Imagen de Linda Wenzel con miembros del Estado Islámico.

Imagen de Linda Wenzel con miembros del Estado Islámico. E.E.

Europa Terrorismo

El incierto futuro de los bebés del Estado Islámico

“Una de los principales misiones de las mujeres en el califato es quedar embarazadas para crear la próxima generación de combatientes”.

Salvador Martínez Berlín

Linda Wenzel, la adolescente alemana de 16 años que fue detenida por las fuerzas de seguridad iraquíes durante la reciente expulsión del Estado Islámico (EI) en Mosul, llevaba un bebé en brazos antes de ser capturada.

Según las explicaciones dadas desde la llamada “Unidad Dorada”, las fuerzas especiales iraquíes responsables de su detención en uno de los túneles que la organización terrorista había construido bajo el casco viejo de Mosul, era probable que Wenzel hubiese sido madre en Irak.

“No sé seguro si es su bebé, pero lo mantiene siempre consigo”, explicó al periódico británico The Sunday Times un miembro de la unidad que se ocupó de su arresto en el campo de batalla. Según el relato que la prensa internacional, la joven alemana estaba produciendo leche materna, circunstancia que invitaba a pensar que había sido madre en suelo del EI.

Su caso, el de una joven alemana y estudiante modélica de la pequeña localidad Pulsnitz (este germano), y las imágenes de su detención, dieron la vuelta al mundo. Del pequeño que llevaba en brazos, poco o nada se sabe, más allá de que, según los medios internacionales, era un varón que se encontraba desnutrido cuando fue hallado con Wenzel.

Ante el arresto de la joven, las autoridades alemanas contemplan una “solución” en la que ella y las otras tres compatriotas junto a las que fue detenida “vuelvan a Alemania lo antes posible”, según señalan desde el Ministerio germano de Asuntos de Exteriores. Sobre el bebé o su identidad, en dicho ministerio no quieren hacer comentarios porque hay una investigación abierta. “Investigamos la supuesta implicación [de Wenzel] como miembro de una organización terrorista, en este caso el Estado Islámico”, dicen a EL ESPAÑOL desde la fiscalía alemana.

Linda W., en el momento de la detención.

Linda W., en el momento de la detención.

Hasta diez años de cárcel

Si Wenzel, que también está siendo investigada por las autoridades iraquíes como supuesta integrante del EI, acaba cumpliendo condena en Alemania, le pueden corresponder hasta 10 años de privación de libertad. Su destino más probable sería prisión previo paso por un centro para menores en caso de tener que cumplir la condena más severa. Teóricamente su bebé podría acompañarla.

“Hay centros penitenciarios donde los hijos de las presidiarias pueden quedarse allí, porque hay guarderías, pero cuando no hay algo así, lo que puede pasar es que el bebé vaya a un hogar de menores o a una familia de acogida”, precisan fuentes cercanas a la investigación sobre Wenzel en Alemania. Sea como fuere, lo que ocurra con ese bebé no parece ser una prioridad para las autoridades.

No lo parece ni en Alemania, ni en ninguna otra parte de Europa desde la que hayan podido viajar mujeres radicalizadas para formar parte del EI. La presencia de combatientes occidentales en las filas de dicha organización es, ante todo, “un desafío que tiene que ver con la integración, con detenciones, comprobaciones y estudio de documentos que prueban que las personas que regresan estuvieron realmente allí”, recuerda a este periódico Bente Scheller, responsable en Beirut de la oficina de la Fundación Heinrich Böll, una institución alemana especializada en derechos humanos, democracia y ecología.

“No son la prioridad”

“El bienestar de los niños inocentes en el conflicto no es, sencillamente, la prioridad ahora mismo”, asegura por su parte a este medio la periodista británica Charlotte McDonald-Gibson, de cuya dedicación a la crisis en Siria y Irak es producto el libro Cast Away: True Stories of Survival from Europe's Refugee Crisis, o Naufragados: verdaderas historias de supervivencia de la crisis europea de los refugiados (Ed. New Press, 2016). “Ahora mismo los países europeos no tienen un criterio unificado para lidiar con los niños cuando vuelven”, abunda.

Los niños que viven en el territorio que reivindica el EI plantean una problemática compleja desde que nacen. “El Estado Islámico emite certificados de nacimiento, pero no siendo una entidad estatal reconocida internacionalmente, no se pueden reconocer los documentos que emite”, plantea Scheller.

