El politólogo experto en populismos, Jan-Werner Müller.

El politólogo experto en populismos, Jan-Werner Müller. Birk Trads

Europa Jan-Werner Müller

"El peligro del populismo empieza cuando se afirma: 'yo y sólo yo represento al pueblo'"

El profesor de la Universidad de Princeton, descarta que haya riesgos políticos asociados al populismo en España, aunque sí ve amenazados otros países en Europa.

Berlín

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y del 'brexit' dejaron una marcada impronta política en 2016. Fueron victorias mayores del populismo, un fenómeno que lleva años estudiando el politólogo alemán Jan-Werner Müller (Bad Honnef, 1970). Este profesor de la prestigiosa Universidad de Princeton (EE.UU) y recientemente investigador al servicio del Instituto de Ciencias Humanas de Viena considera el populismo como un “peligro” porque “niega el pluralismo inherente a la democracia”.

Según Müller, los populistas en el poder tienden a convertir en “más autoritarios” a sus países. Así ocurre actualmente en Polonia con el primer ministro Jaroslaw Kaczynski, en Hungría con Viktor Orbán, o fuera de la UE, con el presidente Recep Tayipp Erdogan en Turquía o con Vladimir Putin en Rusia. Autor del libro What Is Populism ? (Ed. Penn Press, 2016) - “¿Qué es el populismo?”, Müller se opone a las tesis del politólogo argentino Ernesto Laclau que tanto han inspirado a los fundadores de Podemos en España. A diferencia de Laclau, Müller estima “problemático pensar la igualdad política como algo homogéneo” porque “la democracia es, en esencia, pluralista”. Sin embargo, él no ve en España los riesgos de populismo que existen en países europeos como Francia con el Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen.

A su entender, en otros puntos del 'Viejo Continente', el peligro reside en la voluntad de los partidos tradicionales de adoptar la estrategia de los populistas. Según Müller, en Alemania, la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, la formación aliada a la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel, apuesta por “legitimar” el discurso xenófobo de Alternativa para Alemania (AfD). Por otra parte, este profesor de Princeton ve indicios de que la primera ministra británica Theresa May está transformando al Partido Conservador “en una versión suave” del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), el principal promotor del 'brexit'.

Un ataque de un “soldado” de la organización terrorista del Estado Islámico venido a Alemania durante la crisis de los refugiados dejó doce muertos y 45 heridos en Berlín poco antes de Navidad. ¿Puede este atentado dar alas a AfD?

En Alemania, un factor importante a tener en cuenta es el comportamiento de la CSU. Uno de los principales problemas de Alemania a día de hoy es que, debido a intereses cortoplacistas y visiones estrechas de miras, la CSU ha estado legitimando el relato de AfD. Según ese relato, la situación en Alemania está fuera de control. Esto, si continúa, generará muchos problemas para Merkel.

Ese relato no es algo exclusivo de AfD.

Ahora es muy común encontrar opiniones que se alinean en lo que están diciendo gente como Nigel Farage [ex líder de UKIP, ndlr.]. A saber, que hubo un “tsumani de inmigrantes”. Esto explica que haya victorias como la del 'leave' en el referéndum del 'brexit' o la de Donald Trump en Estados Unidos. Pero Farage no ganó él sólo el 'brexit'. Trump no fue candidato de un partido populista, sino del Partido Republicano. Ambos necesitaron la ayuda de los partidos que podríamos considerar tradicionales.

Farage necesitó a Boris Johnson [político de los tories y ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, ndlr.] y Trump necesitó de significativos apoyos dentro del establishment del Partido Republicano. Lo que me temo en Alemania es que la CSU va a continuar apostando por sus propios intereses para apoyar el relato de AfD. Por eso mismo, seguirá haciendo daño a la cultura política alemana.

¿Es el populismo algo propio de partidos que operan en los extremos de la política?

No todo el mundo que critica a las élites es un populista, incluso cuando se dice que es así todos los días en los medios de comunicación. Ésta es una forma equivocada de entender el fenómeno populista. Los populistas son aquellos que dicen que ellos y sólo ellos representan lo que ellos suelen llamar “el pueblo” o “la mayoría silenciosa”. Por ejemplo, la Unión Cívica Húngara (Fidesz) del primer ministro Viktor Orbán, que era primero un partido conservador y nacionalista. No fue populista durante muchos años. Hoy sí lo es, pero a menudo no se le ve así porque seguimos pensando que sólo es populista el extremista Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik).

