Maqueta del FCAS

Maqueta del FCAS Europa Press

Observatorio de la Defensa

FCAS, la espada de Damocles de la capacidad aérea española: de la apuesta total al miedo a perder la sexta generación

La maltrecha relación entre Francia y Alemania puede llevarse por delante el programa del caza y dejar a España sin una alternativa válida.

Más información: España desarrollará un caza de sexta generación junto a Alemania si el programa original del FCAS fracasa

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Las claves

Las negociaciones entre Alemania, Francia y España sobre el proyecto FCAS presentan diferencias críticas y amenazan la continuidad del caza de sexta generación.

Una de las opciones consideradas es el desarrollo en paralelo de dos cazas distintos: Francia liderando uno y Alemania junto a España otro, debido a desacuerdos sobre carga de trabajo y versiones navales.

El desarrollo de la nube de combate es el único aspecto en el que todos los países coinciden, siendo un sistema esencial para la futura interoperabilidad de las fuerzas aéreas europeas.

España explora alternativas como el programa GCAP con Reino Unido, Italia y Japón, o la colaboración con Turquía y su caza KAAN, ante el riesgo de quedarse sin capacidad aérea de nueva generación.

Las reuniones entre los Ministerios de Defensa de Alemania, Francia y España sobre el caza FCAS están resultando muy poco productivas. Las diferencias parecen insalvables en algunos aspectos críticos y las cartas ya están sobre la mesa.

Lo que se extrae de estos encuentros, de los que ninguno de los organismos públicos se ha pronunciado oficialmente, es que la continuidad del caza de sexta generación podría estar en peligro, al menos tal y como lo conocemos.

Se trata de un proyecto valorado en más de 100.000 millones de euros para el desarrollo de un sistema de guerra aérea completo y con el objetivo de sustituir a los cazas Eurofighter y Rafale para la década del 2040.

La participación en el programa es igualitaria, con cada país ostentando el 33% y habiendo elegido las compañías de referencia en cada uno de ellos. En España lidera Indra, Airbus en Alemania y Dassault hace lo propio en Francia.

La materialización de la aeronave tal y como lo conocemos es "muy improbable", señaló un informante citado por Reuters.

Fuentes del Ministerio de Defensa español han indicado a EL ESPAÑOL que una de las opciones pasa por el desarrollo en paralelo de dos cazas.

Si finalmente se llega a esta situación, Francia se haría cargo de un modelo, mientras que España se uniría a Alemania para hacer lo propio.

Esta deriva solitaria de Dassault, bajo las órdenes de París, no es realmente nueva. Desde hace meses, su director general, Eric Trappier, lleva proclamando la autosuficiencia francesa para llevar a cabo el proyecto.

"No me molesta que los alemanes protesten, aquí sabemos hacerlo", afirmó el directivo el pasado septiembre en referencia a la disputa entre ambos países.

"Si quieren hacerlo solos, que lo hagan solos", aseveró. Sin embargo, las relaciones —que nunca han sido fluidas— parecen estar muy deterioradas desde antes, probablemente desde mayo, cuando se comenzaron a plantear aspectos de la siguiente etapa.

Cuestión de peso

El programa se enfrenta ahora al comienzo de la conocida como Fase 2 del desarrollo, una etapa crucial —tanto desde el prisma económico como de carga de trabajo— que tiene prevista la fabricación de los primeros demostradores.

Maqueta del FCAS

Maqueta del FCAS Europa Press

Este salto a lo tangible lleva aparejada la toma de decisiones críticas para el devenir del programa.

La primera está relacionada con la carga de trabajo distribuida entre los países. Según las últimas informaciones, todo apunta a que Francia quiere conceder a su industria un peso específico mayor a lo previamente acordado y en detrimento, fundamentalmente, de Alemania.

Desde Dassault han declarado que desean restablecer un control claro sobre la parte nuclear del caza FCAS y dejar que Airbus gestione otros papeles como los drones de combate, recoge Reuters.

