Dündar, ex director del prestigioso diario turco Cumhuriyet, vive en Berlín.

Dündar, ex director del prestigioso diario turco Cumhuriyet, vive en Berlín. Salvador Martínez Berlín

Mundo ENTREVISTA

Can Dündar, periodista exiliado turco: “Europa prefiere a Erdogan por miedo los refugiados”

  • El aclamado reportero habla de su condena por revelar secretos de Estado y la deriva autoritaria de Turquía.
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Berlín

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A Can Dündar (Ankara, 1961) se le considera un referente en el mundo del periodismo. Bajo su dirección, el diario turco Cumhuriyet fue premiado en 2015 por Reporteros Sin Fronteras (RSF) en virtud de su “periodismo independiente y valiente”. Entonces, su periódico había venido informando del contrabando de armas de la Organización Nacional de Inteligencia turca con beligerantes de la guerra civil en Siria. Las revelaciones lo enfrentaron, a él y a su redacción, con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Llegó a ser detenido bajo acusaciones de terrorismo y revelación de secretados de Estado. Fue condenado a más de cinco años de cárcel. En una de las pausas del juicio contra él, sobrevivió a un intento de homicidio. Fuera del juzgado de Estambul, un hombre disparó dos veces contra él sin llegar a alcanzarlo.

Dündar cumplió únicamente tres meses en prisión porque terminó encontrando el amparo del Tribunal Supremo. A su salida de la cárcel, se marchó a España para escribir su libro más reciente. Se titula Tutuklandik (“Detenido”). En él cuenta parte de aquel pulso contra el régimen de Erdogan. Empezó escribirlo casi a orillas del mar Mediterráneo, durante unas vacaciones el pasado mes de julio en las que estuvo alojado en el barrio de La Barceloneta, en Barcelona.

La tranquilidad que encontró allí terminó pronto. Porque el 15 de julio se producía la tentativa golpista del Ejército. “Ese día hablé con mis amigos y mis abogados, me dijeron que lo mejor era no volver a Turquía”, resume a EL ESPAÑOL Dündar, sentado al otro lado de la mesa que le sirve de escritorio en el apartamento berlinés en el que vive desde hace ya nueve meses.

En Alemania, más que un exiliado, se considera un periodista que trabaja en el extranjero. Gracias a la invitación de las secciones alemanas de la asociación internacional Poetas Ensayistas y Novelistas (PEN) y de RSF, Dündar se ha instalado en la capital germana. Escribe para el semanario alemán Die Zeit y mantiene varios proyectos paralelos. Entre ellos figura la publicación en turco Ozguruz, “somos libres”. Dündar no se cansa de escribir, especialmente si es para denunciar los desmanes de Erdogan, a quien describe como “un sultán” que quiere transformar Turquía en una “dictadura”.

A usted lo condenaron por poner en una situación muy comprometedora al Ejecutivo de Turquía.

Sí, fue por las revelaciones de los camiones con los que Turquía estaba traficando armas con Siria. Después de aquello, mis compañeros y yo fuimos a prisión. A mí y a Erdem Gül, el jefe de la redacción, nos sentenciaron a cinco años y diez meses de cárcel.

Antes de la publicación de esa noticia, ¿pensó en que podría acarrear las consecuencias que trajo después?

No, de verdad. Cuando tienes una noticia, las pruebas y si has hecho las comprobaciones necesarias, los periodistas no tenemos que pensar mucho. Por supuesto, en la redacción discutimos sobre el tema. Pero aquel debate fue de dos horas, no más, para después decidir publicarlo. No debería de ser un problema tener que publicar informaciones. Si tienes miedo te lo piensas, pero nosotros éramos lo suficientemente valientes para contar la historia. Las autoridades, por cierto, no la desmintieron. Porque era verdad.

Sin embargo, la información dejaba muy mal al Gobierno turco.