Otro ejemplo diferente, aunque aún sea pronto para decirlo, lo encontramos en el Reino Unido. Si se escucha a algunas partes del discurso de Theresa May, parecería que ella está convirtiendo el Partido Conservador en una versión suave de UKIP. Puede pasar que los partidos tradicionales utilicen el populismo del mismo modo que lo hace el FN en Francia o AfD en Alemania.

Los populistas siempre hacen daño al sistema democrático reivindicando que ellos son los únicos que representan a la mayoría”

¿Hasta qué punto el populismo es peligroso para un país?

El populismo siempre es peligroso. Los populistas niegan el pluralismo inherente a la democracia al reivindicar el monopolio moral de la representación. Siempre acaban diciendo que todos sus rivales por el poder son ilegítimos. Entonces la política no es una cuestión de debatir sobre políticas, que sería lo normal. Los populistas siempre acaban llevando la batalla a lo personal, a lo moral. Los populistas terminan cuestionando que quienes no les apoyan no forman parte de lo que llaman “pueblo”.

Los populistas siempre realizan dos movimientos que excluyen al resto. Uno a nivel de partidos políticos, porque dicen que el resto de rivales son ilegítimos. Y otro al nivel de la población, diciendo qué gente forma parte del pueblo y cuál no. Esto siempre hace daño a la democracia. Los populistas siempre hacen daño al sistema democrático reivindicando que ellos son los únicos que representan a la mayoría. En esta lógica, por definición, debe haber algo mal en nuestro sistema democrático, porque ellos no están en el poder. Para ellos, los partidos tradicionales manipulan el sistema para que ellos no estén en el poder. Esto lo hemos visto en Austria. Allí, el Partido de la Libertad (FPÖ) impugnó las últimas elecciones presidenciales y por eso se celebraron dos veces.

Usted dice que no es populista criticar el establishment. ¿Por qué?

Todo ciudadano puede criticar el sistema político democrático. Todo el mundo puede quejarse de qué va mal en nuestro sistema electoral. En España, concretamente, se puede criticar lo problemático que es el orden constitucional de 1978. Todo esto está bien. En mi opinión, lo que no se puede hacer es lo que hacen los populistas. En resumen, afirmar que: “como nosotros no ganamos, no estamos realmente en una democracia”.

Mucha gente lucha por el significado de la palabra populismo”

En España, los fundadores de Podemos se han inspirado en buena medida del politólogo argentino Ernesto Laclau. Éste entiende el populismo de otro modo, en una clave más positiva que la suya.

Conozco el trabajo de Laclau. Tal vez utilicemos la misma palabra “populismo”. Pero no estamos pensando en lo mismo. Ha habido, por parte de actores, políticos y pensadores tanto de la izquierda como de la derecha, un esfuerzo por concebir el populismo de un modo positivo. El populismo es un concepto por cuyo significado se debate políticamente hoy día. Mucha gente lucha por el significado de la palabra populismo. Yo estoy de acuerdo con gente como Laclau y otros en que la representación es un proceso dinámico. No es algo que está ahí fuera fijado.

Pero es problemático pensar la igualdad política como algo homogéneo. La democracia es, en esencia pluralista. Además, no estoy seguro de que la izquierda tenga que tomar el camino del populismo nacionalista. Esto es algo que se presenta como lección obvia de Latinoamérica, donde lo ocurrido allí no se puede exportar a Europa. No creo que hoy día podamos encontrar soluciones nacionales a problemas europeos, por ejemplo. El nacionalismo aumenta el riesgo de que haya exclusiones en las sociedades. Los políticos populistas siempre han excluido. Además, en España, el nacionalismo no es un elemento unificador.

¿Qué piensa de “la gente”, una categoría política que ha tratado de popularizar Podemos?

Las nuevas categorías de representación pueden ser algo bueno. Para la democracia en España, fue bueno que Podemos existiera y llevara a gente a votar, especialmente a los jóvenes con formación que parecían haber perdido la esperanza en el sistema político español. Con Ciudadanos pasa lo mismo. Ambos partidos son algo positivo para la representación en España. Para mí, no es interesante oír a los líderes de Podemos decir que los partidos tradicionales están corrompidos, porque estaban y están corruptos. Pero es más interesante lo que tienen que decir de Ciudadanos, que es su rival más obvio.