"Pido liderazgo basado en las capacidades de Dassault", declaró Trappier en una conferencia. "No me opongo a la cooperación, pero debe ser una cooperación eficaz".

Unas declaraciones que no han sentado nada bien en Berlín, cuyo planteamiento se parece más al que se ha aplicado en el programa Eurofighter con una carga de trabajo más distribuida entre los socios.

La segunda pasa por el propio concepto del caza. Francia ha comunicado en varias ocasiones la intención de desarrollar una versión naval del FCAS con el propósito de sustituir a los Rafale-M actualmente operativos.

España también estaría interesada en esta variante en particular, ya que el Ministerio de Defensa liderado por Margarita Robles comunicó hace unos meses a Navantia el estudio de la construcción de un nuevo portaviones convencional.

Siguiendo este hilo, fuentes de la Armada aseguraron a EL ESPAÑOL que la intención es apostar todo a la carta del FCAS, incluyendo esa versión naval propuesta por París.

De delante hacia atrás: F-35 de Reino Unido, Rafale francés, Eurofighter de Reino Unido y Rafale francés

De delante hacia atrás: F-35 de Reino Unido, Rafale francés, Eurofighter de Reino Unido y Rafale francés RAF

El problema llega cuando el concepto de caza que se maneja desde Berlín dista mucho de uno compatible siquiera con una versión naval.

Alemania busca una plataforma con mayor capacidad de carga de armamento y autonomía, ya que no dispone de buques portaviones. Dos aproximaciones complicadas de converger.

En el apartado geopolítico, la ya compleja relación entre Francia y Alemania tiene una arista más: Estados Unidos. Eric Trappier ha criticado abiertamente a Berlín por adquirir cazas F-35 en lugar de apostar por soluciones europeas.

"¿Está Alemania dispuesta a dejar de lado su relación transatlántica en materia de defensa?", preguntó el CEO de Dassault —quizá de forma retórica— al ser cuestionado sobre el programa FCAS y el papel de ambos países.

Un tema clave, hablando de pesos, es el escaso que ha tenido España en todo este tiempo dentro del programa. Desde el Ministerio de Defensa español se ha optado por llevar un perfil bajo en el plano de la comunicación institucional.

Las ocasiones en las que la ministra Robles o la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, se han pronunciado sobre el FCAS son escasísimas y siempre abogando por el entendimiento mutuo.

En este sentido, desde el Ministerio español aseguran que "todos los socios están de acuerdo en que el FCAS no puede fracasar", según han explicado a este periódico fuentes de Defensa. Pero queda ver de qué forma y en qué formato.

Nexo de unión

Si bien las discrepancias son más que palpables en los anteriores términos, parece que sí existe un aspecto en el que todos están de acuerdo: la nube de combate.

"Podemos convivir con varios aviones en Europa, pero necesitamos un sistema en la nube para todos ellos", según señaló una fuente al Financial Times.

Unas declaraciones que coinciden con las fuentes del Ministerio de Defensa consultadas por este periódico, quienes aseguran que este sistema sería mutuo entre todos los países, independientemente si se llevan a cabo uno o dos modelos de caza.

Arquitectura de la nube de combate del FCAS y A400M, entre otros

Arquitectura de la nube de combate del FCAS y A400M, entre otros Airbus D&S

El de la nube de combate es un elemento clave del programa y uno de los pilares sobre los que se sostiene el concepto de caza de sexta generación, que busca la compartición de datos en tiempo real con todo tipo de plataformas.

Por ejemplo, además del caza tripulado como eje central, el programa FCAS también recoge el desarrollo de drones colaborativos y de enlaces de comunicación con aeronaves ya en activo, como los Eurofighter o los Airbus A400M.

Brazos abiertos

Todos estos problemas entre Francia y Alemania por el FCAS no han permanecido ajenos al resto del panorama de la industria de la defensa mundial.

Además de EEUU y su F-47, el otro gran programa de desarrollo de un caza de sexta generación es el Global Combat Air Programme, más conocido por sus siglas GCAP.

