Donald Trump recibe a Gustavo Petro en el Despacho Oval.

Donald Trump recibe a Gustavo Petro en el Despacho Oval. Reuters

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De insultar a Trump a venderse como su aliado contra el narco: Petro se deja el bolivarianismo en casa para complacer a EEUU

Del "que vengan a por mí" desafiante de hace menos de un mes, el presidente colombiano ha pasado a lucir orgulloso en redes sociales fotos con Trump y dedicatorias elogiosas del presidente estadounidense. Algo habrán tenido que ver las Delta Force en el brusco cambio.

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Las claves

Gustavo Petro, presidente de Colombia, dejó atrás su discurso bolivariano y adoptó una actitud conciliadora durante su encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca.

El Gobierno colombiano destacó su papel como aliado clave de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, subrayando la extradición reciente del capo Pipe Tulúa.

Petro, quien antes criticó públicamente a Trump, se mostró amistoso durante la reunión, recibiendo elogios del mandatario estadounidense y una dedicatoria personal.

El futuro de la relación entre Colombia y Estados Unidos dependerá del próximo gobierno, con Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella como principales contendientes.

Ni rastro del combativo bolivariano que paseaba la espada del Libertador frente al rey de España el día de su investidura. Nada quedó del líder desafiante que espetaba a Donald Trump, "vengan a por mí", tras las amenazas inmediatamente posteriores a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.

El Gustavo Petro que acudió a su cita a la Casa Blanca este martes fue un Petro dócil, sonriente y tremendamente amistoso con el presidente estadounidense al que tantos descalificativos ha dedicado en el último año.

El presidente colombiano se presentó con una delegación formada por su canciller, Rosa Villavicencio; el ministro de defensa, Pedro Arnulfo, y el embajador en Washington, Daniel García-Peña.

Precisamente este último portaba una carpeta en la que se podía leer: "Colombia, el aliado número uno de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico", y es que de eso trataba la reunión: de demostrar a Trump que el Gobierno colombiano no solo no era aliado de los cárteles, sino su víctima, como ha repetido Petro en varias ocasiones.

De hecho, apenas unas horas antes de la reunión, Petro mandó un poderoso mensaje con la extradición de Pipe Tulúa, capo de la banda criminal La Inmaculada y perseguido desde hace años por Estados Unidos por delitos de narcotráfico.

La tormentosa relación entre los dos líderes empezó a suavizarse a partir de la llamada que mantuvieron el pasado 7 de enero y desde entonces no parece haber dejado de mejorar.

"No sé cómo, pero después de lo que pasó en Venezuela, se ha vuelto muy amable… ha cambiado mucho su actitud", ironizó el lunes Trump, en clara referencia a que Petro ha sabido sacar las conclusiones necesarias de lo sucedido con Maduro: rehuir el contacto directo con Trump y optar por el enfrentamiento puede acabar con los Delta Force en el palacio de la presidencia bajo cualquier excusa.

Los planes de Rubio

Ambos mandatarios llegaron a estar tan cerca de la ruptura total que, en principio, Petro sigue teniendo la entrada prohibida a Estados Unidos.

El presidente colombiano tuvo que pedir un visado especial para poder acudir a la reunión en el Despacho Oval, un auténtico sinsentido.

Allí, aparte de con Trump, se encontró con el vicepresidente J. D. Vance, a quien estas cosas parecen darle una cierta pereza, y con el secretario de estado, Marco Rubio.

Rubio, que fue clave en la intervención en Venezuela y lo está siendo en el ahogo energético de Cuba, se ha convertido en el auténtico protagonista de las políticas estadounidenses respecto al "hemisferio occidental", como se conoce en la jerga de la Casa Blanca al continente americano, norte y sur.

Donald Trump recibe a Gustavo Petro en la Casa Blanca.

Donald Trump recibe a Gustavo Petro en la Casa Blanca. Reuters

Fue decisión de Rubio colocar a Delcy Rodríguez como sucesora de Maduro y su dominio del español seguro que ayudó a dejarle claro a Petro que debe colaborar.

Por partidaria que sea la Administración Trump del unilateralismo, el secretario de Estado sabe que no es lo mismo entrar en Caracas y deponer a un dictador que hacer lo propio, como amenazó Trump, con un líder democráticamente elegido.

Petro también lo sabe, pero se enfrenta a un enemigo imprevisible y las presiones para que adopte un tono más amable pese a su pasado guerrillero y su gusto por el dramatismo dialéctico han tenido que ser tremendas.

"Un gran honor"

Aunque no se han hecho públicos aún los detalles de la reunión, más allá de unas cuantas fotos, Petro publicó orgulloso en su cuenta de X el recuerdo con el que le había obsequiado la Casa Blanca: una foto suya con Trump, los dos sonrientes a más no poder, y al lado una dedicatoria del presidente estadounidense: "Gustavo. Un gran honor. Amo Colombia".

Aunque parezca mentira, se trata del mismo hombre que justo antes de subirse al avión pedía al pueblo colombiano que llenara las calles en apoyo a la libertad y como señal de fuerza ante su visita. El mismo que llamó a Trump, "cómplice de genocidio" en plena Asamblea de las Naciones Unidas por su supuesta pasividad ante los ataques de Israel a la población civil de Gaza.

A Petro le quedan apenas unos meses de mandato y es de suponer que prefiere cargar él con las consecuencias de estas incongruencias ante el electorado antes de que lo haga Iván Cepeda, su sucesor al frente de Pacto Histórico y actual líder en las encuestas.

Dicho esto, será interesante ver cómo gestionan Cepeda y su coalición la relación con Trump: ¿optarán por un populismo beligerante o simplemente orillarán la cuestión para evitar desencuentros?

En principio, el candidato favorito de la Casa Blanca es Abelardo de la Espriella, que lleva tiempo advirtiendo de un posible fraude electoral por parte del actual presidente y que considera a Trump una salvaguarda del proceso democrático.

Al poner una vela a Dios y otra al diablo, Estados Unidos se asegura una relación al menos cordial con cualquiera de los dos ganadores… siempre que Cepeda, claro está, no se pase de la raya y vuelva la tensión diplomática que Petro parece haberse resignado a dejar atrás.