"Podemos y Ciudadanos son algo positivo para la representación política en España”

Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ha dicho de Albert Rivera, su homólogo en Ciudadanos, que es el “chicle de MacGyver del Régimen, porque vale para todo”.

El peligro del populismo empieza cuando alguien afirma: “yo y sólo yo, nuestro partido y sólo nosotros representamos al pueblo”. Si eso ocurre, resulta imposible estar en desacuerdo con ellos. Porque si lo estás, te excluyes del pueblo, y entonces eres un corrupto. Esto puede verse claramente en Turquía con Recep Tayyip Erdogan, en Polonia con el primer ministro Jaroslaw Kaczynski o en Hungría con Orbán. En su día ocurrió en Venezuela con Hugo Chávez. Allí se hizo imposible oponerse a él. Si lo hacías te convertías en un enemigo del pueblo. No veo que esto esté pasando en España con Podemos. No es como el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo. Él dice que su partido sólo se merece el 100% de representación en el Parlamento. Esto no es democrático.

¿Puede un partido populista dejar de serlo?

Sí, y pueden hacerlo sin perder contenido en sus programas. Un partido populista puede cesar de serlo aceptando el pluralismo político. AfD puede defender las barreras a la inmigración o modelos familiares tradicionales. Y esto puede ser bueno para la representación política en Alemania. Hay que aceptar que la democracia contiene ideas políticas que a uno no le gustan. Sin embargo, históricamente no es habitual que partidos como AfD o el FN cesen de ser populistas, porque la mayoría de su apoyo viene por su populismo.

¿Qué piensa de la Grecia que gobierna Alexis Tsipras?

No creo que Grecia, ni tampoco España, estén en una crisis de representación. Al contrario, incluso si a uno no le gustan las propuestas de partidos como Podemos o Syriza. En ambos países, se pudo votar por nuevos partidos, opuestos a los dos partidos tradicionales.

Que Trump no construya el muro con México no probará que es un fraude”

¿Cree que los partidos populistas se transforman con la llegada al poder?

No creo que estos partidos sean incapaces de gobernar porque son partidos esencialmente de protesta. Tampoco creo que quedarán en evidencia porque sus ideas políticas, por ser simplistas, no se podrán implementar. Primero, no hay populista que no pueda culpar a otros de sus fracasos políticos. Si Trump no construye su muro con México es algo por lo que se pueden encontrar muchos culpables. Que no se construya ese muro no probará que Trump es un fraude.

Cuando los populistas tienen mayorías suficientes para llegar al poder, entonces gobiernan en contra del pluralismo. Llamarán a la oposición ilegítima, seguirán clamando que ellos son los únicos que representan al pueblo. Si hay manifestaciones de la sociedad civil, entonces dirán que otros países están animando y manipulando a los manifestantes. Esto se ha visto en Turquía, Hungría, en Polonia y desde hace mucho tiempo en Rusia. Los populistas transforman los países en los que gobiernan. Los hacen más autoritarios. Esto ocurre cuando los populistas logran mayorías suficientes y no encuentran grandes resistencias. Por ejemplo, no cambiarán un país si entran en el Gobierno en coalición como socio júnior.

¿Cómo se pueden enfrentar los partidos tradicionales al populismo?

Los partidos que se enfrentan a los populistas tienen que entender algunos de los elementos que hacen que los partidos populistas crezcan y estén en auge. No se puede decir que este fenómeno sea sólo algo que concierna a los llamados “perdedores de la globalización”, ni algo exclusivo de un grupo socioeconómico. Hay que mirar las razones específicas que hacen crecer al populismo en cada país. En España, por ejemplo, los partidos tradicionales podrían hacer algo significativo contra la corrupción.

Los partidos tradicionales tampoco deberían legitimar el populismo como está haciendo la CSU en Alemania. Tampoco creo que sea una buena idea excluir a los populistas, negándose a hablar con ellos en debates televisados o en el parlamento. Esto legitima el relato de los populistas según el cual son víctimas del orden político. Pero hablar con populistas no significa hablar como populistas. En muchas ocasiones se ha visto que cuando partidos tradicionales optan por emular a los populistas, el resultado es negativo.