval

En el ámbito defensivo, Estados Unidos ha desplegado sistemas Patriot y THAAD, destinados a interceptar posibles misiles balísticos iraníes. Asimismo, los sistemas C-RAM permiten proteger bases y posiciones avanzadas frente a cohetes, artillería y morteros.

Se suman interceptores estratégicos SM-3 (Standard Missile-3) desplegados en buques y sistemas Aegis Ashore. Fueron los que involucraron a España recientemente en el derribo de un misil que se dirigía hacia Turquía.

La dimensión naval del operativo contra Irán también es decisiva. Washington ha colocado en la zona al USS Abraham Lincoln y al USS Gerald R. Ford, dos portaaviones de propulsión nuclear escoltados por destructores con misiles guiados y buques de apoyo logístico, lo que permite mantener un flujo casi continuo de salidas aéreas y misiles de crucero sobre territorio iraní y sobre el estrecho de Ormuz.

Logística y apoyo estratégico

El éxito operativo de “Furia Épica” descansa también sobre una retaguardia menos visible pero decisiva: la logística.

Una flota de aviones cisterna de reabastecimiento en vuelo mantiene en el aire a los cazas, bombarderos y drones durante horas, mientras aeronaves de transporte estratégico como los C-17 Globemaster III y los C-130 trasladan munición, repuestos y personal entre bases del Golfo, Europa y el propio territorio estadounidense.

En paralelo, buques de apoyo y reabastecimiento sostienen a los grupos de portaaviones y a los destructores que lanzan misiles de crucero contra objetivos en Irán.

A esa infraestructura se suma una densa red de sistemas de comunicaciones aerotransportadas y nodos de mando distribuidos, respaldada por capacidades que el Pentágono agrupa bajo la fórmula deliberadamente ambigua de “capacidades especiales no divulgadas”: desde medios de ciberataque y guerra electrónica avanzada hasta plataformas de inteligencia altamente clasificadas.

Todo ello conforma el andamiaje que permite a Washington mantener un ritmo elevado de operaciones, coordinar varios teatros a la vez y golpear en profundidad el territorio iraní sin perder control del cuadro táctico.