Un batallón mixto del ejército israelí.

Un batallón mixto del ejército israelí. Flickr IDF

Mundo

Las mujeres, las primeras víctimas de los grandes ejércitos

Según los datos, las agresiones sexuales persisten en entornos militares y las mujeres son las más expuestas.

“Una mujer soldado que se alista para defender a su país tiene más probabilidades de ser violada por un compañero que de morir por fuego enemigo”. La frase es de la representante demócrata en California, Jane Harman, durante una sesión de la investigación de la Cámara de Representantes de EEUU sobre las agresiones sexuales en el entorno militar en 2008.

A lo largo de casi diez años, la frase se ha repetido en innumerables informes, para demostrar la importancia de visibilizar el problema, incentivar las denuncias por parte de las víctimas y actuar para que el acoso y las agresiones sexuales dejen de ser una lacra en los ejércitos. Y pese a que no es un problema exclusivo de las mujeres -cada vez hay más denuncias por parte de hombres en el entorno militar- son ellas las que se siguen llevando la peor parte. 

El último informe sobre acoso sexual en las fuerzas armadas de EEUU, publicado en mayo de este año con datos de 2016, estimaba que cerca de 14.900 miembros de las fuerzas armadas habían sido agredidos sexualmente. De estos, un 57%, 8.600, son mujeres. Se trata de estimaciones porque pocos se atreven a denunciar. 

En la página web de Protect Our Defenders, una organización que nació para luchar contra las agresiones sexuales en el ejército estadounidense, se pueden encontrar historias como la de Briggette, que retrata cómo el miedo a las represalias puede llevar al silencio. “90 días después de llegar a la estación de servicio permanente, un suboficial de alto rango me llevó a un área apartada fuera de la oficina y me violó. Ese no sería el último contacto sexual no deseado que tuve que soportar. Los incidentes se prolongaron durante más de un año antes de reportarlo en una declaración escrita”.

Pese a que 2016 ha sido el año récord en lo que a denuncias respecta, sólo 6.172 de los casos, menos de la mitad de las agresiones estimadas, salieron a la luz. Además, el informe destaca también que muchas de las víctimas han sido agredidas más de una vez, por lo que se estima que, a lo largo de 2016, se hayan producido más de 70.000 agresiones sexuales.

Pero los números no acaban aquí. Cerca 129.000 miembros del ejército han sido víctimas de acoso sexual. Se estima que una de cada cuatro mujeres lo hayan sufrido frente a uno de cada 15 hombres. Normalmente, el acoso se produce por parte de alguien con mayor rango. Pese a las cifras, las agresiones han disminuido en los últimos años. En 2006, se estimaba que un 6,8% de las mujeres en el ejército, y un 1,8% de hombres habían sido víctimas de agresiones sexuales. En 2016, esos números han bajado hasta un 4,3% y un 0,6%, respectivamente.

“La lucha por acabar con las agresiones y el asedio sexual en el ejército está lejos de terminar. No confundimos progreso con éxito”, dijo Elizabeth Van Winkle, asesora del secretario de Defensa estadounidense, en la presentación del documento.

Problema endémico

El problema parece ser endémico en los grandes ejércitos. Un informe interno del ejército israelí, divulgado en septiembre con datos de 2016, señalaba que una de cada seis mujeres sirviendo en las fuerzas armadas había sido víctima de agresiones sexuales, pese a que muy pocas se atreven a denunciarlo. La encuesta señalaba también que un 60% de las mujeres indicaban haber un ambiente general de acoso en sus unidades, con bromas e historias de carácter sexual, comentarios ofensivos y comandantes y soldados que distribuían pornografía entre sus compañeros.

El documento aparece en un momento en el que el ejército israelí está intentando reclutar a más mujeres para sus filas. En marzo, el periódico Haaretz denunciaba que la estrategia no estaba surtiendo efecto. Los batallones mixtos y los comentarios y actitudes despectivas hacia las mujeres las desmotivaba a la hora de elegir un papel activo en las fuerzas armadas.

En el últimos año han salido a luz varios casos de agresiones sexuales en el ejército israelí. En agosto, un soldado fue arrestado, acusado de violar a una compañera de batallón, y condenado a una pena de cárcel que eludió por un acuerdo con el fiscal. En julio, otro soldado fue arrestado, acusado también de haber violado a una compañera. El soldado se defendió diciendo que habían sido “relaciones sexuales consentidas”.

Pero el caso más sonado fue el del general Ofek Buchris, condenado en febrero por 16 cargos de agresión sexual, que incluyeron tres violaciones. Después de admitir los hechos, tras meses negándolos, el general llegó a un acuerdo con el fiscal según el cual fue degradado al rango de coronel y no tuvo que cumplir ninguna pena de cárcel, lo que provocó severas críticas.

"Cultura hipersexualizada"

También Reino Unido ha tenido que afrontar casos de acoso y agresión sexual en su ejército. El informe más reciente sobre el tema es de 2015, con datos correspondientes al año anterior. De los 7.000 soldados, hombres y mujeres, que han contestado a la encuesta enviada a más de 24.000 militares, un 13% de mujeres decían haber tenido “alguna experiencia especialmente desagradable” y, de éstas, sólo un 3% presentó una queja formal.

La ausencia de protección real a las víctimas y las consecuencias de la denuncia hacen que muchas opten por el silencio. “A uno de mis sargentos le gustaba agarrarme... mi trasero, mis muslos, o ‘accidentalmente’ tocar mis pechos”, cuenta una soldado al The Guardian. “Lo reporté como me dijeron. Esperaba un cambio. Esperaba que se hiciera algo ... Pero la mayoría de mis compañeros soldados dejaron de hablarme. ¡No a mi sargento, a mí! Las otras mujeres a las que tocaba se negaron a presentar denuncia después de cómo me trataron”.

“El ejército tiene una cultura hipersexualizada donde se aceptan determinados comportamientos inapropiados”, analizó en su día el general Nick Carter, impulsor del estudio. “Nuestro trabajo será cambiar esa cultura y transformarla en una más moderna, inclusiva y donde quienes necesitan denunciar lo puedan hacer”. A este respecto, el informe señalaba que más de la mitad de las mujeres agredidas nunca habían denunciado por miedo a represalias y al efecto negativo que podría tener en sus carreras.

En los demás tópicos analizados, el documento destaca que un 39% de mujeres había recibido comentarios indeseados sobre su cuerpo, un 33% había tenido que frenar conversaciones de índole sexual y 12% habían sufridos tocamientos. Un 61% de ellas denuncia que los hechos ocurrieron en su base militar o unidad de entrenamiento.

“El nivel de acoso a las mujeres en el entorno militar es totalmente inaceptable”, zanjaba Carter. “Es algo que tiene que acabar”.