Una mujer se sienta cerca de una pancarta de campaña preelectoral con los líderes de la Lista Conjunta, antes de las elecciones nacionales de Israel, en Názaret.

Una mujer se sienta cerca de una pancarta de campaña preelectoral con los líderes de la Lista Conjunta, antes de las elecciones nacionales de Israel, en Názaret. Ammar Awad Reuters

Oriente Próximo

Los árabes de Israel, la minoría marginada que tiene las llaves del Gobierno y el futuro de Netanyahu en su mano

Los líderes árabes tienden la mano a la oposición para tumbar a un Netanyahu que los señala como enemigos del Estado.

Las encuestas arrojan un empate técnico entre bloques, con los partidos árabes como fuerzas decisivas.

Más información: Netanyahu y sus socios ultras impulsan que los dos únicos partidos árabes de Israel sean excluidos de las elecciones

Tamra (Israel)
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Mohammed Abu Elheija (Shoko), diputado árabe e israelí de Yesh Atid, denuncia la discriminación y el "fascismo" del Gobierno de Netanyahu, abogando por construir puentes entre árabes y judíos.

La comunidad árabe, que representa el 21 % de la población en Israel, afronta un aumento de la criminalidad, problemas con viviendas sin licencia y planes de asentamiento en regiones como Galilea y el Néguev.

Con la proyección de un empate técnico entre bloques políticos, la movilización de la minoría árabe resulta clave, pudiendo sus partidos facilitar un Gobierno de oposición que desbanque a Netanyahu.

En Mohammed Abu Elheija, alias Shoko, habitan multitudes. Es árabe, israelí, musulmán, sionista y seguidor del Maccabi Haifa. "Algunos prefieren definirse como palestinos y, aunque no comparto esa visión, debo respetarla", concede. Shoko es también diputado de la Knéset, activista social y líder comunitario en Tamra, una población de la Baja Galilea donde residen unas 35.000 personas, la mayoría árabes.

Aquí se siente en casa. "Tamra es mi ciudad. Nací aquí, vivo aquí y me gusta", expresa Shoko, acompañando con las manos cada palabra, desde el asiento de un restaurante desangelado de la calle Al-Quds. Y añade: "Estoy orgulloso de formar parte de la comunidad árabe, de ser un ciudadano de Tamra y también estoy orgulloso de ser un ciudadano israelí".

Shoko es un rara avis. Milita en el partido liberal y secular Yesh Atid (Hay Futuro, en español) del ex primer ministro Yair Lapid, que concurre a las elecciones a la Knéset del próximo 27 de octubre de la mano de Naftali Bennett, otro antiguo jefe de Gobierno, bajo la marca Beyajad (Juntos).

Mohammed Abu Elheija, alias Shoko, posa en un restaurante de Tamra.

Mohammed Abu Elheija, alias Shoko, posa en un restaurante de Tamra. Álvaro Escalonilla

El tándem Bennett-Lapid es parte integral del bloque opositor encabezado por el teniente general Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Hoy por hoy, Eisenkot es el único aspirante con opciones de desbancar a Benjamin Netanyahu del cargo de primer ministro. Así lo reflejan todas las encuestas.

Shoko, por su parte, es el responsable de la rama árabe de Yesh Atid. Entró en la Knéset en el tramo final de la última legislatura para cubrir una vacante, pero tendrá complicado conseguir un asiento en el próximo Parlamento. La fusión entre Bennett y Lapid y la consiguiente reestructuración de los puestos de salida diluyeron su peso orgánico.

"Sin embargo, trabajamos duro para ganar las elecciones porque debemos reemplazar al gobierno más fascista y racista de la historia", apunta con vehemencia este dirigente de 37 años, que presume de credenciales: "Vengo del campo educativo, trabajo duro con jóvenes y adultos para involucrarlos en la sociedad y en todo el sistema; es mi trabajo principal".

Shoko no duda en calificar a Netanyahu de "fascista". Se explica: "El fascismo dice que yo, como mayoría, quiero controlar todo el sistema para beneficiar a la mayoría. Ganó mediante unas elecciones democráticas, pero desde entonces pretende hacer leyes que sólo les beneficien a ellos y perjudiquen a las minorías".

Shoko pone más ejemplos y recuerda cuando, en junio de 2025, Tamra sufrió el impacto de un misil lanzado desde Irán que causó la muerte de cuatro mujeres de la misma familia, dos de las cuales eran niñas. "Al mismo tiempo, un grupo de judíos cantaba deseando que nuestro pueblo se quemara", lamenta.

"Ni el primer ministro ni ningún otro miembro del Gobierno dijo que eso era racista o inhumano. Netanyahu fue al Canal 14 y declaró que algunas personas en Tamra odian a Israel. Perdí a familiares y él dice eso para calmar a su base electoral. Para mí, eso también es fascismo", remata.