El GCAP está participado por Reino Unido, Italia y Japón, y se encuentra en una fase de diseño más avanzada que el FCAS, por lo que suscita el interés por parte de terceros.

James MacCleary, del partido británico liberal demócrata, realizó una pregunta por escrito el pasado 15 de diciembre al Ministerio de Defensa de Reino Unido sobre "la posible adhesión de Alemania al GCAP".

La respuesta tardó en llegar tres días: "Como socios, hemos mantenido nuestra disposición a que se unan otros", ha asegurado Luke Pollard, ministro de Defensa británico.

Si bien desde Berlín han mantenido silencio sobre este potencial movimiento, el ministro de Defensa de Italia, Guido Crosetto, apuntó hace unas semanas que "Alemania podría sumarse a este proyecto en el futuro".

Representación por ordenador del caza de sexta generación GCAP

Representación por ordenador del caza de sexta generación GCAP BAE Systems

La respuesta del ministro de Defensa británico no señala a Alemania como socio preferente de ningún tipo, por lo que podría ser posible que España también se uniera al GCAP como un socio más, aunque presumiblemente con una carga industrial varios órdenes menor que en el FCAS.

Sería un planteamiento más similar al Eurofighter, con socios tecnológicos y pesos en el programa menos concentrados. Justamente lo que busca Alemania y Francia no lo permite.

De hecho, el consorcio del Eurofighter está formado por Alemania, Reino Unido, Italia y España. La única diferencia sería Japón, que también cuenta con experiencia en el desarrollo de aeronaves de guerra.

Si bien el GCAP encaja como un guante a la filosofía de la Luftwaffe alemana, España tendría que salvar el escollo de la versión naval, ya que este caza no está concebido para su operación a bordo de portaviones.

La vía turca

Ante el peligro de derrumbe del FCAS y la rotunda negativa a adquirir F-35, España debería contar con una vía de salvamento para su capacidad aérea a medio y largo plazo.

Una de las alternativas de las que más se ha hablado y escrito en los últimos meses es la que proporciona Turquía con el caza de quinta generación KAAN.

"Como socio cercano en los ámbitos político, comercial y cultural, España es, naturalmente, uno de los países con los que cabe concebir una posible colaboración", según declaró hace unas semanas Mehmet Demiroglu, director general de Turkish Aerospace, a EL ESPAÑOL.

El programa de Ankara se encuentra avanzando según calendario y esperan contar con dos nuevos prototipos de vuelo propulsados por el motor nacional y una unidad extra dedicada a pruebas en tierra en 2026.

Los turcos tampoco se cierran a una potencial versión de operación naval, ya que Turquía cuenta con portaviones y tiene intención de incorporar más en el futuro.

"Si se requiere una variante naval, no seremos seguidores; lideraremos el desarrollo y la entregaremos con éxito", explicó Demiroglu.

Final countdown

La situación española es actualmente muy complicada por la falta de alternativas sólidas y válidas para el Ministerio de Defensa, especialmente en el terreno de los cazas de quinta generación.

Tanto el Ejército del Aire y del Espacio como la Armada —si se pretende mantener la capacidad de ala fija embarcada— deben contar con programas estables en el tiempo que permitan una planificación a medio plazo. Con especial relevancia en temas de formación y adecuación de infraestructura.

Debido a todo este escenario complejo —también para Alemania y Francia, aunque en menor medida por su capacidad industrial y alianzas— la decisión sobre la continuidad del FCAS deberá tomarse pronto.

Fuentes del Ministerio de Defensa han confirmado a EL ESPAÑOL que podría resolverse en los próximos días y la intención es tener todo aclarado antes de mediados del próximo enero.

Y es que, si finalmente se cancela todo el FCAS, Francia cuenta con capacidad industrial suficiente para llevar a cabo el desarrollo de un caza en solitario, Alemania siempre podría recurrir a cazas de Estados Unidos —como ya ha hecho— y España se quedaría muy tocada sin un avión de quinta generación al que agarrarse a corto plazo ni programa para el de sexta. Un escenario que nadie quiere en el Ministerio de Defensa.