Macron, durante un mitin este jueves en Albi

Macron, durante un mitin este jueves en Albi Reuters

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Macron cambia su tono triunfalista para sortear los últimos obstáculos

El indiscutible favorito ha rectificado su actitud y llega a la segunda vuelta con 24 puntos de ventaja. 

París

"Voilà, voilà... Queridos compatriotas, hoy domingo 23 de abril, el pueblo de Francia se ha expresado (…) Ha decidido colocarme a la cabeza de la primera vuelta de este escrutinio (…) Mido el honor y la insigne responsabilidad que me corresponde”. Tras conocer los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Emmanuel Macron subía al escenario de la mano de su mujer, Brigitte Macron, las ovaciones de sus seguidores resonaban en la sala, el aspirante a ocupar el sillón presidencial lanzaba un guiño a las cámaras antes de pronunciar su discurso. Una alocución propia de quien ya ha consumado su victoria, definitiva, categórica.

La noche acababa bañada en champán en la célebre brasserie parisina La Rotonde, el mismo lugar donde François Hollande festejó su victoria el 16 de octubre de 2011. Sin embargo, por aquel entonces, el líder del Partido Socialista no se había calificado para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ni se vería cara a cara con un candidato de extrema derecha, sino que había ganado las primarias socialistas, erigiéndose como el candidato de la formación a la presidencia.

El líder de En Marche! cometió así varios descuidos que se saldaron con una ráfaga de críticas. Emmanuel Macron “hizo prueba de una imprudencia culpable: pronunciar un discurso de victoria prematuro, poner en escena a su mujer Brigitte y celebrar el affaire en La Rotonde, fiesta que recuerda a los espíritus burlones de la noche en Fouquet’s –prestigiosa brasserie situada en los Campos Elíseos- de Nicolas Sarkozy en 2007”, juzgaba el diario Le Monde en su editorial del lunes 24 de abril.

El periódico francés no era el único en hacerse eco de estos deslices que inauguraban una campaña complicada para el exministro de Economía de cara a la segunda vuelta de los comicios. “Work, Mr. Macron, Work” (Trabaje, Sr. Macron, Ttabaje), titulaba The New York Times: “¿Puede un diplomado en las escuelas de la élite francesa, banquero de inversión por un tiempo, ex ministro de Economía del impopular presidente socialista, prevalecer en un momento marcado por el disgusto de los franceses con los políticos habituales? Hago esta pregunta porque el mayor peligro para Emmanuel Macron, un rostro fresco de la política francesa y, al mismo tiempo, un producto familiar del sistema, es la suposición de que su victoria en la primera vuelta electoral es el sinónimo de un triunfo inevitable en la segunda. Pero no lo es. Macron, un neófito político, tiene trabajo que hacer”, valoraba el prestigioso periódico haciéndose eco, sin duda, de la “imprudencia” con la que el aspirante al Palacio del Elíseo metía el pie en la segunda vuelta de estas inéditas elecciones.

Incapaz de admitir su desliz, Emmanuel Macron se defendía la misma noche de aquel domingo: “Si no habéis entendido que para mi ha sido un placer invitar a mis secretarios, agentes de seguridad, políticos, escritores, a los hombres y mujeres que me han acompañado desde el primer día, es que no habéis entendido nada en la vida”, declaraba ante los medios de comunicación al abandonar la polémica celebración.

Así, Macron se desmarcaba de la inquietud, el desvelo y la gravedad que marcaron la intervención de Jacques Chirac en 2002 tras conocer los resultados de la primera vuelta de los comicios presidenciales, un escrutinio con un resultado considerado dramático por aquel entonces: la extrema derecha, liderada por Jean-Marie Le Pen, se calificaba para la segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

La 'alerta' de Chirac en 2002 

“Lo que hoy está en juego es nuestra cohesión nacional, los valores mismos de la República (…) lo que está en juego es la idea misma que nos hacemos del hombre, de sus derechos, de su dignidad (…) la idea de Francia, de su papel y de su lugar en Europa y en el mundo (…)”, así comenzaba Chirac su discurso, sin rastro de una mínima sonrisa, ni guiños, ni aires de victoria.