Los problemas de los árabes

Sin solución de continuidad, Shoko pasa a enumerar la discriminación que sufren los árabes en Israel: "Tenemos un problema con las edificaciones sin licencia en nuestros pueblos. Antes de ayudar, las administraciones deciden destruir cada casa construida".

Ese no es el único contratiempo que afecta a su vida cotidiana, ni siquiera encabeza su orden de prioridades. La principal preocupación se centra en la política expansionista del Gobierno actual, que después de acelerar la construcción de asentamientos en Cisjordania orienta ahora sus planes hacia las zonas de mayoría árabe dentro de Israel.

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich.

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich. Reuters

Majd al-Krum es el ejemplo. En septiembre, los vecinos de esta localidad de mayoría árabe, a tan solo 20 minutos en coche del restaurante desangelado de Tamra desde donde habla Shoko, hicieron frente a un grupo de judíos israelíes que pretendían instalar en el término municipal un puesto de avanzada, una práctica habitual de los colonos en Cisjordania para ocupar tierras.

La policía israelí acabó desalojando el puesto, que contaba con el respaldo explícito del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. Unas semanas antes, el líder ultraderechista había dado un mitin desde los terrenos de Majd al-Krum y había presentado un plan para "judaizar" las regiones israelíes de Galilea y el Néguev, que concentran amplias comunidades árabes.

Otro problema acuciante para esta minoría, que representa el 21 % de la población israelí, es el crecimiento exponencial de los índices de criminalidad. Al menos 175 ciudadanos árabes han perdido la vida en incidentes violentos en lo que va de año, según el recuento de la ONG Abraham Initiatives.

El responsable es el crimen organizado, pero los árabes israelíes lo achacan a la pasividad de la policía, un cuerpo de seguridad bajo el mando del supremacista Itamar Ben-Gvir, actual ministro de Seguridad Pública. "El Estado se ha retirado por completo de la escena", lamenta Walid Haddad, un destacado criminólogo y académico árabe-israelí.

Los efectos del 7-O

Shoko reconoce que no es fácil ser árabe en Israel. "Todos los días insultan a los conductores de autobús árabes", dice. Pero se contiene: "No diré una mala palabra contra esos jóvenes, porque han sido alimentados con odio. Cuando educamos a la gente en el respeto hacia los demás, estas cosas no ocurren".

La situación de la comunidad empeoró tras el salvaje atentado de Hamás. "Una amiga judía me preguntó por qué no condenaba a Hamás y lo ocurrido el 7 de octubre. Le pregunté por qué debería hacerlo yo y no ella. Me dijo que tal vez porque soy árabe o musulmán", cuenta.

"Pero para mí ellos no son musulmanes ni árabes. Alguien que mata a bebés o a cualquier persona no es humano para mí. Son terroristas", insiste Shoko, quien recuerda que Hamás también dejó a su paso un reguero de víctimas árabes durante el llamado Sábado Negro.

"Tras el 7 de octubre, algunos políticos querían que ocurriera lo mismo que en la operación de 2021, cuando hubo enfrentamientos entre árabes y judíos dentro de las ciudades", recuerda. "Decían que volvería a pasar, pero lo único que ocurrió fue que los médicos árabes en los hospitales ayudaron a los soldados judíos y a los soldados árabes del Ejército".

La masacre de Hamás no cambió la óptica de Shoko. "Al contrario, empecé a trabajar más duro para tender puentes entre árabes y judíos en Israel", cuenta. "Amo a mi país", repite una y otra vez. "Como árabe musulmán religioso con antecedentes palestinos, amo a mi país y quiero trabajar duro para salvarlo de esta gente racista. La única vía son las elecciones".

"Por otro lado, también tenemos radicales en el lado de los partidos árabes. Gente que dice que cualquiera que vote a la Knéset es un traidor, un espía o un colaborador", lamenta acto seguido. "Sufrimos por ambos lados. Estoy en el medio, participando en el Estado, mientras los radicales me llaman colaborador".

Las listas árabes

En esta ocasión, los argumentos de los radicales a los que menciona Shoko no hacen mella. Los votantes árabes están más movilizados que nunca porque perciben que esta votación ha tomado un cariz existencial. El Instituto de Investigación Stat-Net proyecta una participación del 63 %, frente al 56 % registrado en las últimas legislativas de 2022.

La comunidad árabe israelí tiene a mano dos opciones principales. Por un lado, el partido islamista Ra'am de Mansour Abbas. Por otro, la Lista Conjunta, una coalición compuesta por Hadash, un partido de corte secular e integrado por árabes y judíos; Ta'al, liderado por Ahmad Tibi; y Balad, de ideología nacionalista árabe.