Generalmente ese certificado es necesario para acceder a la nacionalidad. Así, si el bebé que Linda Wenzel tenía en los brazos en el momento de su detención es realmente suyo, ella sólo “dispone de un año para notificar el nacimiento y así poder reivindicar para el menor la nacionalidad alemana”, comenta Scheller desde Beirut.

Linda Wenzel está siendo investigada por las autoridades iraquíes por presunta pertenencia al Estado Islámico

“La cuestión de la legitimidad de los documentos de los niños es un gran problema”, dice a EL ESPAÑOL Jacqueline Dürre, responsable en Alemania de Save The Children, ONG que trabaja con niños de familias que han escapado de regiones que están bajo el control del EI. “Cuando un niño no tiene un documento de ese tipo, por ejemplo, queda expuesto más fácilmente al tráfico de seres humanos o hace más difícil su acceso a servicios sanitarios”, añade Dürre.

El think tank londinense Quilliam, un centro especializado en extremismo islámico, ha estimado en 31.000 el número de mujeres encintas en el Estado Islámico. Lo hacía en un informe presentado el pasado mes de marzo. Dicho estudio estaba dedicado a los niños en el autoproclamado “califato”.

Ese número da una idea de que el número de menores nacidos en suelo del EI puede contarse por millares. Además, de acuerdo con la Red europea de Concienciación sobre la Radicalización (RAN, por sus siglas inglesas) hay cientos de niños originarios del 'Viejo Continente' en el territorio del Estado Islámico. Se encuentran allí al haber viajado con sus padres.

Niños adoctrinados y entrenados militarmente

Según Charlotte McDonald-Gibson, esas cuentas son estimaciones a la baja. “Se desconoce, simple y llanamente, cuántos niños han nacido allí”, pero “una de los principales misiones de las mujeres en el califato es quedar embarazadas para crear la próxima generación de combatientes del EI”, señala McDonald-Gibson. “No hay archivo de cuántos niños nacen allí porque si bien el EI emite esos certificados, no están reconocidos por ningún país”, subraya.

A los niños y adolescentes que crecen en Estado Islámico se les ha visto en vídeos propagandísticos de la organización terrorista subidos a la red ajusticiando - disparando e incluso decapitando - a enemigos del califato. Esa implicación resulta, entre otras cosas, del adoctrinamiento y de la formación militar al que están sometidos esos niños.

E. E.

El primero tiene lugar en las escuelas del EI, a las que se entra con cuatro años. El segundo comienza a los nueve años, según McDonald-Gibson, autora de un reciente editorial en el The New York Times sobre los niños del Estado Islámico titulado “What Should Europe Do With the Children of ISIS o “¿Qué debería hacer Europa con los niños del EI?”.

El resultado de la vida de esos menores en tierras del EI es que “tenemos un grupo de niños que ha vivido un día a día traumático, con vivencias violentas, algo que debe tratarse a nivel psicológico”, según Scheller, la responsable en Beirut de la oficina de la Fundación Heinrich Böll. McDonald-Gibson apunta que los problemas de esos menores pueden empezar mucho antes de comenzar su adoctrinamiento y entrenamiento militar.

“Los problemas pueden empezar desde que están en el vientre de la madre, cuando ellas sufren estrés. Habida cuenta del entorno en el que están, el feto puede verse afectado”, destaca McDonald-Gibson. “Un bebé o un niño pequeño puede sufrir estrés por las condiciones en las que se vive en una zona de conflicto, pero también malnutrición o enfermedades por las condiciones higiénicas”, adhiere.

Por todo ello, Noman Benotman, presidente de Quilliam ha manifestado que la situación de los niños que crecen en el Estado Islámico es “una de las más graves que tienen lugar sobre la tierra” ahora mismo. Su preocupación la comparten organizaciones de defensa de los derechos de los niños como Save the Children.

Un reciente informe sobre la salud mental de niños en Mosul realizado por dicha ONG señalaba, respecto a los 65 menores que participaron en el estudio, que todos ellos experimentaban “miedo permanente por sus vidas”. “Eran incapaces de mostrar emociones y sufrían intensas pesadillas que les hacían despertar”, se lee en las conclusiones de dicho informe.