Nicolás Maduro escoltado por agentes de EEUU a su llegada al helipuerto de Manhattan para ser juzgado en Nueva York.

Nicolás Maduro escoltado por agentes de EEUU a su llegada al helipuerto de Manhattan para ser juzgado en Nueva York. Reuters

EEUU

"Somos prisioneros de guerra": Maduro y su esposa se declaran no culpables en una audiencia plagada de escenas surrealistas

El juez Alvin K. Hellerstein, de 92 años, cita al líder chavista y a Cilia Flores en el tribunal el próximo 17 de marzo.

Los abogados de la defensa denuncian que ambos arrastran problemas de salud que necesitarán atención médica.

Más información: El asalto a la guarida de Maduro: agentes de la CIA infiltrados, una réplica de su búnker y varios muertos en la operación

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Las claves

Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores se declararon no culpables de los cargos de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas en un tribunal federal de Nueva York.

Durante la audiencia, Maduro se autodenominó "prisionero de guerra" y presidente legítimo de Venezuela, mientras Flores mostró señales de lesiones, supuestamente sufridas durante su captura.

El juez Alvin Hellerstein, reconocido por su experiencia en casos de crimen organizado, dirige el proceso, rechazando de momento la libertad bajo fianza para Maduro.

El caso incluye también al hijo de Maduro y ha generado tensiones políticas, así como manifestaciones encontradas en las inmediaciones del tribunal de Manhattan.

Quienes siguieron desde el interior de la sala la primera comparecencia de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ante el juez Alvin Hellerstein describen una serie de escenas surrealistas. Para empezar, el líder chavista dijo sobre sí mismo que era "un hombre decente", que todavía seguía siendo el presidente de Venezuela y que había sido "capturado" en su propia casa, por lo que se consideraba un "prisionero de guerra".

Maduro, que no llevaba esposas en las manos pero sí grilletes en los pies, deseó en su inglés rudimentario un "feliz año nuevo" a los allí presentes. Desde que aterrizó en Nueva York el sábado, unas horas después de ser capturado junto a su esposa, el líder chavista no ha hecho más que sonreír, levantar pulgares, hacerse fotos y desear un sonoro "happy new year" a todo el mundo.

Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, asisten a la lectura de cargos en el tribunal federal de Manhattan junto con los abogados defensores Barry Pollack y Mark Donnelly.

Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, asisten a la lectura de cargos en el tribunal federal de Manhattan junto con los abogados defensores Barry Pollack y Mark Donnelly. Jane Rosenberg Reuters

El caso es que sólo unos minutos después de Maduro apareció en escena Flores. Los cronistas de los diarios con acceso a la sala del tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York escriben que la "primera combatiente" del chavismo tenía dos tiritas, una en la sien y otra en la frente, fruto de la inverosímil operación de captura de la que fueron objeto.

Conjuntados con una camisa azul sobre una camiseta naranja neón y pantalones caqui, ambos se declararon de manera reiterada "no culpables" —"not guilty, completely inocente", en el caso de Flores, algo más tensa que su marido— de los cuatro cargos por los que serán juzgados.

Los dos utilizaron auriculares para seguir el procedimiento en español. Maduro tomaba notas en un cuaderno que quiso mantener al término de la audiencia. El juez no puso reparos. Flores no documentó la audiencia, pero también se presentó a sí misma como "la primera dama de la República de Venezuela".

Los abogados de la defensa —Barry Pollack, en el caso de Maduro; Mark Donnelly, en el de Flores— hicieron saber al tribunal que ambos padecen problemas de salud que necesitarán atención médica. Según Donnelly, la esposa de Maduro podría haber sufrido una fractura de costilla y otras lesiones, producto de "su secuestro" a manos de la Fuerza Delta del Ejército de Estados Unidos.

El juez Hellerstein no tardó en dar por terminada la primera audiencia —que duró algo menos de 30 minutos— y citó a los acusados para la siguiente, que tendrá lugar el próximo 17 de marzo. El letrado Pollack no se marchó de allí sin comunicar al tribunal que no pediría libertad bajo fianza para su cliente, por lo que Maduro permanecerá en prisión hasta entonces.

