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La masacre de Pascua impregna el futuro de Sri Lanka de pesimismo 10 años después de su guerra

Colombo

Sri Lanka conmemora diez años del fin de la guerra civil con las heridas frescas de tres décadas de conflicto, y con nuevos temores de un conflicto étnico religioso latiendo en las calles tras los sangrientos atentados que el Domingo de Resurrección mataron a más de 250 personas.

La violencia antimusulmana ha despertado tres semanas después de las explosiones del domingo de Pascua como un peligroso recordatorio de los disturbios de 1983 contra la comunidad tamil, cuando turbas de la mayoría cingalesa incendiaron viviendas y establecimientos comerciales tamiles.

La guerra de 30 años, librada en el norte y el este del país entre el Gobierno y la guerrilla de los Tigres Tamiles (LTTE), y que concluyó el 18 de mayo de 2009, dividió la sociedad multiétnica y multirreligiosa del país.

Una década después, la serie de ataques a tres hoteles de lujo y tres iglesias, son una nueva herida en una nación ya polarizada, dice l analista político Kusal Perera: "Ahora hay polarización triangular en la sociedad. La polarización entre las comunidades tamil y cingalesa todavía existe y ahora también existe el conflicto cingalés-musulmán, esto se ve agravado por una polarización tamil-musulmana también", comenta.

Lenta reconciliación

El gobierno de Sri Lanka, que consiguió la victoria militar contra la guerrilla una década atrás, ha tenido desde entonces tímidos avances en la reconciliación y la reparación de las víctimas del largo conflicto.

"El gobierno cingalés no ha hecho ningún esfuerzo por ofrecer una solución política a la comunidad tamil. Aunque la idea de la reconciliación ha estado flotando en el ambiente, no ha habido una intención política para ello", opina el analista, crítico de los avances de la Administración esrilanquesa.

A su juicio, los temas centrales de la comunidad tamil que quedó directamente afectada por la guerra no se han abordado, y las promesas del Gobierno de hallar soluciones para los desaparecidos o los conflictos de la tierra y la militarización han fracasado.

Para la activista de derechos humanos Marisa Desilva, que trabaja con las comunidades del norte y el este, incluso después de una década del fin del enfrentamiento armado, "el conflicto tamil sigue sin resolverse". Siguen a la espera las familias de los desaparecidos y las luchas de la gente por regresar a las tierras ocupadas por los militares sigue siendo un pedido en las calles que no ha sido atendido. "El gobierno elegido en 2015 con la promesa de cambio y reforma, ha fracasado estrepitosamente en ofrecer una solución duradera", dice.

Experiencias y recuerdos traumáticos

Junto a los problemas políticos de la comunidad, los daños psicosociales derivados de décadas de violencia y conflicto tampoco han sido resueltos, por lo que el impacto de los ataques del pasado 21 de abril llega para revivir las experiencias traumáticas de las víctimas de la guerra.

En Vanni, el área más afectada por la guerra contra los tamiles, muchos han decidido alejarse de los templos hindúes de la aldea, como una reacción a los temores tras los atentados, dice el psiquiatra S. Sivayokan.

Ataque a una mezquita en Kottampitiya.

Ataque a una mezquita en Kottampitiya. Efe

Los fantasmas de nuevos ataques mantienen al país alejado de lugares públicos, incluso en zonas alejadas de los atentados. "Los ataques del 21 de abril desencadenaron (de nuevo) los problemas del Trastorno de Estrés Postraumático que tienen muchos miembros de la comunidad expuestos a la guerra", dice. Muchos, dice, han "reexperimentado" su historia durante la guerra desde las explosiones del domingo de Pascua.

Las comunidades víctimas de los atentados son, muchas de ellas, las que menos asistencia recibieron para enfrentar los traumas de 30 años de guerra, y que han lidiado durante los últimos diez años con los trastornos del estrés postraumático incluso 10 años después del conflicto, explica el experto.

Miedo a un ataque en cualquier parte

Sobre este aspecto comenta también el analista político que considera que la psicosis del miedo que experimenta el país está siendo utilizada por los militares para recuperar el terreno perdido. La "psicosis del miedo de creer que un nuevo grupo podrá cometer un ataque en cualquier parte permite que se esté militarizando aún más a la sociedad", dice Perera.

Después de los ataques, reivindicados por el Estado Islámico, y la posterior reacción de violencia contra los musulmanes, se ha justificado un gran despliegue de militares para controlar la situació, más de 7.000 efectivos desplegados solo en la Provincia Noroeste.

"Observamos que hay múltiples puestos de control que aparecen en las áreas de posconflicto, donde incluso la comunidad tamil, que anteriormente solicitó una menor presencia militar, pidió el regreso a los militares", dice.