Marlène Schiappa, en una imagen de archivo en el Elíseo.

Marlène Schiappa, en una imagen de archivo en el Elíseo. Reuters

Europa Francia

La bloguera que combate el machismo desde el Gobierno de Macron

La secretaria de Estado de Igualdad, Marlène Schiappa, abre un debate nacional para penalizar el acoso. 

"Desde los 13 años vivía con mi hermana en casa de mi padre en una gran ciudad y muchas veces nos transmitía la idea de que para nosotras, como chicas, salir a la calle no era lo mismo que para él. Era más peligroso”. Ese recuerdo del “reconocimiento de una injusticia” prendió en Marlène Schiappa (París, 1982) y despertó su interés en el feminismo. Una militancia que no ha abandonado desde su niñez y que ahora defiende arropada desde la estructura de la República francesa.

Schiappa, de madre italiana y padre corso, es una de las personalidades de la sociedad civil que conforman el Ejecutivo paritario de Emmanuel Macron al mando de la secretaría de Estado de Igualdad. La promesa electoral del ahora presidente francés era crear un Ministerio dedicado exclusivamente a pelear por los derechos de las mujeres y evitar la brecha de género en todos los ámbitos. La sonora promesa se quedó en secretaría de Estado (con menos presupuesto), pero esta profesional del sector privado que defendía la conciliciación desde su popular blog ‘Mamá trabaja’ no está dispuesta a renunciar a su misión: combatir el machismo en el país de la seducción. 

Guerra al acoso en la calle

El primer gran objetivo ya está en marcha: acabar con el acoso sexual por ley. El Ejecutivo quiere aprobar a principios del año que viene un proyecto de ley que prolongue el periodo de prescripción de los delitos sexuales contra las menores de 30 años, eleve la edad de consentimiento y legisle sobre el acoso sexual en la calle para penalizarlo.

Para definir cuáles serían esos nuevos delitos se ha puesto en marcha una comisión parlamentaria de estudio y se planea una consulta ciudadana. La idea es que sea la propia sociedad francesa la que establezca los límites. ¿En qué momento un piropo o un silbido en la calle deja de ser algo incómodo para traspasar las líneas rojas?

En una entrevista en el diario La Croix, la responsable de Igualdad francesa matizaba que no cree que un silbido sea acoso pero “sí lo es seguir a una mujer hasta el metro, varias calles, pedirle el número de teléfono 15 veces... por ejemplo. El estrés y la intimidación son evidentes en esos casos”, explicaba. Sus planes para perseguir y acabar con estas conductas han generado controversia y críticas. Amplios sectores del feminismo sí ven en los piropos un comportamiento machista. 

“Hay algunas reticencias y algunos dicen que de alguna manera vamos a enterrar la cultura del ‘conquistador francés’ si castigamos el acoso callejero... Pero es justo al contrario, queremos preservar la cultura de la seducción, la caballerosidad y el amor a la francesa con un límite claro: el consentimiento mutuo. Dentro de ahí todo está permitido pero si alguien dice ‘no’ es el final. Y punto”, argumentaba en una conversación con la agencia Reuters.

El amplio debate está sobre la mesa. Las y los ciudadanos franceses ya pueden expresar su opinión en la web de la secretaría de Estado de Igualdad hasta finales de diciembre. Las respuestas a preguntas como: “¿Cree que la educación actual es suficiente para fomentar la cultura del respeto y la igualdad?” o “¿Se ha sentido alguna vez discriminado/a por razón de su sexo?”  darán forma a las estrategias del departamento de Schiappa para este quinquenio.

'Denuncia a tu cerdo'

Las repecusiones del escándalo de abusos sexuales de Harvey Weinstein también se deja sentir en Francia, un país que también ha tenido otros sonados casos de abusos, como el del poderoso Dominique Strauss-Kahn. Pero el caso del productor de Hollywood es distinto. “Estamos ante un punto de inflexión. Cuando se trata de políticos, la opinión pública tiende a pensar que es sólo un problema de esa élite cuando en realidad afecta a todos los ámbitos”, reflexiona Schiappa, que cree que el impacto de las acusaciones contra el poderoso productor tendrán un impacto más duradero porque es más fácil que la gente “se identifique con los actores y las actrices”.

El movimiento #metoo , que a través de las redes sociales quiere visibilizar la frecuencia de los episodios de acoso sufridos por las mujeres, también ha calado en el país vecino. Más de 400.000 testimonios de abusos han salido a la luz en Internet bajo la etiqueta #balancetonporc -denuncia a tu cerdo- y la campaña ha sido aplaudida por la propia secretaria de Estado a través de su cuenta de Twitter.  

A pesar de ser una gran desconocida para el gran público, incluso en Francia, es una de las macronistas de primera hora y ya tenía experiencia política en el Ayuntamiento de la ciudad de Mans. Los que conocen su trayectoria coinciden en definirla como una “curranta” que no se rinde y se organiza al milímetro para no descuidar su vida personal. Tiene dos hijos de 5 y 10 años aunque no le gusta que le hagan la clásica pregunta: ‘¿Cómo puede ser madre y trabajadora a la vez’. “El sexismo en la política es una constante, me sigue sorprendiendo que la mayoría de artículos sobre mujeres políticas se centren en su aspecto físico o su vida privada”, analiza en una reciente entrevista en ‘20 minutes’ en la que defendía que el fondo de la cuestión de la igualdad está en la Educación: "La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es un combate cultural".