Mundo

El 'cumpleaños feliz' cantado por africanos que se vende en China

En Hong Kong se ha popularizado un servicio online que ha desatado la polémica por tratar como objetos a niños de Malaui, Zambia o Angola.

Catorce dólares por un vídeo corto de niños africanos felicitando el cumpleaños. Es el precio que distintas webs de comercio electrónico ponen para un servicio que se está popularizando en Hong Kong al tiempo que aumentan las críticas para quienes lo consideran un tipo de explotación.

African children paid to give personalised birthday greetings

En los vídeos, que pueden ser más caros y largos si así se desea, aparecen una docena de niños bailando y felicitando mientras cantan en chino, personalizado para la persona a quien esté destinada la felicitación.

Este servicio, lo ofrecen por ejemplo la web 'Taobao' y el servicio de mensajería 'WeChat' y está disponible desde hace años aunque la moda de usarlos y publicarlos en redes sociales ha ido a más desde que en Hong Kong ha despegado su uso.

Tan sólo 24 horas tras el pago el comprador recibe el vídeo grabado en Malaui, Zambia, Angola e incluso Rusia, según cuenta South China Morning Post.

"Eres gordo y feo, pero te quiero", es el mensaje de uno de los vídeos, que además de para cumpleaños se usa para bodas, mensajes de buena suerte, etc. El encargado de venderlos, con sede en Tianjin (noreste de China), afirma que vende unos 20 de estos al día.

En la prensa china se debate entre la ética de objetizar a los africanos y la posibilidad de que esto les libre de un tipo de explotación peor. Entre si hay falta de transparencia o si une a las culturas. Entre el promover el capitalismo y si esto significa más dinero para los niños africanos.

No es la primera controversia con servicios de esta clase. En enero de 2017, el youtuber más conocido del mundo PewDiePie, publicó un vídeos de dos indios semidesnudos cantando y bailando mientras sujetaban un mensaje: "Muerte a todos los judíos".

PewDiePie Pays Africans

El creador de contenido explicó más tarde que era una "sólo una broma" para "intentar demostrar lo loco que es el mundo moderno, especialmente en cuanto a algunos de los servicios disponibles en internet". El vídeo le costó cinco dólares y un contrato con Disney que le facilitaba oportunidades de publicidad, una fuente que para él había supuesto 6 millones de dólares el año anterior.