F-18 Growler despegando de la cubierta de un portaviones

F-18 Growler despegando de la cubierta de un portaviones Cesar Zavala Cordova / US Navy

Observatorio de la Defensa

"Rheinmetall, por sí sola, pronto podrá producir 1,5 millones de proyectiles de artillería de 155 mm", más que todo EEUU

Muchos ejecutivos coinciden en que la transformación hacia una industria de defensa más autosuficiente ya está en marcha. Aun así, el reto que enfrenta Europa es enorme.

Más información: Rheinmetall planea almacenar en Alemania la munición que producen las siete plantas que posee en España

Publicada
Actualizada

Las claves

Rheinmetall, empresa alemana, pronto podrá producir 1,5 millones de proyectiles de artillería de 155 mm al año, superando a toda la industria de defensa estadounidense combinada.

Europa acelera la reconstrucción de su industria de defensa, invirtiendo cerca de un billón de dólares para lograr mayor autonomía estratégica ante la posible reducción del apoyo militar de Estados Unidos.

A pesar del aumento de producción, Europa sigue dependiendo de EEUU en capacidades clave como cazas furtivos, misiles de largo alcance e inteligencia satelital.

La Unión Europea discute la creación de un “pilar europeo” dentro de la OTAN para garantizar su seguridad y reducir la dependencia de Estados Unidos en materia de defensa.

Europa acelera su carrera armamentística mientras Estados Unidos reorienta sus prioridades estratégicas hacia otros frentes. El progresivo alejamiento de Washington —visible desde la era Trump— ha encendido las alarmas en las capitales europeas y reavivado una incómoda pregunta: ¿puede el continente seguir confiando su seguridad al compromiso norteamericano?

La respuesta sigue lejos de ser unánime, pese a los avances de algunas compañías. “Rheinmetall, por sí sola, pronto podrá producir 1,5 millones de proyectiles de artillería de 155 milímetros al año, más que toda la industria de defensa estadounidense combinada”, tal y como recordaba en redes sociales el Chief Foreign Affairs Correspondent de The Wall Street Journal.

Una afirmación que sintetiza un cambio profundo en el equilibrio industrial y estratégico del mundo occidental, donde Europa, durante décadas dependiente del paraguas militar de Washington, ha iniciado una carrera contrarreloj —valorada en cerca de un billón de dólares— para reconstruir su industria de defensa y garantizar su autonomía estratégica.

La invasión rusa de Ucrania puso al descubierto las debilidades militares del continente y aceleró el debate sobre su autonomía estratégica. En el sector, muchos ejecutivos coinciden en que la transformación hacia una industria de defensa más autosuficiente ya está en marcha. Aun así, el reto que enfrenta Europa es enorme.

Mientras tanto el presidente Trump reitera su visión de América Latina como una región clave para los intereses de Washington —enfocándose en frenar la migración y el narcotráfico, como refleja su retórica sobre el “patio trasero” estadounidense—, Europa observa con inquietud cómo Estados Unidos podría reorientar recursos militares hacia otras regiones del mundo, como Asia o el hemisferio occidental.

Las recientes propuestas de Trump sobre la adquisición de Groenlandia no solo reavivaron tensiones diplomáticas, sino que profundizaron una pregunta incómoda en Bruselas y en las capitales europeas: ¿puede Europa defenderse sola si Estados Unidos reduce su presencia militar o limita el suministro de armamento?

La respuesta mayoritaria entre analistas y legisladores es un "sí", con muchas cautelas. Aunque todos coinciden en que se necesita mucho más tiempo.

La industria de defensa europea, tradicionalmente rígida y fragmentada, está produciendo drones, tanques, municiones y sistemas de armas al ritmo más alto en décadas. Sin embargo, persisten brechas críticas.

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, sustituir el equipo y el personal militar estadounidenses desplegados en Europa costaría alrededor de un billón de dólares, como sostiene The Wall Street Journal.

Además, el continente aún depende de Washington en capacidades clave como cazas furtivos, misiles de largo alcance e inteligencia satelital.

Un problema de estructura

El problema no es solo de volumen, sino de estructura. A diferencia de Estados Unidos, que cuenta con el mayor presupuesto militar del mundo y una industria altamente integrada, Europa arrastra un ecosistema defensivo fragmentado entre Estados miembros, con estándares, cadenas de suministro y prioridades distintas.

Aun así, el aumento sostenido del gasto militar y la revitalización de la investigación y el desarrollo están empezando a rendir frutos.

Algunos avances han sido sorprendentemente rápidos. A finales de 2024, el empresario alemán Clemens Kürten fundó una empresa para vender drones a ejércitos europeos sin contar inicialmente con diseños ni personal, como indica el citado medio estadounidense.

En menos de un año, la compañía ya había vendido cientos de unidades, reflejo de la urgencia y la flexibilidad que hoy caracterizan al sector.

La inquietud europea se ha intensificado ante la posibilidad de que Estados Unidos no solo reduzca su presencia militar, sino que también condicione el uso de armas ya vendidas.

En el reciente Foro de Davos, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, advirtió que la flota de 62 cazas F-18 fabricados en Estados Unidos no puede operar sin el apoyo técnico y logístico de Washington.

Repuestos, actualizaciones de software y tareas de mantenimiento dependen directamente del fabricante, lo que convierte la autonomía militar en un desafío no solo político, sino también tecnológico.

"Pilar europeo"

En este contexto, la Unión Europea empieza a hablar abiertamente de construir un “pilar europeo” dentro de la OTAN.

“Si los estadounidenses empiezan a reducir su presencia en el continente europeo, debemos planear cómo construir ese pilar”, afirmó en el Foro Económico Mundial Andrius Kubilius, el comisario europeo encargado de revitalizar la industria de defensa.

El objetivo incluye reemplazar los llamados habilitadores estratégicos —como los satélites— de los que Europa depende actualmente de Estados Unidos.

Europa no solo debe producir más armas, sino hacerlo de forma coordinada, sostenible y tecnológicamente avanzada, en un escenario global donde Estados Unidos redefine sus prioridades y el orden de seguridad surgido tras la Segunda Guerra Mundial ha entrado ya en una etapa de profunda transformación.

Como recordó el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su aplaudido discurso en Davos: “Las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Con esas palabras, Carney instó a los aliados a hacer frente a las políticas de Trump impulsando una defensa común.