Sí, porque estaba traficando con armas. No sabemos dónde fueron a parar las armas. Pero es un crimen enviar armas a un país sin que se supiera en el Parlamento. Es un crimen a nivel nacional e internacional. Erdogan lo sabía y por eso su reacción fue tan dura.

¿Qué piensa usted cuando escucha las noticias que llegan de su país sobre las libertades fundamentales, especialmente la de información? Se cuentan 150 periodistas presos y se han cerrado decenas de medios de comunicación.

Es muy triste. Todos los dictadores odian la prensa libre. A Erdogan no le gusta para nada la crítica. No puede tolerar la crítica contra él. Que haya tantos periodistas encerrados es la consecuencia de eso. Entre los 150 periodistas en cárceles se encuentran mis amigos del periódico. Los tienen allí sin que hayan visto a un juez, llevan ya 200 días así. Todo esto es el resultado de la intolerancia de Erdogan.

Para Erdogan toda crítica es una tentativa de acto terrorista

Entre esos periodistas se encuentra el germano-turco Deniz Yücel, que trabajaba para el diario alemán Die Welt. También a él se le acusa de “terrorismo”. ¿Qué piensa usted sobre esta situación?

No sólo periodistas están siendo acusados de crímenes de terrorismo. También muchos jueces, académicos, funcionarios y líderes de partidos políticos. Se podría decir que la mitad del país está siendo considerada ahora mismo como terrorista. Esto nos convierte en el país con más población terrorista del mundo [risas]. El problema está en la definición del concepto terrorismo. Supongo que para Erdogan toda crítica es una tentativa de un acto terrorista. El problema no está en la gente de Turquía, sino en la mente de Erdogan.

Usted ha dicho que Turquía se está transformando en una “dictadura islamista”. ¿A qué se refiere?

No es sólo que las leyes estén cambiando, también la vida en Turquía se está transformando hoy en día en una vida más islámica. Esto se ve muy bien en el sistema educativo o en el día a día, en cosas como beber alcohol o la separación entre hombres y mujeres en transportes públicos. Este tipo de cosas son, creo yo, peligrosas. Erdogan está empujando la sociedad para hacerla más conservadora en un sentido islámico. Turquía es todavía un Estado secular y debería seguir así. La cuestión en Turquía no sólo es algo que concierna la libertad de prensa, sino también el estilo de vida de una sociedad secular, de una democracia secular.

Pienso que él fabricó el resultado del referéndum. Pero al menos en esta votación quedó claro que la mitad del país votó por el 'no'

¿Cómo evalúa usted el resultado del referéndum presidencialista celebrado el pasado mes de abril? El resultado fue muy ajustado. El 'sí' se impuso con algo más del 51%.

La campaña del 'no' ganó, pero Erdogan hizo todo para ganarlo. Pienso que él fabricó el resultado del referéndum. Pero al menos en esta votación quedó claro que la mitad del país votó por el 'no'. Ese mensaje se le hizo llegar a Erdogan. Para mí, eso ya es un resultado victorioso. Imagínese las circunstancias en las que se hizo campaña. Era algo muy arriesgado decir 'no' en la campaña, porque ésta tuvo lugar en medio de un estado de emergencia, con líderes políticos de la oposición en la cárcel y muchos periodistas en la cárcel. De hecho, la prensa trabajó bajo la estrecha vigilancia de Erdogan. Y, aún así, la mitad del país dijo 'no'.

Pero fuera de Turquía, en Europa, hubo una clara mayoría de votantes que eligió votar por el 'sí' y dar su apoyo a Erdogan.

No me sorprendió que la gente aquí apoyara a Erdogan. En Alemania por ejemplo, no es cierto que algo más del 60% de los turcos en Alemania votará por Erdogan. Porque la participación fue del 50%. Mucha gente, como yo, no pudo ir a votar. Se votaba en la Embajada de Turquía, y no es fácil ir a votar a una representación turca en el extranjero siendo un opositor del Gobierno. No puedes votar por correo. Tienes que ir y, eventualmente, a mi me podían detener allí. Por eso, es importante saber que la mayoría no votó por Erdogan incluso fuera de Turquía.