Durante las últimas semanas, Emmanuel Macron ha sido comparado, por sus evidentes diferencias, con Jacques Chirac. Esta comparación, acompañada de múltiples críticas y heterogéneas señales de alarma, parece haber calado en el imaginario del candidato.

Carteles de los dos candidatos en Saint-Josse, al norte de Francia

Carteles de los dos candidatos en Saint-Josse, al norte de Francia Benoit Tessier Reuters

Nueva estrategia menos triunfalista

Tras la sucesión de deslices, propios quizás de quien no deja de ser un benjamín en el terreno político –nunca, hasta ahora, se ha presentado a una elección-, el líder de En Marche! ha apostado por una estrategia más humilde, menos “triunfalista”.

Parece que Emmanuel Macron ha terminado por entender que buena parte de sus electores en la primera vuelta de los comicios no le votaron por adhesión, ni por convicción: la “papeleta Macron” se convirtió en el “voto útil” ante la vaticinada victoria de Marine Le Pen y el descalabro de los partidos tradicionales.

Así las cosas, Macron ha corregido su discurso, construyendo su estrategia en torno a un eje vertebrador vital: la catástrofe que supondría la victoria de la candidata de extrema derecha. La misma noche de la primera vuelta, al darse a conocer los resultados de las urnas, Benoît Hamon, candidato del Partido Socialista (PS), y François Fillon, Los Republicanos (LR), se apresuraban a pedir el voto por el líder de En Marche!, todo para evitar el ascenso del Frente Nacional. Poco a poco, casi la totalidad del panorama político francés tomaba partido por el candidato centrista, empujado, una vez más, por la misma inquietud y preocupación: el hipotético triunfo de Marine Le Pen.

Últimas encuestas

De esta forma, Emmanuel Macron se ha erigido como el “salvavidas” de Francia frente a la amenaza de la extrema derecha. Una estrategia que parece funcionar: según el último sondeo realizado por Elabe para BFMTV y L’Express, Emmanuel Macron se haría con el 62% de los votos en la segunda vuelta de los comicios, que tendrán lugar este domingo 7 de mayo, frente a un 38% que votaría por Marine Le Pen.

El candidato centrista ha conseguido, incluso, convencer a una buena parte del electorado de Jean-Luc Mélenchon, el más reticente a apoyar el programa económico liberal de Macron. Según la misma encuesta, un 54% de los votantes de Francia Insumisa apoyará a Macron este domingo, frente a un 14% que se unirá a las filas del FN.

Sin duda, más allá de esta estrategia, el cara a cara entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen, emitido el pasado miércoles, también ha marcado un punto de inflexión en la campaña de la segunda vuelta de los comicios. Según una encuesta realizada por BFMTV, un 63% de los espectadores consideró que Macron fue más convincente que su contrincante frontista, que convenció a un 34%.

Durante este histórico debate, Marine Le Pen apostó por una maniobra de acoso y derribo contra Macron, olvidando hablar de su propio programa y de sus propuestas. El líder de En Marcha! consiguió frenar la avalancha de reproches de su contrincante –especialmente sobre su pasado en el seno del Ejecutivo de Hollande y de su paso por la banca Rothschild-, a golpe de programa y de pequeñas lecciones, valiéndose de las mentiras y contradicciones de Marine Le Pen.

Así, Macron parece haber superado la recta final de la campaña, una prueba de fuego que comenzó a trompicones y que parece terminar en la buena dirección. Queda por saber si Emmanuel Macron logrará convencer a los abstencionistas, un caballo de batalla nada desdeñable. Lo demostraba la manifestación del 1 de mayo en París, el día del trabajador se convirtió en una movilización contra el Frente Nacional, pero también contra la globalidad de estos comicios marcados por la derrota de los partidos tradicionales y los affaires de corrupción que se han cernido en torno a dos de los candidatos a la presidencia, Marine Le Pen y François Fillon. Suceda lo que suceda este domingo, las manifestaciones y protestas están garantizadas bajo el grito: “Ni facha, ni banquero”.