Imagen del barco de Defend Europe

Imagen del barco de Defend Europe E. E.

Europa Inmigración

Un grupo xenófobo fleta un barco para sabotear a inmigrantes en el Mediterráneo

Defend Europe ha recaudado más de 100.000 euros para "vigilar" a las ONG y sus rescates: "No queremos convertirnos en África". 

Roma

Han ido cambiando de versión progresivamente. La plataforma Defend Europe irrumpió en los medios de comunicación bajo la amenaza de que esta semana fletarían un barco desde la ciudad siciliana de Catania para devolver a territorio africano a los migrantes que cruzan el Mediterráneo. Sin embargo, este miércoles la nave todavía estaba cruzando el Canal de Suez. Con el pasar de los días, los portavoces de la organización han ido aplazando la fecha prevista para hacerse a la mar, no tienen la certeza de que vaya a atracar en un puerto italiano y en estos momentos se plantean partir desde Túnez o alcanzar la embarcación en medio del mar a través de lanchas ligeras.

Defend Europe es un colectivo surgido de la llamada Generación Identitaria, un grupo ultra nacido en Francia en 2012 para situarse “más a la derecha que Le Pen”. La corriente se ha ido expandiendo hasta dar con esta organización de nuevo cuño, integrada por voluntarios procedentes de distintos países europeos. La mayoría proceden de Alemania, Italia, Austria o Francia, aunque también se están expandiendo en España, asegura Eleonora Cassella, una de sus portavoces. Su modelo es el de “una Europa de los pueblos que conserve sus valores”.

Hace semanas que comenzaron una campaña de recogida de dinero para trasladar al Mediterráneo esa forma de llamar a la defensa de las fronteras. Consiguieron un barco llamado C-Star y 60.000 euros, aunque la plataforma PayPal les congeló los fondos al dudar de sus intenciones. Buscaron una nueva vía de financiación y sumaron otros 100.000 dólares, según Cassella. “Nuestros donantes son todos particulares, no pedimos su identidad ni establecemos un límite”, declara la portavoz.

Afirma que el barco “lo ha ofrecido un particular desde Yibuti”, un país que ejerce como puerta trasera en medio de la ilegalidad reinante en el Cuerno de África y desde el que algunas potencias occidentales tratan de controlar la zona a través de bases militares.

Barco C-Star

"No nos van a parar"

Eleonora lleva días en Catania, junto a otra decena de personas, preparando el esperado desembarco y dando entrevistas con la prensa. Al preguntarle si tienen los permisos necesarios para salir, responde que “no hay ninguna prohibición”. “Tenemos un capitán y seis o siete personas con titulación para navegar, no creo que sean necesarias otras licencias especiales”, sostiene.

En nuestro país, la Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado ha presentado una denuncia ante la Fiscalía General del Estado al entender que la asociación podría cometer acciones criminales como la “piratería y abordaje”. Alega que la Justicia española puede actuar en caso de que la nave atraviese aguas de jurisdicción nacional o acogiéndose al principio de justicia universal, si los delitos se cometen en otros países.

“Estamos completamente tranquilos, nos acusan sin fundamento de piratería, por lo que no nos van a parar”, responde Cassella. Insiste en que los retrasos se deben más a problemas burocráticos que a posibles encontronazos con la Justicia. De ahí que en los últimos días también hayan ido modulando el mensaje.

Las soflamas de su página web habían elevado demasiado el tono: “Oleadas de inmigrantes ilegales están llegando a Europa y los políticos europeos no hacen nada. No queremos convertirnos en África, estamos aquí para defender Europa”, sostiene un joven en el vídeo corporativo de la asociación. La Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado los acusa de mantener un lenguaje ambiguo y se pregunta qué harán en caso de avistar desde el mar una embarcación ilegal en problemas.

No queremos convertirnos en África, estamos aquí para defender Europa

Casella responde, con más calma, que en esa tesitura prestarían ayuda a los migrantes y los dirigirían a Libia o Túnez, “donde las autoridades no pueden negarse a acogerlos, igual que lo hacen todos los días en Italia”. “No estamos armados. No planteamos ninguna acción bélica en el mar ni dejar morir a nadie”, añade. Defend Europe asegura inspirarse en el “modelo de España”, en referencia a las llamadas ‘devoluciones en caliente’.

Vigilar a las ONG

La obsesión del grupo ultra es, sin embargo, vigilar el trabajo de las ONG que atienden las llamadas de socorro de los migrantes en el Mediterráneo. Opinan que “el servicio de recogida de inmigrantes ha elevado el riesgo de cruzar el mar, de un muerto por cada 37 personas que hicieron esta travesía en 2017, comparado con un fallecido por cada 136 en 2016”.

La portavoz de la asociación se apoya en unas declaraciones del fiscal de Catania que dijo tener “sospechas de cooperación entre las ONG y los traficantes”, a las que se acogieron en Italia partidos como la Liga Norte o el Movimiento 5 Estrellas. Las organizaciones humanitarias han salido en tromba para desmentir estas afirmaciones, pero ante la incapacidad de Italia para convencer a sus socios europeos de modificar el sistema de acogida, el debate se ha ido deslizando por este terreno.

La Unión Europea da por bueno un código de conducta para las organizaciones humanitarias redactado por el Gobierno italiano. Mientras que en España, las palabras del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en las que aseguraba que hay que “concienciarlas de que no favorezcan la inmigración irregular”, confirman que los gobiernos europeos tratan de externalizar el problema.

“Los días en los que la vigilancia no existía han terminado”, zanjan desde Defend Europe. Las sombras sobre su embarcación ponen en duda que su iniciativa vea la luz o se trate más bien de una bravata con la que darse a conocer. En realidad, esto ya lo han hecho y además han conseguido cerca de 150.000 euros. Su amenaza es la última solución de la ultraderecha, aunque la inacción provoca que en Italia cada vez sean más las protestas de pueblos –como la semana pasada en Messina- y alcaldes no sólo conservadores que se niegan a seguir acogiendo a los recién llegados. En el resto de Europa, sólo han reubicado a cerca de los 23.000 migrantes de los 160.000 acordados hace dos años.