Mujer pensativa.

Mujer pensativa. Unsplash

Salud y Bienestar

El síndrome de la impostora: cuando el talento y las capacidades conviven con el miedo a ser "descubierta"

Este fenómeno surge de una compleja interacción de factores personales, relacionales y contextuales.

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A pesar de contar con una trayectoria sólida, reconocimientos y logros incontestables, muchas personas caminan por su vida laboral con un temor latente: la idea de que en cualquier momento la gente se dará cuenta de que no son tan competentes como parecen.

Esta vivencia, conocida popularmente como el síndrome del impostor, no es un diagnóstico clínico, sino "una experiencia psicológica en la que, a pesar de contar con capacidades, experiencia o logros objetivos, la persona siente que no merece el lugar que ocupa". Así lo explica Inés Goñi, psicóloga de Quirónprevención.

En sus palabras, más que una falta de confianza puntual que se evapora con el tiempo, nos encontramos ante "una forma de relacionarnos con nosotros mismos en la que cuesta integrar los propios logros y reconocerlos como algo merecido".

En el día a día, se traduce en una autoexigencia constante, la tendencia a atribuir los éxitos a la suerte o a factores externos y la incesante sensación de que siempre hay que demostrar un poco más para sentirse suficiente.

Un mito de género

Durante años se ha mantenido la creencia de que se trata de una problemática casi exclusivamente femenina. Sin embargo, la perspectiva psicológica actual matiza esta idea.

Esta vinculación histórica se debe, según Goñi, a que "el concepto se describió inicialmente a partir de investigaciones realizadas con mujeres, lo que probablemente contribuyó a que durante años se asociara especialmente a ellas".

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Hoy en día se sabe que es una experiencia transversal. Si bien es cierto que "la evidencia más reciente indica que, en promedio, las mujeres tienden a presentar puntuaciones ligeramente más altas en las medidas de esta condición que los hombres, esta diferencia es pequeña".

Más que un fenómeno ligado al género, es el resultado de múltiples variables ligadas a la historia de cada persona.

"Cuando alguien siente que debe rendir al máximo en diferentes ámbitos (como el profesional, el familiar o el personal), puede resultar más difícil reconocer sus propios logros como suficientes y sentir que siempre tiene que demostrar un poco más", señala la experta en referencia a las expectativas sociales.

El sesgo

Aunque este fenómeno puede surgir en cualquier ámbito, las investigaciones señalan con frecuencia a sectores expuestos a altos niveles de responsabilidad, autoexigencia y evaluación continua, como los entornos sanitario, académico o científico. Aun así, la clave no es la profesión, sino el clima de presión por el rendimiento y el miedo a equivocarse.

En esta ecuación, plataformas digitales como las redes sociales actúan a menudo como amplificadores, aunque la experta aclara que no constituyen la causa directa del problema.

"Lo que hacen es aumentar las oportunidades de medirnos con los demás, muchas veces a partir de versiones muy seleccionadas de sus vidas y de sus logros. Cuando ya existe una tendencia a cuestionar el propio valor, esa comparación constante puede reforzar la dificultad para reconocer las propias capacidades", señala la profesional.

Salud mental.

Salud mental. Unsplash

Impacto en el bienestar

Sostener esta desconfianza sobre las propias capacidades de forma prolongada pasa factura a la salud mental.

También afecta a la toma de decisiones al llevar a la persona a evitar nuevos retos profesionales por miedo a no estar a la altura o, en el extremo opuesto, a caer en una sobreexigencia continua que deriva en agotamiento emocional.

Por ello, la solución no pasa por erradicar estas dudas de forma definitiva, sino por modificar la manera en que nos vinculamos con ellas.

"A medida que la persona comprende mejor cómo se ha construido esta experiencia y desarrolla una forma más flexible y amable de relacionarse consigo misma, es posible que estas dudas pierdan intensidad", sostiene la psicóloga, recordando que ante cambios o nuevos desafíos es normal que se reaviven.

Para quienes se enfrentan a esta situación, Goñi ofrece una pauta fundamental para ganar perspectiva: "Lo primero sería recordar que sentir estas dudas no significa que reflejen la realidad. El hecho de pensar 'no soy suficiente' o 'no merezco estar aquí' no convierte esos pensamientos en hechos".

Aprender a reconocer de manera equilibrada la contribución de nuestras habilidades y del esfuerzo acumulado es el primer paso para desmantelar al "impostor" interior.

En los casos en que el malestar condicione la toma de decisiones o la calidad de vida, la intervención y el apoyo psicológico profesional se configuran como la vía principal para reconstruir una relación saludable con los propios logros.