"Balad es un partido nacionalista palestino muy radical, Hadash era el partido comunista judeo-árabe, pero se ha vuelto más nacionalista palestino para apelar a las emociones, Tibi opera en solitario desde hace 30 años y Ra'am es el movimiento islámico pragmático que decidió ser un partido civil centrado en los problemas reales de los ciudadanos", resume Shoko.

Ahmad Tibi se toma un selfi en grupo, junto a Yousef Jabareen, el presidente de Balad Sami Abu Shehadeh y Maha Karkabi Sabbah, entre otros.

Ahmad Tibi se toma un selfi en grupo, junto a Yousef Jabareen, el presidente de Balad Sami Abu Shehadeh y Maha Karkabi Sabbah, entre otros. Ammar Awad Reuters

El dirigente de Yesh Atid sueña con un gobierno que no dependa de la extrema derecha religiosa de los Ben-Gvir, que concurre a las elecciones a la cabeza de Poder Judío, o Smotrich, que lo hace en compañía del ultranacionalista Moshe Feiglin, quien llegó a decir en televisión que no le quitaba el sueño ver morir de hambre a los bebés de Gaza.

Shoko sabe que el cambio sólo puede llegar de tres formas. O bien un gobierno de unidad nacional entre Netanyahu y Eisenkot, o bien un gobierno en minoría con el respaldo parlamentario de los partidos árabes, o bien una coalición del bloque anti-Bibi que incorpore en el Gabinete a los partidos árabes, como sucedió en 2021.

El único problema es que, en el clima hostil que domina la campaña electoral, los candidatos con opciones de gobernar esconden su interés en pactar con Ra'am o la Lista Conjunta. Netanyahu azuza el miedo a los líderes de la comunidad, a los que trata como enemigos del Estado. Los líderes opositores guardan silencio, cuando no replican los eslóganes de Bibi.

Empate técnico

Las encuestas arrojan un empate técnico entre bloques. El escenario más probable es que el bloque anti-Bibi que lidera Eisenkot obtenga la mayoría de los votos, pero que quede lejos de la mayoría absoluta, fijada en 61 escaños. Llegado el caso, necesitarán de algún modo u otro el respaldo de los partidos árabes a los que, salvo contadas excepciones, ningunean.

Con todo, Eisenkot y los demás líderes opositores tienen la mano tendida de Abbas. El líder islamista ha dejado claro que su objetivo es sustituir a la coalición actual "para poner fin a las guerras y a estas políticas, frenar la expansión de los asentamientos y abordar la incapacidad de detener los ataques de los colonos".

Gadi Eisenkot, en el acto de lanzamiento de la campaña electoral de Yashar, su nuevo partido político, celebrado cerca de Hod Hasharon.

Gadi Eisenkot, en el acto de lanzamiento de la campaña electoral de Yashar, su nuevo partido político, celebrado cerca de Hod Hasharon. Amir Cohen Reuters

Es un enfoque parecido al de Tibi, dispuesto a formar "un bloque preventivo para apoyar desde fuera" a la próxima coalición de gobierno. "Nuestra máxima prioridad es deshacernos del gobierno de extrema derecha de Netanyahu, Smotrich y Ben-Gvir", remarcó el líder de Ta'al.

No sería la primera vez que los partidos árabes toman asiento en el Gabinete. Ra'am se convirtió en la primera formación árabe musulmán en formar parte de un gobierno desde la fundación del Estado de Israel. Abbas trabajó a las órdenes de Bennett, un antiguo líder colono que creció bajo el ala de Netanyahu. Aquel experimento solo duró 18 meses.

¿Qué piensa Shoko cuando los líderes de la oposición dicen que no están dispuestos a formar coalición con los partidos árabes? "Creo que si las fuerzas sionistas consiguen 61 escaños, Mansour Abbas y Ra'am podrían unirse a la coalición", reconoce. "El juego político en Israel cambia todos los días".

"Yo empecé en política con [Yoav] Segalovitch, un hombre valiente que fue viceministro de Seguridad Nacional y logró bajar las tasas de criminalidad en la sociedad árabe", apunta. "Ahora Segalovitch está en Ra'am. Decir que él no puede ser parte del próximo gobierno es una estupidez. Es parte de la campaña, pero la esperanza empieza con pasos como ese".

Shoko se pone a sí mismo como ejemplo. "En mi primer discurso en la Knéset dije que los árabes deben ser parte del próximo Gobierno. Muchos diputados se me acercaron y me dijeron que fue conmovedor, incluso un ministro de la extrema derecha", asegura, aunque prefiere no decir el nombre.