Olivier Duhamel, en una foto de archivo.

Olivier Duhamel, en una foto de archivo. EFE

Europa

#Metooinceste: la explosión de denuncias de incesto que ha roto a la sociedad francesa

La publicación de un libro de la hija de un exministro galo sobre el incesto de su padrastro a su hermano ha destapado cientos de denuncias del cáncer que suponen estos abusos.

20 enero, 2021 13:35

Camille Kouchner, hija del exministro galo de Sanidad Bernard Kouchner, se ha elevado sobre todo un país para denunciar lo que su padrastro le hizo a su mellizo. Ahora tienen 45 años, pero cuando eran pequeños, el marido de su madre, el famoso politólogo y gurú de la izquierda francesa, Olivier Duhamel, abuso sexualmente de su hermano.

Y no una, ni dos veces. Además, su madre lo sabía y calló. Camille lo ha contado en el libro La gran familia que ha supuesto el acicate que necesitaba un país entero para denunciar lo ocurre de puertas para adentro, en los hogares.

Las redes sociales han utilizado el hashtag #MetooInceste (aunando el movimiento de denuncia de abusos sexuales que utilizaron las mujeres por todo el mundo para acabar incluso con los depredadores sexuales más poderosos) con la palabra incesto.

La idea fue lanzada por el colectivo feminista #NousToutes por iniciativa de dos mujeres, Caroline de Haas y Madeline Da Silva, activista por los derechos de las mujeres y los niños y teniente de alcalde de Lilas en Seine-Saint-Denis. Lo que pretenden es que se acabe con un delito oculto en el que más del 95% de los agresores son hombres.

El resultado ha sido cientos de denuncias con nombres y apellidos en las redes, un país entero quitándose la careta y destapando un problema que enferma a una sociedad y que supone un cáncer difícil de erradicar por la privacidad del lugar donde se produce el delito y, sobre todo, por la edad de las víctimas.

El hashtag lleva casi 100.000 comentarios en Twitter, algunos con historias anónimas pero otras con nombres y apellidos que están provocando incluso la apertura de investigaciones oficiales, como el escalofriante relato de Anne-Cécile: "Yo tenía 9 años. Duró 2 años. Él era director de un centro de día en París, me tocaba, me obligaba a hacerle mamadas. En la colonia venía al dormitorio a tocarme de noche. me violó en casa" asegurando que la persona "aún trabaja en el ayuntamiento de París".

El Gobierno parisino ha abierto, de hecho, una investigación sobre este caso que ha concluido que el agresor "no se encuentra ya en la ciudad de París".

Muchos de los casos han saltado de las redes sociales a las televisiones y las radios que se están volcando en este tema, lo que puede provocar cambios no sólo en la percepción del delito sino también legislativo, que es lo que pretende el movimiento.

De hecho, el secretario de Estado de Infancia, Adrien Taquet, ha prometido que se van a introducir cambios porque, aunque se ha ampliado 30 años el tiempo de prescripción del delito, las víctimas consideran que debería de no prescribir nunca.

"Necesitamos encontrar formas legales de criminalizar las relaciones sexuales entre un adulto y un niño menor de 15 años", ha asegurado Taquet.

Laure sólo había escrito en Twitter: "Tenía siete años, era mi padre". Sin embargo, luego se atrevió a narrar en un programa de televisión cómo ocurrieron los abusos: "Mi papá subió a la cama, estaba muy borracho esa noche. Me pidió que fuera a 'dormir con papá' . Para una niña de siete años, no es un problema porque es más su héroe que cualquier otra cosa. Enseguida me habló como a mi madre y empezó a hacerlo. No fue sólo una vez".

Otra usuaria, con su foto y su perfil auténtico, se atrevió a denunciar bajo ese hashtag: "Yo también. Toda mi infancia robada por un hombre, mi padre. Yo también, espero las consecuencias de mi denuncia presentada hace año y medio. Yo también, me niego a guardar silencio hoy. Sigamos testificando a pesar del dolor, hay que saberlo".

Y otra: "Viniste a verme por la noche y me dijiste 'así es como un papá ama a su hija'".

Según una encuesta reciente, uno de cada 10 franceses ha sido víctima de abusos sexuales y en el 80% de los casos, el agresor era un miembro de su familia.