También hay que entender la psicología de la diáspora. Aquí, en Alemania, los turcos apoyan más a Erdogan porque se sienten presionados por las autoridades, y también se sienten aislados. Erdogan les ha dado a esta gente esa sensación de confianza. Por eso, a mucha de la gente aquí en Alemania le gusta Erdogan. Es un problema de integración, de vida en común.

Puede que en un futuro no muy lejano tengamos una situación en la que nadie más se atreva a resistir a Erdogan

¿Cómo vive usted el estar fuera de su país por la posibilidad de ser detenido? Incluso en Berlín los hay que apoyan vehementemente a Erdogan.

Ya conozco la cárcel. Berlín no es el lugar más seguro del mundo. Hay muchos turcos radicales. Pero también hay muchos opositores y disidentes. Nuestra lucha no es contra la gente aquí en Turquía, sino contra el dictador y en defensa de la democracia en Turquía.

Llama usted a Erdogan dictador. ¿Se ha convertido Turquía en una dictadura?

Todavía no. Hay mucha gente sufriendo al presidente, pero todavía se puede luchar. Pero puede que en un futuro no muy lejano tengamos una situación en la que nadie más se atreva a resistir a Erdogan. Depende de nosotros el que eso no ocurra. Si somos valientes y desafiamos las agresiones contra la democracia podemos cambiar las cosas.

Erdogan nunca fue un demócrata. La estrategia de Erdogan era jugar con los europeos

¿Cómo valora usted el comportamiento de los países europeos respecto a Erdogan?

Me parece raro que le apoyen.

¿A qué achaca ese apoyo? ¿Es por el acuerdo sobre refugiados?

Así es, es por el acuerdo en materia de refugiados. Europa no quiere otro flujo de refugiados llegando a su suelo. Por eso pagaron tanto dinero a Erdogan con el acuerdo sobre refugiados. Es una actitud vergonzosa, porque deberían apoyar la lucha de la gente que está defendiendo los valores occidentales en Turquía, como la democracia o los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, el secularismo y otras libertades fundamentales. Desafortunadamente los europeos tienen tanto miedo a que haya otra oleada de refugiados llegando a Europa que prefieren sacrificar sus ideales.

En vista de la existencia de líderes como Vladimir Putin en Rusia y Donald Trump en Estados Unidos, ¿Está el presidente turco en una buena posición internacional para mantenerse en el poder ahora que parece haberse puesto de moda la figura del líder autoritario?

En cierto modo sí. Pero, por otro lado, hay que concienciar a la gente de que ellos son una señal de alarma para el mundo. De hecho, yo no creo que Trump pudiera volver a ser elegido presidente en otras elecciones presidenciales en Estados Unidos. Soy optimista, y yo veo ahora que hay una mayor solidaridad en todo el mundo entre la gente que comparte las mismas ideas. La prensa en Estados Unidos está resistiendo y también las voces de la oposición en Rusia. Ahora se está formando una familia de opositores a la otra familia que componen Erdogan, Putin y Trump.

Erdogan, cuando llegó al poder en 2003, no parecía en modo alguno aspirar a ser un líder autocrático.

Erdogan nunca fue un demócrata. La estrategia de Erdogan era jugar con los europeos porque quería librarse de la influencia del Ejército en la política turca. Necesitaba entonces el apoyo de Europa, y por eso se hizo el demócrata. Aquello le funcionó, porque logró hacerse con el apoyo de los europeos. Después se hizo en Turquía con el apoyo del influyente religioso Fethullah Güllen, se sirvió de él y ahora va camino de convertirse en un dictador. En el poder, Erdogan se ha transformado en un sultán.