Como colofón a la jornada, el líder chavista se encaró a la salida de la corte con Pedro Rojas, un varón de 33 años que había seguido la comparecencia desde el interior de la sala. Rojas, que se presentó ante los medios de comunicación como un represaliado del régimen, llamó a Maduro presidente "ilegítimo", y éste le respondió lo mismo que le había dicho unos minutos antes al juez, que era "un presidente secuestrado, un prisionero de guerra".

Narcoterrorismo

Estados Unidos acusa a Maduro y su esposa por narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos, según el pliego de cargos que el Departamento de Justicia hizo público el pasado sábado.

El auto de procesamiento, de 25 páginas, recoge que Maduro y sus socios se enriquecieron con el tráfico de "miles de toneladas de cocaína" a Estados Unidos haciendo uso de "su autoridad obtenida ilegalmente y de las instituciones que corrompió" durante 25 años.

Su juicio recuerda a la causa que enfrentó hace más de tres décadas el general panameño Manuel Noriega, condenado en los tribunales estadounidenses a 40 años de prisión —después reducidos a 17— por tráfico de drogas, lavado de dinero y asociación para delinquir.

Según los cálculos del Departamento de Estado, que elevó en agosto a 50 millones de dólares la recompensa por información que facilitara la captura de Maduro, hasta 2020 cruzaban la frontera de Estados Unidos cada año entre 200 y 250 toneladas de cocaína. Venezuela era, en teoría, el origen de la droga.

En la misma causa también está imputado el primogénito del líder chavista, Nicolás Maduro Guerra, mencionado en el escrito de acusación del Departamento de Justicia como "Nicolasito" o "El Príncipe".

Maduro Guerra rompió su silencio este domingo, cuando habían pasado más de 24 horas de la captura del matrimonio presidencial. "Después se verá, la historia, la historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo develará", declaró a través de un audio difundido en redes sociales, en el que parecía confirmar las sospechas de que otro miembro destacado del régimen había pactado con la Administración Trump la salida de Maduro. "Lo veremos".

Juez de prestigio

El juez Hellerstein, un judío ortodoxo de 92 años, dirige la causa. El magistrado, experto en crimen organizado y delitos transnacionales, ocupa la plaza desde 1998. Es reconocido en el circuito judicial por su independencia. "Mi trabajo es asegurar que este sea un juicio justo", declaró en la primera audiencia de este lunes. "Ese es mi trabajo y eso es lo que pretendo".

Nombrado por el entonces presidente Bill Clinton, Hellerstein tiene una amplia experiencia en dirigir casos mediáticos, como los litigios civiles derivados de los atentados del 11-S, el caso contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein o el proceso contra Hugo El Pollo Carvajal, el exjefe de inteligencia militar de Venezuela.

Era previsible, por otra parte, que el abogado defensor de Maduro, uno de los miembros de la defensa de Julian Assange que negoció la liberación del fundador de WikiLeaks, argumentara que su cliente goza de inmunidad frente a un proceso penal por ser jefe de Estado soberano de un país extranjero, un principio fundamental del derecho internacional y estadounidense.

No obstante, en los tribunales estadounidenses suele primar el criterio del Departamento de Estado, que colgó sobre Maduro el cartel de fugitivo. Además, como se ha encargado de recordar estos días el secretario de Estado, Marco Rubio, la Administración Trump ni siquiera reconoce la legitimidad del líder chavista.

Maduro y su esposa habían sido trasladados unas horas antes desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una cárcel federal de máxima seguridad por la que han desfilado en los últimos meses otros presos de renombre, como Sean Diddy Combs o Luigi Mangione.

Dos horas antes de la primera audiencia, se produjeron en los aledaños de la corte de Manhattan una serie de enfrentamientos entre dos grupos de manifestantes. Uno, en contra de Maduro, celebraba su captura. El otro, en contra de la intervención de Estados Unidos en el país caribeño, portaba pancartas con el lema "No a la sangre por el petróleo".