El conservador Boris Johnson, este martes en Birmingham.

El conservador Boris Johnson, este martes en Birmingham. Reuters

Europa BREXIT

Ni Corbyn ni la UE: Boris Johnson es el mayor enemigo de May

“Compañeros, esto no es democracia. No es lo que votamos. Es un escándalo constitucional. No es una recuperación del control, es perder el control”. Son palabras de Boris Johnson este martes en Birminghan, criticando el plan del Gobierno de Theresa May con respecto al brexit.

Johnson, que abandera la corriente rebelde dentro del partido conservador, se ha convertido en la verdadera ‘china en el zapato’ de la primera ministra británica. El exministro, que dimitió en julio por su desacuerdo con May, lanzaba toda su artillería en un evento paralelo al congreso anual de los tories que se celebra en la ciudad inglesa de Birmingham

El político, que aspira a liderar el Partido Conservador, a diferencia de May, está a favor de una desconexión total del bloque europeo. La mandataria tory, en cambio, trata de convencer a los suyos de que el camino a seguir es mantenerse firmes con su propuesta para crear un área de libre intercambio de mercancías a ambos lados del canal de la Mancha. Para el euroescéptico Johnson esto supone que Reino Unido perdería el control y dejaría "al país mitad dentro y mitad fuera” de la UE.

“Chequers –así es como se conoce el plan de May- es un escándalo constitucional. No es pragmático, no es un compromiso. Es peligroso y política y económicamente inestable”, aseguraba Johnson en un abarrotado mitin que congregaba a cientos de personas. 

Para el exalcalde de Londres, May debería rebajar sus expectativas y proponer a la UE un acuerdo de libre comercio más básico, al estilo del de Canadá.

Corbyn y la UE también presionan

Sobre el nuevo referéndum que pide la oposición laborista, Johnson consideró que se trata de una idea “infame”. “La idea de un segundo voto es infame, pero obviamente la fragilidad democrática de las propuestas de Chequers no hará más que intensificar esas peticiones”, manifestaba Johnson, en referencia a las demandas del laborista Jeremy Corbyn, que trata de apretar a May pidiendo una nueva votación.

Pero quien realmente erosiona a la política británica es su compañero de partido.

A pocas semanas de que se cumpla el plazo marcado para cerrar un trato, la disputa entre fracciones enfrentadas del Partido Conservador puede acabar derrumbando a la líder tory. May, debilitada políticamente, necesita persuadir y aprobar en el Parlamento un pacto, que descarrilaría si suficientes conservadores rebeldes deciden votar en su contra. 

Por si eso fuera poco, a las guerras fratricidas se suma el rechazo de Bruselas al brexit flexible” que suplica May. De hecho, Bruselas ya ha descartado los aspectos clave de su plan y redobla la presión sobre la mandataria británica para que acabe claudicando. 

Tanto es así que en la pasada cumbre europea de Salzburgo, May, que pidió a sus socios europeos que rebajaran sus líneas rojas para evitar así un brexit caótico, se acabó marchando con las manos vacías. Los 27 estados miembro de la UE criticaron sus planes económicos y le exigieron más garantías sobre la frontera con Irlanda. 

Ahora, May tiene una nueva oportunidad -la última- en noviembre, mes en el que tendrá lugar una cumbre extraordinaria de la UE para que Reino Unido pueda cerrar un acuerdo de divorcio que entusiasme a Bruselas.